Lo mejor para mi // Por: Eidan&Sille (Original de Clom)

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Mensaje por HaziTha el Miér Mayo 27, 2015 4:56 pm

Capítulo 26: ¿Qué mas hay en la clase de Peaches? Ehh, ¿Qué?
 
Lena pasó por la puerta de Katya en un suspiro, y tenía a su hija entre sus brazos antes de saber qué estaba pasando. Tenía sangre saliendo a raudales por el lado de la cabeza y estaba llorando. Lena la apretó con fuerza y la sostuvo, meciéndose hacia delante y atrás y murmurando frases gentiles mientras intentaba calmar a su hija. Lentamente sus ojos captaron la escena de la habitación, el armario abierto y una silla de la cocina enfrente. Dicha silla caída de lado en el suelo y la mesita de noche ladeada. Lena se separó para mirar con cuidado la sien de su hija. Aún dejaba escapar copiosas cantidades de sangre y la vista hizo que a Lena se le revolviera el estómago. Katya se quejaba en sus brazos y Lena no estaba segura de qué hacer, parecía bastante doloroso.
 
Sintió que Yulia se arrodillaba junto a ella y la observó apretar con cuidado una toalla enrollada contra la frente de Katya. Tuvo como resultado un quejido más alto de la pequeña, pero no se agitó demasiado. Lena sintió que la mano de Yulia agarraba suavemente la suya y la llevaba a la toalla. Se dio cuenta de que la morena quería que la mantuviera ahí.
 
“Deberíamos llevarla al hospital.” La voz de Yulia era firme, pero Lena sabía que no estaba tranquila. Su propia voz se había esfumando, desaparecida por el pánico y la preocupación. Debió de irradiar de ella porqueYulia tocó su mejilla con gentileza un segundo y susurró. “No pasa nada. Los cortes en el cuero cabelludo siempre sangran mucho, no es para tanto, pero deberían echarle un vistazo.”
 
Lena tragó, con lágrimas acumulándose en sus ojos, y asintió. Levantó a Katya, que de todas formas no pesaba mucho, y aún manteniendo la toalla sobre su cabeza se dirigió a la puerta principal.
 
No sabía si lo hubiera conseguido sin Yulia. O tal vez era la siempre tranquilizadora presencia de la chica lo que hizo que Lena la dejara hacerse cargo. Había cogido las llaves de Lena y las había llevado a la puerta. Katya dejó escapar otro gimoteo y toda la atención de Lena voló a la pequeña en sus brazos; su bebé. La meció adelante y atrás, presionando besos contra la sien no herida y susurrando su amor a la pequeña. “Está bien, mami está aquí, ya no pasa nada. Vamos a curarte del todo, ¿vale? Mami está aquí, y te quiere.” Repitió la letanía una y otra vez.
 
Lena no tenía ni idea de cómo llegaron al departamento de urgencias, o cómo entraron. Recordó vagamente a Yulia apremiándola para dar detalles en la ventana y contestarlos. Por suerte para ellas era una noche tranquila, y siendo Katya una niña, la vieron con bastante rapidez. Las sentaron en una sala de espera del área infantil, con Lena aún sosteniendo a Katya con fuerza. La pequeña parecía haberse calmado, aunque tenía el mismo aspecto como si fuera a vomitar en cualquiera que sugiriese apartarla de su mami. No es que Lena fuera a dejarles. El dolor y la impresión le habían dejado claramente sin palabras y, por una vez, sus preciosas manitas estaban quietas. Alzó la vista hacia Lena con esos penetrantes ojos verdes que complementaban perfectamente los suyos, y los de su abuela, y el residuo de lágrimas casi volvió a mandar a Lena sobre el límite. Sintió la mano de Yulia en su brazo y alzó la vista hacia ella. La tentativa sonrisa en el rostro de la morena hizo que Lena se sintiera un poco menos tensa.
 
“Oh, he traído a alguien conmigo, dijo que se iba a molestar si no venía.” Yulia se giró hacia el asiento junto a ella y Lena alzó una ceja. La guitarrista volvió a darse la vuelta con un elefante gris desaliñado en sus manos. Katya se movió un poco y alargó una mano, agarrando a Mr. Ruffles y llevándole a su pecho. Abrazándole se acurrucó más contra su madre y se metió el pulgar en la boca.
 
“Gracias.” Susurró Lena, sus primeras palabras que no fueran a la mujer en la ventana de recepción en lo que pareció horas.
 
“Le cogí mientras salíamos, pensé que podría ser de ayuda.” Yulia volvió a colocarse en su asiento.
 
“Mr. Ruffles siempre es de ayuda.” Confió Lena. “Tenía que ser mi elefante favorito.”
 
Yulia rió. “¿Estás segura de que no te has dado TÚ en la cabeza?” Preguntó de broma.
 
“Me siento como si lo hubiera hecho.” Admitió Lena temblorosamente.
 
“Todo irá bien, ¿sabes?” Tranquilizó la morena. “Está bien.”
 
“Lo sé” contestó Lena en un susurro. “Pero es mi bebé y...”
 
“Lo sé. Lo sé...” El doctor que se aproximaba cortó a Yulia.
 
“Señora...”
 
“Katina” Interrumpió Lena. De alguna manera eso le parecía importante, incluso ahora. “Señorita.”
 
“Lo siento, señorita Katina... Si puede venir por aquí.”
 
Fue muy profesional y rápido. El doctor resultó ser fantástico con Katya, y entre él y Mr. Ruffles hicieron que se le pasara bastante pronto. Tuvieron que quedarse esperando las inevitables horas necesarias para un escáner craneal, sólo una precaución, tranquilizaron a Lena; pero no pasó mucho tiempo antes de que Katya estuviera hecha un ovillo dormida en su regazo. Sana y salva, con seis pequeños puntos en la cabeza, una encantadora venda y una pegatina por ser una chica tan valiente. Y lo fue, muy, muy valiente. Lena era a la que apenas le quedaban uñas, incluso ahora que estaba certificado que Katya estaba bien. La única razón por la que no temblaba era porque abrazaba a Katya con tanta fuerza.
 
Bajando la vista al pequeño ángel en su regazo mientras Yulia las llevaba en coche a casa, pilló a Mr. Ruffles devolviéndole la mirada desde los brazos de Katya. Estaba muy apretado, pero por un minuto Lena estuvo segura de que parecía tan preocupado como ella. Oh, Dios, de verdad se estaba volviendo loca, estaba sintiendo empatía con un elefante de peluche. Levantó la mirada a la carretera, y luego a Yulia, que apartó momentáneamente los ojos del camino para capturar la mirada y sonreír con suavidad.
 
“¿Todo bien por ahí?”
 
“Sí, se ha dormido.” Lena puntuó la frase con un delicado beso en la cabeza de su hija.
 
“En realidad lo decía por ti.”
 
“Eh... Mejor vamos a dejar eso hasta que no esté hecha de gelatina.”
 
“Vale. Probablemente es una buena idea. Especialmente si eres gelatina de lima, porque entonces voy a estar siguiéndote por ahí con una cuchara.” Yulia sonrió.
 
“Me lo apunto” Rió Lena. “De todas formas sería más bien de frambuesa.”
 
“Dos cucharas.” Asintió Yulia vehementemente.
 
Lena sólo rió.
 
Lena metió a Katya en la cama sin que la pequeña siquiera se despertara. Besándola con cuidado en la cabeza observó la forma durmiente que se acurrucó, sin soltar nunca su precioso elefante.
 
“Vas a tener que dejarle en un punto, Lena,” Susurró Yulia desde la puerta. “Está bien de verdad.”
 
“Lo sé,” replicó Lena en voz baja. “Lo sé...” Otro beso y salió de puntillas de la habitación.
 
En el salón encontró dos tazas de café humeando con lentitud e la mesa. Yulia estaba apoyada contra el sofá con las manos en los bolsillos.
 
“Aunque tal vez quieras cambiarte primero, antes del café.” La morena apuntó la camisa de Lena.
 
Lena bajó la vista; la sangre de Katya estaba por casi toda su camisa. Estaba arruinada. Eso no la molestó demasiado, pero la vista de la sangre hizo que se pusiera a temblar. Sus rodillas se debilitaron y se tambaleó. Y entonces Yulia estaba ahí para sostenerla en pie, justo como en cada momento que lo había necesitado en las últimas semanas. Temblando con todo lo que había en ella, y mantenida en pie por los brazos de Yulia enrollados con soltura en su cintura, Lena se llevó las manos al cuello y deshizo hábilmente los botones de su camisa. Se la quitó y la tiró a través de la habitación.
 
De pie en los brazos de Yulia y en sujetador siguió temblando. Sabía que la morena estaba dividida entre querer sostenerla y el hecho de que Lena perecía estar desvistiéndose en sus brazos.
 
“Len-...”
 
Las palabras de Yulia fueron cortadas cuando Lena enterró ambas manos en sus mechones y cubrió la boca de la morena con la suya en un beso ardiente que no tenía nada que ver con la inocencia.
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Re: Lo mejor para mi // Por: Eidan&Sille (Original de Clom)

Mensaje por HaziTha el Miér Mayo 27, 2015 4:58 pm

Capítulo 27: A punto de ser tus ojos
 
Los dedos de Lena se flexionaron por reflejo en los mechones de Yulia mientras pasaba la lengua frenéticamente por los labios de la otra chica, pidiendo entrada. La guitarrista gimió, abriendo la boca al ataque y deslizando las manos a la cintura de Lena, donde la piel era suave. Lena jadeó, intensificando el beso y apretando su cuerpo contra el de Yulia. Inclinando la cabeza llevó a la morena contra sí, frotando su cuerpo contra la esbelta figura junto a ella y bajando la mano hasta la baja espalda de Yulia. Sus cuerpos se movieron contra el otro, el calor se incrementaba con rapidez y amenazaba con explotar dentro de Lena como una bomba de hidrógeno. No podía tener suficiente de la otra chica, pasando las manos por cada trozo de piel que podía encontrar devorando su boca con besos que nunca antes había experimentado. Yulia respondía movimiento por movimiento, volviendo loca a Lena y llevándola a un lugar en el que nunca había estado. No había deseado tanto a alguien en su vida. Desesperada por algo más dejó caer las manos al cierre de los vaqueros de la morena e intentó deshacerlo. Para su sorpresa, las manos de Yulia aferraron las suyas y la apartaron, separándose al mismo tiempo del beso.
 
Y así se quedaron de pie, Lena en sujetador, con las manos en las de Yulia, y Yulia a un paso de distancia, jadeante y sonrojada. El corazón de Lena latía a mil kilómetros por minuto y a pesar de que la habían besado con fiereza hacía sólo unos segundos tenía la garganta seca y no podía hablar.
 
“Lena...” La voz de Yulia temblaba al mismo ritmo que las entrañas de Lena.
 
“Por favor” Susurró, sin saber de verdad qué era lo que pedía.
 
“No podemos hacer esto, Lena, sería un error.” Yulia dio otro paso atrás, soltando las manos de Lena.
 
Lena se cubrió la cara, sólo para encontrar a Yulia otra vez delante de ella, llevándola a un abrazo.
 
“No, no, no” susurró con urgencia en el pelo de Lena, “No llores, nena, no llores. No es eso. Te deseo, Dios, desde luego que te deseo. Pero estás muy, muy afectada por lo que ha pasado hoy y es así como lo estás soltando.” Volvió a besar a Lena con suavidad. “Sería la peor persona del mundo si me aprovechara de eso.” Lena tembló un poco cuando Yulia le levantó la barbilla y la miró profundamente a los ojos. El azul mar casi se fundía y Lena estaba casi segura de que ella también se estaba empezando a fundir en la intensa mirada. “Lena, esto es importantísimo para mí. No voy a joder esto.”
 
Ahora fue Lena la que dio un paso atrás.
 
“¿¿Qué se supone que significa eso??”
 
Yulia suspiró y volvió a apoyarse contra el respaldo del sofá. Sentada sobre las manos miró a Lena con algo de incertidumbre. “Yo... No soy buena en estas cosas. Ser buena amiga, estar al lado de la gente.”
 
“Bueno, pues podrías haberme engañado” Dijo Lena con incredulidad.
 
“No lo soy. No hasta ahora. Lena, me gusta ser tu amiga. Contigo esto es fácil. He jodido cada relación importante que he tenido con alguien, amigos, amantes, familia. Nunca sé qué decir o hacer pero, de algún modo... Con esto... Contigo, es fácil. Sé lo que decir, sé lo que debo hacer. Es que eres... Increíblemente importante para mí. Sabes que te deseo. Sé que tú me deseas. Pero ambas sabemos que va a liar muchísimo las cosas y no quiero hacerte eso... No quiero hacernos eso... ¿Y puedes, por favor, ponerte algo encima?”
 
Lena bajó la mirada a su cuerpo a medio desnudar y esbozó una sonrisa ladeada.
 
“Vale... Eh... Voy a procesar eso y a ponerme una camisa...” Se dio la vuelta para irse y luego paró. Volviendo a mirar a Yulia inclinó la cabeza a un lado. “No te vayas, ¿de acuerdo? Por favor.”
 
Yulia asintió y volvió a mirar al suelo. Lena salió cinco minutos más tarde con ropa limpia y miró a la morena con cautela.
 
“Nuestro café se está enfriando.” Dijo.
 
Yulia se encogió de hombros y se movió para sentarse en el sofá. Lena la siguió. Bebiendo a sorbos su café, esperó con paciencia en el silencio. De alguna manera supo que tenía que ser la que lo rompiera.
 
“Te deseo de verdad, ¿sabes?” Murmuró suavemente.
 
“Lo sé.”
 
“Y desearía poder hacer algo al respecto.”
 
“Eso también lo sé.”
 
“Y pasara lo que pasara en el pasado, Yulia, no eres mala en esto. Eres una buena amiga. Probablemente la mejor amiga que nunca haya tenido. No sé cómo hubiera pasado las últimas semanas sin ti.”
 
“Nunca te hubiera abandonado intencionadamente.”
 
“Lo sé.” Suspiró Lena. “Por una parte desearía que no nos hubieras parado esta noche, pero sé que era lo correcto. Ojalá las cosas no fueran a ser tan complicadas durante tanto tiempo como van a serlo.”
 
“No me importa ¿sabes?” Dijo Yulia, girándose hacia ella. “No soy exactamente impaciente.”
 
“Yul...”
 
“No, en serio, no estoy esperando con la loca esperanza de que ocurra algo, Lena. Sólo quiero ser tu amiga. Bueno, necesito ser tu amiga... No, espera, quiero SEGUIR siendo tu amiga.”
 
Lena no pudo evitar reír ante la repentina incapacidad de Yulia para formas frases coherentes. Esto era un nuevo lado de la chica.
 
“Yulia, me siento honrada de que seas mi amiga. Y definitivamente no espero que esté esperando a que sea menos... ‘complicada’, lo prometo.” Lena hizo unas comillas en el aire.
 
“Sólo estoy aquí, Lena. Sólo aquí. Sin esperar, simplemente... Aquí.”
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Re: Lo mejor para mi // Por: Eidan&Sille (Original de Clom)

Mensaje por HaziTha el Miér Mayo 27, 2015 5:00 pm

Capítulo 28: ¿Es que nunca habéis oído lo de cerrar la puerta?
 
Lena se sacudió de arriba abajo en el porche delantero y agitó las manos con nerviosismos en los costados. Sintió una mano gentil en el hombro,
 
“Lena, cálmate, ¡nadie va a comerte viva!” Rió con suavidad Vladimir.
 
“Tal vez mi madre lo haga.”
 
“No lo va a hacer, cálmate. Haremos esto juntos, ¿de acuerdo?” Vladimir sonaba muy tranquilo y con pleno control. Bueno, no era a los padres de él a los que se lo iba a contar, eso era la semana siguiente. Por otra parte, no puede ser tan fácil entrar en casa de tus ex-suegros y decir ‘hola, aún nos vamos a divorciar, esta embarazada, ¡nos vemos!’.
 
Lena siguió sin alejar de sí las mariposas. Vladimir le apretó la mano de forma comprensiva una última vez y luego llamó al timbre. La madre de Lena contestó esbozando su bonita sonrisa, y al ver a Vladimir, Lena no pudo evitar notar que la sonrisa se trasladó a los ojos verdes de su madre, de exactamente el mismo tono que los de su hija.
 
“Lena, Vlad, qué bien veros a los dos. Pasad, pasad.” Dejándoles pasar por la puerta lanzó a su hija una sonrisa cómplice y un apretón en el hombro. Lena puso los ojos en blanco ante el paso atrás de su madre. Confía en ella para interpretar demasiado en el hecho de que vinieran juntos. Bueno, en realidad debería haberlo esperado.
 
Caminaron por la casa hasta el porche trasero, donde Katya estaba guarecida en el regazo de su abuelo, con Mr. Ruffles enganchado en sus brazos. Al ver a Vladimir bajó de un salto, se puso a correr emocionada y se lanzó a sus brazos, aceptando sus abrazos con risas.
 
“Hola, campeona” Dijo, y Lena quiso volver a poner los ojos en blanco, porque Katya no podía oírle.
 
Los dedos de Katya volaron, y Vladimir miró a Lena, que tradujo “Ha dicho: Papi, me he hecho daño pero ahora todo va mejor.” Lena miró acusadoramente a Vlad, que sonrió a medias avergonzado. Besó a Katya con cuidado en la venda y la bajó. Llevando a Mr. Ruffles por una sola pata salió corriendo para perseguir al gato de sus abuelos por el jardín.
 
Lena se sentó en la mesa después de besar a su padre en la sien, y cogió un vaso de limonada. Deseó que fuera algo más fuerte, pero incluso si sus padres hubieran tenido algo más fuerte que ofrecer, de todos modos no podía. Tenía gracia, era la primera vez que estaba embarazada que había echado de menos el alcohol. Su madre era la mejor para llevarla a la bebida. Bueno, eso no era justo. Era la propia ansiedad de Lena por la respuesta de su madre.
 
Ahora que Lena pensaba en ello, reclinándose en su silla y observando a su madre mientras se acercaba a Vladimir con gestos demasiado amistosos, a Lena parecía preocuparle muchísimo lo que su madre pensaba, y a la vez se sentía temerosa al respecto. La mirada de Lena se estrechó un poco. ¿Por qué pasaba eso? Era horrible la manera en que se había desintegrado la relación con su madre. La forma en que a veces Lena se preguntaba cómo se duchaba su madre sin gritar “Me desintegro, me desintegro... Oh, qué mundo...”. Y era injusto. Sí, era muy cierto que Inessa había puesto mucha presión ilícita en Lena, pero era Lena la que había hecho caso. Se había casado con un hombre al que no amaba de verdad porque hacía feliz a su madre. Había estudiado cosas que no quería porque hacía feliz a su madre. ‘Basta’ quería decir ‘basta’. Lena quería su madre y sabía, muy en su interior, que Inessa la quería a ella. Sólo que ahora iba a tener que querer a Lena en los términos de Lena. Y de nadie más.
 
“Mamá” Interrumpió a su madre mientras repartía la ensalada de patatas y también captó la atención de su padre. “Puedes sentarte; tenemos que contaros algo.”
 
Inessa se sentó, con una mirada cómplice y feliz en el rostro. Lena decidió abordar eso en primer lugar.
 
“Mamá, no vamos a volver.” Pasaron unos segundos antes de que la verdad cayera sobre el rostro de Inessa, que se deshizo un poco. “Lo siento, sé que lo estabas esperando. Eh... Pero sí que tenemos algunas noticias.” Tomando un profundo aliento, fue a por ello. “Estoy embarazada.”
 
El silencio fue intenso. Finalmente Sergey lo rompió, poniendo la mano sobre la de Lena y levantándose. Se inclinó sobre la mesa, abrazándola y sonriendo.
 
“Enhorabuena, cariño.”
 
Lena no pudo evitar sentirse a la vez templada y sorprendida. Aunque no debería haberla impresionado que su padre fuera la primera persona que respondiera de una manera verdaderamente fabulosa. Después de todo era un hombre fabuloso.
 
“Pero...” Finalmente habló la madre de Lena. Miró a Vladimir, y luego a Lena. Su cabeza jugó un partido de tenis en miniatura entre los dos. “Pero... ¿cómo no vais a volver a estar juntos?”
 
“Esto no cambia las cosas, madre.” Dijo Lena en voz baja, intentando mantener a raya el enfado.
 
“Cambia TODO, Elena. ¿Cómo puede traer un niño a este mundo sin un padre cuando tienes la oportunidad? ¿Cómo puedes ser tan cruel?”
 
“¡Inessa!” Se interpuso Vladimir mientras Lena decía,
 
“¡Este niño tendrá un padre! Vladimir es el padre de este niño. No hay manera de que me vaya a poner entre él y este bebé. Pero traer un niño en un matrimonio sin amor no es una buena idea. Y no algo que fuera a hacerles a ellos, a mí o a Vlad.”
 
“No lo entiendo.” Ahora la madre de Lena lloraba. “Podríais construir una familia. El amor lleva trabajo, Lena, no se huye a la primera señal de peligro.”
 
“Madre” Ahora la voz de Lena tenía una pesada nota de aviso. “Esto es entre Vladimir y yo. Cómo elegimos hacer esto es sólo eso, nuestra elección. Esto, una vez más, no es un tema de discusión, mamá. Sólo quería que supieras qué estaba pasando.”
 
Si Inessa había estado a punto de abrir la boca, la mano de Sergey en su brazo y una mirada de advertencia la detuvieron.
 
“Lena, cariño, entendemos eso por completo.” Su padre siempre sabía qué decir, y la joven pelirroja estaba segura de que una mirada muy acusadora pasó por delante de su madre en ese momento. “Estamos aquí para apoyarte de cualquier manera. A ti también, Vladimir, esto no debe de ser fácil para ninguno de vosotros.”
 
“Gracias, papá,” Él sólo le apretó la mano en respuesta.
 
A pesar de todos sus esfuerzos por lo contrario, Lena y Sergey, con la ocasional ayuda de Vladimir, mantuvieron a Inessa callada durante el resto de la comida. Levantando a Katya de su estera de juego, Lena dejó salir el aliento que había retenido. Ahora lo sabía todo el mundo excepto Katya, y Lena estaba bastante convencida de que se lo tomaría con mucha ilusión. Mr. Ruffles podría echarle una o dos miradas de complicidad, pero la pelirroja sabía que había un sutil entendimiento entre los dos.
 
Vladimir se encontró con ella en la puerta y sonrió con ironía.
 
“No ha ido tan mal, dadas las circunstancias.”
 
“Lo sé. Muchísimas gracias por venir, Vlad.” Lena se sentía genuinamente agradecida, lo había hecho mucho más fácil.
 
“Hey, está bien.” Miró al cielo con calma. “Tomaste la decisión correcta, ¿sabes?” Recibió una inquisidora mirada en respuesta. Caminaron sendero abajo juntos con lentitud. “Rompiendo el matrimonio. Tenías razón, y lo siento.”
 
“Vlad...”
 
“No, de verdad. Siento que no funcionara, pero tenías razón. Y... Y me alegro de que podamos ser amigos.” Era en parte una afirmación, pero también una pregunta.
 
“Yo también” Susurró Lena con suavidad. “Créeme, yo también.” Puso a Katya en su asiento del coche mientras Vladimir mantenía la puerta abierta para ellas. “Tengo el escáner de las 12 semanas la semana que viene. ¿Quieres venir? Harán una cinta si no puedes.”
 
“Me encantaría.” Sonrió. Y ella le devolvió la sonrisa.
 
Lo único que iba a hacer mejor este día era que Yulia iba a ir a cenar. Lena no pudo evitar mantener esa sonrisa durante todo el camino a casa.
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Re: Lo mejor para mi // Por: Eidan&Sille (Original de Clom)

Mensaje por HaziTha el Miér Mayo 27, 2015 5:02 pm

Capítulo 29: Sácame del choque de aviones.
 
“¿Te hace ilusión lo de mañana?” Preguntó Yulia, inclinándose a través de la mesa para limpiar algo de salsa de spaghetti de la barbilla de Katya. Lena sonrió ante el gesto.
 
“Yo no me molestaría si fuera tú, estará cubierta dentro de poco.” Lena enrolló su propia pasta en su tenedor y giró la cabeza a un lado en un gesto que era tan suyo. “Estoy emocionada, es decir, puedo ver al bebé por primera vez. Pero no se ve demasiado, y...”
 
“Y...” Animó Yulia.
 
“Y sé que voy a tener una discusión con mi médico de obstetricia, lo que va a ser poco divertido.”
 
“¿Por qué?” El ceño de Yulia se arrugó al no entender.
 
“Porque va a querer hacer más pruebas.” Lena dio un mordisco a sus spaghettis, atrapado una albóndiga por el camino.
 
“¿Es eso malo? ¿No hacen más pruebas que sea más seguro?”
 
“Nop. Querrá hacer una amniocentesis, para ver si hay algo mal.”
 
“Mmm... No sé lo que es.” Yulia se mordió la mejilla de forma pensativa. “¿Pero no quieres saber si algo va mal?”
 
“Es algo donde te pinchan. Y no. ¿Qué voy a hacer? No va a cambiar nada, aún tendré y querré al bebé. Y la amnio puede causar un aborto, no quiero dar la oportunidad de que pase.” Lena se inclinó y llenó de agua el vaso de Katya.
 
“Vale. Supongo. ¿Pero y si el bebé tiene un problema cardíaco, como Katya? ¿No quieres saberlo antes de que nazca, para poder estar preparada?”
 
“Supongo que de todas formas lo estaré esperando a medias, incluso si me iban a decir que todo iba bien. De todos modos no pueden decir todo con una amniocentesis. Todas las pruebas prenatales podrían perfectamente normales y el bebé podría seguir teniendo algo malo. O diferente. Creo que Katya es perfecta, sólo como es. Y este bebé será igual. Perfecto. Para mí. Pase lo que pase.”
 
Yulia sonrió. “Eres preciosa, ¿lo sabes?”
 
Lena se ruborizó y rió avergonzada. “¿A qué a venido eso?” Empezó a limpiar la mesa, muy agitada. Le gustaba el hecho de que la sexy guitarrista pensara que era preciosa, y creaba ese revoloteo tan familiar en su interior.
 
“No, no por fuera, por dentro.” Yulia consideró lo que acababa de decir. “Bueno, también por fuera, pero a lo que me refiero es a tu interior. Es no es muy elocuente, ¿no?”
 
Lena rió. “Está bien, me has llamado preciosa, eso te quita del gancho del tartamudeo.”
 
“Uf” Yulia se levantó y sacó a una chillona Katya de su silla, haciéndola cosquillas en el camino. “Creo que voy a llevarla a una limpieza a fondo” Katya gritó alegremente con la cara llena de salsa. Lena las vio reír pasillo arriba y suspiró con felicidad. Así era como las cosas debían ser. Si simplemente pudiera acabar la noche con Yulia en sus brazos, en su cama, tal vez la vida sería perfecta.
 
Podía hacerlo. En realidad no había nada que la detuviera.
 
Excepto el futuro. El aterrador futuro y la vida ridículamente complicada por la que pasaba en ese momento. No sólo haría que las cosas fueran un millón de veces más complicadas, tampoco sería justo para Yulia. Y Vladimir, probablemente, no reaccionaría demasiado bien. Era verdad que se olía algo, a pesar de que técnicamente no pasaba nada. Oh, vale, una pequeña indiscreción, pero esa no era la razón por la que había dejado a Vlad. Era simplemente algo que había pasado. Y algo que deseaba con desesperación que volviera a pasar. No, no, Yulia tenía razón, estaban mucho mejor sólo como amigas. Muchísimo mejor.
 
Estas eran sus reflexiones mientras Lena llenaba el lavavajillas y limpiaba la mesa. Para cuando hubo acabado, su niña de cuatro años estaba en pijama con aspecto muy satisfecho de sí misma, e incluso Yulia sonreía, aunque un poco mojada.
 
“Me ha tirado el patito de goma” Asintió Yulia con seriedad, y se miró las manos. “No sé como decir eso con señas.”
 
Lena sonrió y lo señaló lentamente para ella. “¿Por qué le has tirado el pato a Yulia?” Dijo en signos a su risueña hija mientras hablaba por Yulia. Hizo un esfuerzo por mantener sus movimientos lentos y obvios para la morena, que los copió.
 
“Porque hizo que me mordiera el estómago” Señaló Katya, mucho más rápido de lo que Yulia podía leer. Lena rió con ojos brillantes y lo tradujo. Mientras Katya recogía a Mr. Ruffles y se dirigía su cuarto Lena alzó una ceja ante Yulia.
 
“Creo que probablemente te merecías algo de pato.”
 
“Ajá.” Asintió Yulia. “Menos mal que sé agacharme.”
 
Lena se golpeó la frente con consternación. “Yulia, eso ha sido un juego de palabras terrible.”
 
“Atroz.” Asintió la morena con alegría. “Tengo muchos más.”
 
“Oh, Dios. Y ahora me avisas.” Golpeó de forma juguetona el brazo de la morena. “Voy a meter a Katya en la cama y vengo. ¿Café?”
 
“Puedes apostar. Yo lo haré.”
 
Lena se sentó con Yulia y suspiró.
 
“¿Estás bien?” Preguntó la morena.
 
“Sí. Me hace bastante ilusión lo de mañana.”
 
“¿Pararás y saludarás? Es mi día en el hospital.”
 
“Por supuesto,” Resopló Lena, “como si fuera a perdérmelo. De hecho he concertado mi cita media hora antes de que acabes. Pensé que podría llevarme a Katya, le gusta mucho. ¿Te va bien?”
 
“¿Estás de broma?” Ahora era el turno de Yulia para resoplar. “Me encanta teneros ahí. Os esperaré.”
 
“Yul, no tienes por qué hacerlo.”
 
“Quiero hacerlo, quiero oí cómo ha ido.”
 
“Lo sé... Quiero contártelo. Pero...” Lena apartó la vista de su amiga. “Va a venir Vlad.”
 
“Aah” Yulia comprendió. Lena se sintió fatal. Yulia había estado todo el tiempo a su lado los últimos cuatro meses. A través de todos los locos altibajos, cada locura que había ocurrido. Era la persona en la que Lena sentía que podía confiar más que nadie, excepto tal vez su padre y Andrei. Desde luego, había sido de mucha más confianza que Vladimir, aunque parecía que estaba recuperando el tiempo perdido. A pesar de ello, Lena quería que Yulia también estuviera ahí. Si era complicado ahora, sí que iba ser duro si de verdad llegaran a estar juntas. Suspirando con resentimiento Lena se mordió el labio. “Lena, no pasa nada.”
 
“No, quiero compartir esto contigo.”
 
“No seas tonta. Esto es algo que tienes que compartir con Vladimir.”
 
“Lo sé, lo sé. Quiero compartirlo con los dos. ¿Es algo tonto?”
 
Yulia rió. “No. Conmovedor, pero no tonto. Mira, estaré por el hospital, ¿vale? De todas formas tengo que buscar algo en la biblioteca, y si Vladimir se va podemos ir a tomar un café o algo. Y entonces puedes ponerme al día, compartirlo todo.”
 
“Siempre tienes las respuestas correctas” Lena sonrió.
 
“Tú lo has dicho.”
 
Y así fue como Lena se encontró en la sala de juegos de la planta de pediatría del Callahan Memorial hablando con Yulia tras su clase. Estaba ayudando a la morena a limpiar y miraba su reloj casi religiosamente. Quedaban quince minutos y Vladimir aún no estaba allí. Había prometido llegar pronto.
 
“Llegará, Lena, deja de preocuparte.” Yulia subió la cremallera de la funda de su guitarra y se la puso al hombro. “¿Dónde vas a encontrarte con él?”
 
“Abajo, en el recibidor.”
 
“Vamos, coge a Katya e iremos a esperarle juntas.”
 
“No tienes por qué hacerlo.” Protestó Lena.
 
“No seas boba. Trabajo aquí, somos amigas. Pues claro que voy a esperar contigo. Vamos, ahora mismo podría estar abajo.”
 
Lena se encogió de hombros y sacó a su hija de la pila de animales de peluche de la esquina. Asegurándose de que Mr. Ruffles no se había quedado atrás, lo que hubiera sido una tragedia sin comparación (y una que había ocurrido una vez), bajaron al recibidor. Ni rastro de Vladimir.
 
Cuando quedaban cinco minutos para la cita, Lena estaba empezando a enfadarse un poco. Volvió a mirar su reloj y gimió. Como respondiendo, el teléfono móvil de su bolso empezó a sonar. Trazando una fina línea con los labios lo abrió y contestó,
 
“¿Diga?”
 
“Lena, soy Vlad.”
 
“¿Dónde estás? Tenemos cinco minutos para estar ahí.” Sonaba frenética y lo sabía.
 
“Lena...” Dejó que el silencio se extendiera entre ellos. Lena sabía lo que iba a decir. “Lo siento, me ha surgido una reunión. No puedo perdérmela. Lo siento mucho.
 
“Vlad, lo prometiste.”
 
“Lo sé, Lena, pero este proyecto es muy, muy importante ahora mismo y no puedo faltar a esta reunión de ninguna manera. Por favor, graba la visita para mí.”
 
“Vale.” Soltó, y le colgó. Sintió que Yulia deslizaba una mano sobre su hombro y la llevaba a un rápido abrazo y un fugaz beso en la sien. Lena suspiró y miró al suelo. Pasando la punta del zapato por el suelo se mordió el labio.
 
“Yul,” dijo por fin.
 
“Me encantaría ir con vosotras, Lena.” Poniéndose de pie, la morena volvió a colgarse la guitarra al hombro y alargó una mano a Katya y la otra a Lena. “Vamos, vosotras dos. Tenemos una cita muy importante.”
 
“¿No hay tiempo para decir hola y adiós?” Lena no pudo evitar reír.
 
“Ajá. Llegamos tarde, llegamos tarde, llegamos tarde.”
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Re: Lo mejor para mi // Por: Eidan&Sille (Original de Clom)

Mensaje por HaziTha el Miér Mayo 27, 2015 5:04 pm

Capítulo 30: Oh, bueno, imagina.
 
Lena se recostó en el sofá con algo de precipitación. A pesar de que era sólo un escáner, no puedo evitar sentirse un poco como si estuviera en el ginecólogo. Un sentimiento que no estaba exactamente calculado para hacerla sentir confortable. Especialmente porque estaba con Yulia y Katya. Su médico obstetricia entró con una sonrisa. Si la doctora prestó atención a Yulia a su lado, con los dedos enlazados con los de Lena, no dijo nada. Katya estaba extrañamente apagada, mirando fijamente al equipo enfrente de ellas como si fuera una nave espacial. Alargó un dedo para tocar con cautela el borde de la máquina de ultrasonidos y luego se apartó, asustada.
 
“Está bien, puedes tocarla” Dijo riendo la doctora María Sávchenko. Era una amigable morena, y Lena siempre se había llevado bien con ella. Había llevado a Katya con una habilidad que Lena había admirado y tenía una gran confianza en la mujer. “¿Empezamos?” Preguntó la Dra. Sávchenko.
 
“Claro...” Dijo Lena. “Esta es Yulia.” Las presentó, sintiéndose incómoda porque no habían dicho nada. Sonrió cuando las dos mujeres se dieron la mano. Katya trepó a la seguridad del regazo de Yulia y se enganchó a Mr. Ruffles. Normalmente no era así de tímida, pero por alguna razón, hoy era su día para guardárselo todo. Sus pequeños ojos verdes se abrieron como platos cuando Lena se levantó el top y la doctora le puso gel en el estómago.
 
Lena rió e hizo señas a Katya, asegurándola que no pasaba nada. Apreció la sutil tensión del brazo de Yulia, manteniendo a su hija segura. Y el sutil apretón de la mano de Yulia en la suya, diciendo a Lena que también estaba bien. Lena no pudo evitar estremecerse ante el frío del gel en el estómago cuando la sonda se apretó contra su ligeramente hinchado abdomen. Se le había notado pronto con Katya y empezaba a notársele ahora, incluso a los tres meses.
 
Cuando el borrón de imágenes apareció en la pantalla, un súbito ruido hizo que la mano de Yulia saltara. Ahora fue el turno de Lena para apretar.
 
“Oh, dios mío” Susurró la morena. “¿Es eso el latido del corazón?”
 
La Dra. Sávchenko sonrió y asintió. “Es el latido del corazón.”
 
Lena escuchó el suave y rápido golpeteo y sintió que los ojos se le humedecían con lágrimas. Apretando los dedos de Yulia, juntas observaron el ultrasonido mientras llevaba al nuevo hijo de Lena enfrente de ellas.
 
Cuando hubo acabado, la doctora las dejó amablemente algo de privacidad y Lena secó tanto gel como le fue posible.
 
“Puaj.” Rió Yulia. “Tiene una pinta asquerosa.”
 
“Sólo está frío” Sonrió Lena.
 
“Ha sido increíble.” La guitarrista parecía un poco intimidada.
 
“Sí, lo es. Todas las veces.” Lena se dio cuenta de que sus dedos seguían unidos. “Gracias” Susurró. “Muchas gracias por estar aquí.”
 
“Ha sido un honor.” Replicó Yulia con solemnidad. “Ha sido... asombroso, Lena. Gracias por dejarme venir.”
 
El cuadro que hacían al volver al coche era uno para el que Lena deseaba parar el tiempo. Yulia y Lena, riendo en la puesta de sol anaranjada y rosada, columpiando a una mareada Katya entre ellas, con Mr. Ruffles metido a salvo bajo el brazo de Lena. Era seguro. Era cálido. Era... perfecto.
 
Lena se entregó por el momento. Sabía iba a ser más difícil cuando tuviera que dejar que Yulia se fuera a casa por la noche, pero este momento que había tenido era tan próximo a lo que quería de verdad que no pudo evitar aislarse en él durante unas pocas horas. Todo el camino a casa para hacer la cena, otra cena de ellas tres. Katya parecía haberse ajustado a la presencia de Yulia sin preguntas ni problemas. La mayoría de las noches la guitarrista cenaba con ellas, y frecuentemente estaba cerca cuando no estaban trabajando. Katya había aceptado a la otra chica con una dulzura que había conmovido a Lena y Yulia. Posiblemente era la primera vez que alguien aparte de Lena le había prestado tanta atención, Vladimir nunca había sido el más activo de los padres.
 
El sólo pensamiento hizo que Lena se enfadara en su interior. Lo enterró. Estaba intentando disfrutar de este lugar, este momento y los pensamientos sobre Vladimir NO se iban a interponer. Durante los últimos meses había tenido tiempo y espacio, y no se había arrepentido ni una vez de haber dejado a Vladimir. Ni siquiera cuando estaba siendo tan dulce y maravilloso como siempre. Incluso entonces Lena sabía que tenía razón, y aún así el hombre conseguía enfurecerla más que nadie imaginable. Sacudió la cabeza con resentimiento ante la idea.
 
“Un penique por lo que piensas” Ofreció Yulia, inclinándose sobre la barra de desayuno para robar un trozo de brownie del plato que Lena estaba destapando. La pelirroja la golpeó la mano de broma.
 
“No creo que valga tanto.”
 
“Oh, venga, parecen profundos y significativos.”
 
“Nop. Superficiales y aburridos.” Cogió un brownie y se inclinó sobre la encimera. La morena se movió para tomar el dulce de chocolate, pero Lena no apartó. “No.”
 
“¿Qué? Quiero brownie.”
 
“Puedes tener brownie... sólo...” Lena desprendió una esquina del dulce y se acercó más. Ambas estaban ahora inclinadas desde cada lado de la encimera y sólo las separaban centímetros. Lena llevó la desmigajada esquina a los labios de Yulia y se la metió con cuidado en la boca. Yulia se adelantó con una gracilidad y rapidez que Lena no esperó y se tragó el pedazo... y la punta del dedo índice de Lena, chupando el chocolate de la punta y haciendo que Lena se inundara súbitamente de necesidad y ansia. La lengua de Yulia se asomó para pasar por la punta del dedo de la pelirroja. Ahora era otras áreas de Lena las que se empezaban a inundar. Lentamente y con seguridad sacó el dedo de la boca de Yulia y la miró profundamente a los ojos. Ambas respiraban con más fuerza de lo que deberían por estar en la cocina.
 
“Eh... Eh... buenos brownies. Definitivamente, me encantan estos brownies” Dijo Yulia con voz ahogada, rompiendo la tensión.
 
“Gracias. Son receta de mi madre” Lena se secó la mano en los vaqueros y bajó la mirada, esperando que la velocidad de su corazón disminuyera antes de que le diera una ataque al corazón. “¿Quieres otro?”
 
“Sí.”
 
Durante un segundo Lena consideró volver a dárselo en la boca. La sensación había sido exquisita, pero no quería acabar haciendo el amor en el suelo de la cocina. Y así era exactamente como iban a acabar si la lengua de Yulia se acercaba a su dedo otra vez. Le alcanzó a Yulia un brownie y estuvo a punto de estremecerse cuando la mano de la chica rozó la suya.
 
El timbre de la puerta rompió la tensión como un martillo y la cabeza de ambas chicas se movieron con rapidez para mirar la puerta.
 
“Son las nueve y media de la noche, ¿quién puede ser?” Yulia miró la puerta confusa.
 
“No tengo ni idea.” Lena se movió hacia ella, observando por la mirilla en medio y suspirando luego. Abrió la puerta. “¿Qué?”
 
La forma alta de Vladimir llenaba la puerta. Yulia le miró y lo tomó como una señal para saltar del taburete alto que había estado ocupando en la barra de desayuno e ir al baño.
 
“¿Puedo pasar?” Preguntó Vladimir, ignorando la presencia de la morena.
 
“¿Por qué?”
 
“¡Lena!”
 
“Vale, de acuerdo.” Le dejó pasar a regañadientes y cerró la puerta. Se cruzó de brazos y se quedó de pie detrás de él, mordiéndose el labio. “¿Qué?”
 
Vladimir sacó las flores que había traído, esperando que aplacaran a Lena. Pero no lo hicieron.
 
“Guárdatelas para tu madre, Vlad, habla y vete a casa.” Estaba claro que no estaba a gusto.
 
“Lena, lo siento. Lo de hoy.”
 
“Vlad, no estoy muy de humor.” Sobre todo porque había estado de un buen humor asombroso hasta que él había aparecido, y ahora se había esfumado. “Lo sientes, bien. Sólo recordaré no depender de ti la próxima vez.” Dejándole con la boca abierta, Lena fue hacia la mesa y cogió la copia del ultrasonido del bebé. Se lo tiró a las manos y se metió las suyas en los bolsillos. “Toma, el vídeo de hoy.”
 
“Gracias. Lo veré.”
 
“Bien por ti.”
 
“Lena, vamos, por favor.”
 
“Lo siento, Vladimir, dices que vas a estar ahí, serás parte de esto, pero sigues escabulléndote. Mira esta noche, ni siquiera podía llamar. O aparecer cuando Katya estuviera despierta...”
 
“El trabajo...” Interrumpió él, pero Lena le cortó.
 
“¡El trabajo! Contigo siempre es el TRABAJO, Vlad. El trabajo no es la vida. La vida es más que eso. Mira, no me importa, Vlad. Haz lo que quieras. Pero no hagas promesas que no puedas mantener, porque me estoy cansando un poco de ello.”
 
“¿Qué, Lena, como nuestro matrimonio? ¿La promesa que tú no mantuviste? ¿Y qué hay del amor y el cariño? ¿Esa promesa que no cumpliste? Estoy harto de que seas tan soberbia y grande todo el tiempo. No eres perfecta. Eres quejica, posesiva y nunca te preocupa lo que necesitan los demás.” Con esa réplica de despedida, Vladimir salió precipitadamente por la puerta, tirando las flores a un lado del jardín por el camino. Lena se quedó de pie, aturdida, viéndole marcharse.
 
Fue Yulia la que cerró la puerta y se giró para encarar a Lena. Después de todo lo que había pasado, Lena simplemente perdió el control. Con lágrimas bajando por sus mejillas se puso a temblar. Yulia tuvo sus brazos a su alrededor en un instante.
 
“Lena, Elena, nena, está bien. Está equivocado, muy equivocado. No pasa nada, está bien. Nada de lo que ha dicho es verdad, eres preciosa, eres increíble. Eres maravillosa. Shh.”
 
Lena envolvió sus brazos alrededor de la cintura de Yulia y dejó que la letanía de palabras tranquilizadoras pasara sobre ella. Con la cabeza enterrada en el cuello de Yulia, disminuyó su llanto con las suaves caricias de la morena y finalmente se calmó.
 
“Lo siento” Tragó. “Es que...”
 
“No, es un idiota.”
 
“No lo es.”
 
“¡Sí que lo es!” Dijo Yulia de forma explosiva. “He oído lo que ha dicho, Lena, y no podría esta más equivocado. Eres maravillosa. No eres quejica y te preocupas muchísimo por todos a tu alrededor. Además estás pasando por un momento difícil como el infierno ahora mismo y lo estás llevando de una manera impresionante.” Yulia quitó un rizo de pelo de la cara de Lena y copó su barbilla. “Eres estupenda, y él ES un idiota.”
 
“No quiero hablar de él.”
 
“Vale. No lo haremos. Lena, estás exhausta, necesitas irte a la cama.”
 
“Lo sé.” Volvió a tragar, y luego llevó a Yulia a otro abrazo. “¿Puedes quedarte, por favor?”
 
“¿Esta noche?”
 
Lena asintió contra el hombro de la morena.
 
“Por supuesto.”
 
“¿Conmigo?”
 
Lena, ¿estás segura?”
 
Lena se separó. Imitó los anteriores movimientos de la guitarrista, retrasando un mechón de cabello copando su perfecto rostro. “Por favor.” Susurró.
 
Y Yulia sólo pudo asentir.
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Re: Lo mejor para mi // Por: Eidan&Sille (Original de Clom)

Mensaje por HaziTha el Miér Mayo 27, 2015 5:08 pm

Capítulo 31: Gotas de lluvia en las rosas.
 
Lena apartó las sábanas y sonrió a Yulia. La morena llevaba un pijama de franela y tenía un aspecto increíblemente adorable. Estaba lleno de osos polares, y algunos comían helado. La morena se miró y luego llevó la vista a Lena con una mirada indescifrable.
 
“¿Qué?” Rió la pelirroja.
 
“Es este pijama... Supongo que no estoy acostumbrada a llevarlo. ¿Por qué tú tienes el de seda?” Señaló el pijama de seda rojo de Lena.
 
“¿Porque preferirías sentirlos contra tu piel antes que en ella?” Los ojos de Lena centellearon cuando Yulia tragó. “¿Qué sueles llevar tú en la cama?”
 
“Bueno, ropa interior y una camiseta interior. O... nada.” Fue el turno de Lena para tragar. Se metió entre las sábanas y dejó que Yulia se deslizara junto a ella. Luego apagó la luz. Prácticamente era una escena de película: ambas tumbadas sobre sus espaldas, mirando el techo y sin llegar a tocarse. Al final Yulia se puso a reír. “Date la vuelta, tonta, deja que te abrace.”
 
Lena rodó sobre su costado y sonrió, sintiendo que la calidez la inundaba y amando el sentimiento de las manos de Yulia rodeando su cintura. También le encantó el sentimiento del pequeño y tierno beso que Yulia le dio en la nuca y la increíble sensación de tener el cuerpo de la morena completamente presionado contra el suyo. Era cálido, era seguro, y estaba excitándola como no hubiera creído posible.
 
“Yul” Murmuró.
 
“¿Sí?” El aliento de la guitarrista era cálido en su oreja.
 
“Gracias por quedarte”
 
“Cuando quieras”
 
OH, no, no cuando quisiera. De ninguna manera podía soportar esto Lena cada noche. Era algún tipo de deliciosa tortura. Lena no tenía ni idea de cómo se suponía que iba a dormir esa noche. Era tranquilizador, por una parte, tener ahí a Yulia. Y por otra, útil, porque con la morena apretada contra ella no podía pensar en NADA más. Esta era la única noche que esto iba a ocurrir. Si no, Lena se volvería loca. Eso dejó la idea en la mente de Lena. Una noche. Sólo una noche. Dios, ¿podían hacerlo? Lo deseaba. Técnicamente, no había nada que las detuviera. Ella ya no estaba casada, sabía que Yulia la deseaba. ¿Y si...? Con ese pensamiento en mente se dio la vuelta con lentitud en los brazos de Yulia. Sus ojos se habían ajustado a la oscuridad y pudo ver unos preciosos ojos azules devolviéndole la mirada. Lena subió los dedos y recorrió con el pulgar el labio inferior de Yulia. Éste tembló en respuesta.
 
“Lena...” La palabra fue un susurro. Si no acabara de oírla podría haber pensado que era un sueño, pero Lena sabía que era real. Se inclinó hacia delante y capturó esos deliciosos labios en un suave beso que hizo que sus entrañas se volvieran gelatina. Yulia respondió, y sus brazos se movieron tras la espalda de Lena, llevándola más cerca. El beso se fundió, dulce y hermoso, aunque también sensual y cálido. Lena sintió unos dedos pasar con delicadeza por su pelo y contestó con un gemido. “Dios, Lena" Yulia se separó del beso. “Tenemos que parar.”
 
“No quiero” Se quejó Lena, consciente de que de alguna manera sonaba como una petulante niña de cinco años.
 
“Lo sé” Yulia pasó un dedo por la mandíbula de Lena. “Yo tampoco quiero.”
 
“ Entonces, ¿por qué paramos?” Lena se alzó sobre un codo para mirar desde arriba a la hermosa mujer a su lado. “Ambas somos adultas; sin compromiso. ¿Por qué paramos?”
 
“Porque se haría muy complicado con mucha rapidez.” Dijo Yulia, pero Lena sabía que estaba doblegando la resolución de la chica.
 
“¿Qué tal esta noche?” Susurró Lena, y el ceño de Yulia se arrugó con confusión. “¿Y si dijéramos... sólo esta noche? Esta noche haremos lo que queramos, estaremos juntas como deseemos, y mañana...” Lena se encogió de hombros. “Volvemos a ser amigas.”
 
Yulia la miró con ojos entrecerrados. “¿Podemos hacerlo?”
 
“Sí.” Dijo Lena con sencillez. Rogó a Dios que Yulia la creyera. En realidad no estaba segura, pero la idea de no estar con Yulia esa noche era demasiado que soportar. Casi gimió de agradecimiento cuando la morena simplemente volvió a enhebrar los dedos entre los rizos de Lena y la llevó a un ardiente beso.
 
Las manos de Lena trabajaron en la espalda de Yulia, deslizándose de arriba abajo, acariciando en respuesta al enfebrecido beso. Después de minutos de disfrutar el temple y calor de la boca de Yulia, el increíble sentimiento de su lengua adelantándose para encontrar la de Lena en una danza de erotismo, Lena se desesperaba por tener algo de contacto. Algo de acción de piel contra piel. Bajó las manos y las deslizó bajo el borde de la camisa de Yulia, subiéndola y dejándola a medio camino de su espalda, arañándola con mucha delicadeza con las uñas. Fue una reacción reflexiva al extraño baile que Yulia acababa de hacer con la lengua sobre su labio superior. La sensación la inundó de baja humedad y apenas pudo soportarlo. Gritando de frustración y necesidad, Lena incrustó una rodilla entre las de Yulia, ciñendo el brazo alrededor de la morena y frotándose contra el muslo sobre ella, desesperada por aliviar algo de la creciente molestia. La boca de Yulia se separó de la suya con un gruñido, y su cabeza cayó hacia delante, en la curva del cuello de Lena. Su aliento era cálido y húmedo mientras las caderas de Yulia se movieron en cadencia, y la fricción no hizo nada para suavizar, y todo para aumentar la excitación de Lena.
 
“Jesús, Lena” gritó Yulia, separándose un poco. Hizo que ambas rodaran sobre un costado y puso una mano en la cadera de la pelirroja, deteniendo los movimientos de empuje y parándolas. Posó sus labios sobre el hombro de Lena, besando con delicadeza mientras sus respiraciones se calmaban lentamente. “Dios, nena, tómatelo con calma, tenemos toda la noche.”
 
“Lo siento” Susurró Lena. Se ruborizó y se apartó. Yulia debió de darse cuenta de su error, porque inmediatamente volvió a atraer a la pelirroja, sin querer romper el contacto total que tenían.
 
“No, no pidas disculpas... Es sólo que a esta velocidad acabaremos en tres minutos, y no quiero soltarte tan pronto.” Besó delicadamente a Lena en la nariz. “Tenemos esta noche, y planeo usarla al máximo.”
 
“Oh” Lena seguía sonrojada, pero no se separó. “Lo siento, es que... Te deseo muchísimo.”
 
“Lo sé” Yulia sonrió y Lena la pegó en el hombro de forma juguetona. “Oh, no me mires así” Rió la morena. “Sabes que yo te deseo igual. No puedo dejar de pensar en lo increíblemente sexy que estás cuando te vienes... Quiero volver a hacer que estés así.”
 
El humor juguetón se oscureció cuando ambas chicas captaron el comentario, ambas tragando convulsivamente y mirando a la otra. Lena movió un poco las piernas mientras estaban entrelazadas con las de Yulia, y la sensación de deslizamiento hizo que ambas chicas respiraran con algo más de fuerza. Lena acarició la espalda de Yulia con suavidad y volvió a tragar. “¿Sabes? Esa noche...” Susurró.
 
“Mmm. La que reproduzco cada, oh, diez segundos...” Yulia sonrió, dejando un suave beso en la mejilla de Lena.
 
“Sí... Oye, duró más de diez segundos.”
 
“Paso ruidos cortos y trozos de imágenes.”
 
“Oh, de acuerdo.” Lena miró a Yulia con ojos cautelosos, pasando un dedo por el pequeño tatuaje que tenía en su espalda de la morena y sonriendo al sentir que se estremecía ante el roce. “Esa noche...”
 
“Mmm,” La cabeza de Yulia volvió a bajar al cuello de Lena, moviendo los labios con suavidad por la piel y provocando que a la pelirroja se le hiciera difícil acabar la frase, y menos aún un pensamiento coherente.
 
“Esa fue la primera vez que...”
 
Pasó un segundo o así antes de que el comentario fuera registrado y los labios de Yulia se detuvieran. Su cabeza se levantó para mirar a Lena con algo de curiosidad.
 
“Con una chica, lo sé...”
 
Lena la cortó. “No, eso no... la primera vez...”
 
Yulia parecía confusa. “Pero, embarazada... Vladimir... casada...”
 
Lena sonrió ante los inocentes malentendidos de la guitarrista. “NO... al final; el modo en el que me hiciste sentir... esa fue la primera vez que... que alguien ha hecho que...”
 
Una mirada de entendimiento cayó sobre el rostro de Yulia. “¿Venirte?” Dijo con voz ahogada, acabando la frase de la pelirroja por ella. Lena asintió tímidamente como respuesta. “Oh, señor.” Pasando un pulgar a lo largo del labio inferior de Lena, Yulia consideró esto un rato, y una miríada de expresiones pasaron por su semblante. “Pero, nena... ¿cuánto tiempo llevabas casada?”
 
“Demasiado,” Sonrió avergonzada Lena. “Y soy mucho mejor actriz de lo que crees...”
 
Yulia también consideró ese comentario, con mucho cuidado, antes de contestar. “Eh... tú...”. Vale, un comentario no muy coherente, pero...
 
“¿Lo fingías?” Lena hizo una mueca. “Sí...”
 
“Con...” Yulia tragó. “¿Conmigo?”
 
Lena acercó a la morena y la besó sonoramente con un gruñido. “No seas idiota, eso fue lo más increíble que he sentido en toda mi vida. Toda la noche, no sólo el final. Y no, boba, no lo fingí contigo. Eso fue real, cien por cien... um... dicha Lena.”
 
Yulia sonrió y la llevó a un beso. Cambió de juguetón a sexy en un lento arco de sensaciones, y en poco tiempo estaba moviéndose contra la otra, aumentando el calor. Con mucha lentitud Yulia se apartó del beso observando a Lena, quien tenía los ojos cerrados con una mirada soñadora en el rostro. “Bueno, supongo que tendré que fabricar unos cuantos momentos más de cien por cien dicha Lena, para compensar el tiempo perdido.”
 
Las pestañas de Lena se abrieron. “¿Unos cuantos?” Tragó. “Osea, ¿más de uno?”
 
“Demonios, sí” Aspiraron Yulia, “Más de uno” Rodeó la cintura de Lena con un brazo y cualquier espacio que quedara entre ellas se desvaneció, estaban apretadas centímetro a centímetro contra la otra. Los pijamas se hacían redundantes con rapidez y ambas lo sabían. Sus bocas volvieron a encontrarse, y el calor se elevó con tanta rapidez que Lena se preguntó si estarían creando vapor. Las manos recorrieron el camino en el pelo, agarrando con gentileza y manteniendo a la otra cerca, con algo de desesperación. Lucharon por mantener el control de sí mismas, intentando no hacerlo demasiado rápido, perdiéndose en la otra y en los suaves y delicados movimientos de sus bocas, que se convirtieron con rapidez en ardientes y sensuales encuentros que causaban estremecimientos y gemidos.
 
Yulia empujó con suavidad a Lena sobre su espalda, haciéndolas rodar con una pérdida mínima de contacto. Lena alzó la vista hacia ella con una mano ligeramente enredada en los mechones de la morena. Yulia se inclinó para dejar un gentil y suave beso en sus labios, antes de que una mano desabrochara lentamente el primer botón del pijama de la pelirroja. El aliento de Lena se atascó en su garganta y su expectación creció. Esto no se parecía a nada que hubiera experimentado antes. Su primera noche había estado llena de pasión y necesidad, Lena no tenía un mapa, ni idea de lo que podría ocurrir. Esta noche esta llena... también de necesidad y de pasión, pero también ansia. Llena de una increíble sensación de bienestar por estar con alguien y saber que estás a salvo. A salvo como para poder sentir lo que quieres y hacer lo que desees. A salvo como para confiar en que pase lo que pase, sientas lo que sientas, será exquisito; y la expectación de ese momento era... aturdidora.
 
Mientras los botones se desabrochaban lentamente, Lena fue consciente de los segundos en que Yulia estaba ahí, sosteniéndose con la mano sobre el abdomen de la pelirroja. Lena se encontraba en esa posición sexy de tener la camisa abierta, ofreciendo una destello de lo que puede haber debajo y al mismo tiempo estando castamente cubierta. Tenía una vista de Yulia igual de desarreglada y volvió a gemir. Volviendo a llevar a ala morena a un frenético y ansioso beso, usó la mano libre para desabrochar la camisa de la morena. Sin querer esperar para provocar, se la quitó y la lanzó a un lado sin romper el beso. Las manos de Yulia se colaron dentro de su camisa, deslizándose por el tórax y haciendo que su piel cosquilleara ante la sensación. Elevándose, Lena se encontró con la cálida piel del torso presionada contra la suya y gimió de nuevo, alimentando la conmoción que había en su interior.
 
La ropa empezó a desaparecer. Lo suficientemente lento para hacer que la deliciosa expectación fuera cada vez mayor e intensificar el ardor hasta un punto de no retorno. Para cuando la mano de Yulia estaba suspendida sobre el borde de la ropa interior de Lena, la pelirroja jadeaba por la necesidad del contacto.
 
“Yulia” Gimió, flexionando los dedos en los hombros de la morena. La guitarrista estaba bañada en un rayo de luz de luna que escapaba de los cierres de las cortinas e iluminaba su rostro hermoso. Lena jadeó al sentir que unos dedos trazaban la línea de sus braguitas por su muslo. Cuando se aproximaban a la juntura se desviaron, deslizándose muslo abajo con caricias provocadoras. “Yul... me estás matando.” Consiguió decir en otro jadeo.
 
Yulia rió sin aliento, y dejó caer la cabeza sobre el hombro de Lena cuando una rodilla se apretó contra ella. “No es justo” gimió. Se movió de manera inconsciente contra el muslo, y sus uñas empezaron a arañar un lento, largo y provocador camino hacia arriba del muslo de Lena. Cuando llegaron al punto de no retorno Lena se arqueó contra ellos, y el movimiento empujó su otro muslo con más fuerza entre los de Yulia, consiguiendo un grito ahogado como respuesta.
 
Alzándose de pronto sobre las rodillas, Yulia deslizó un dedo a cada lado de las caderas de Lena, bajo la cintura de la tela que la mantenía alejada del único lugar que deseaba de verdad, y las deslizó por las piernas de Lena. Tragando, las lanzó a través de la habitación con más fiereza de la que quería. Sus ojos recorrieron el sexy cuerpo bajo ella y pasó las uñas con delicadeza por el abdomen bajo sus ojos. Los propios ojos de Lena se abrieron en respuesta,
 
“Yul”
 
La morena se inclinó hacia abajo, sosteniéndose sobre Lena en una rodilla y un codo. Dejó que su boca reposara en un murmullo junto al frágil cartílago de una hermosa oreja. Entonces murmuró con voz baja y sensual, “Dios, Lena, las cosas que quiero hacerte.”
 
Las caderas de la pelirroja se sacudieron en respuesta. Ahora los dedos de Yulia trazaban una línea de arriba a abajo del surco donde el muslo de Lena se unía a la suave curva de su estómago. Cada vez que llegaban a unos húmedos rizos daban la vuelta y volvían a dibujar una línea hasta el borde de la cadera de Lena, y vuelta a empezar.
 
“Deseo tantísimo tocarte” Volvió a murmurar Yulia, haciendo que un gemido bajo emanara de la boca de la pelirroja. “Quiero deslizar mis dedos hacia abajo, sentir lo húmeda que te he puesto...”
 
“Por favor” Gimió Lena, apretando los dedos contra unos hombros redondeados y haciendo que aparecieran marcas de media luna.
 
“Quiero tocarte en todas partes, y aún así el único sitio en el que quiero estar es muy, muy dentro de ti. Empujando... Tirando...” El aliento de Yulia ardía en el oído de Lena, y ambas estaban muy cerca de perder por completo el control.
 
“Yu... Yul...” Las caderas de Lena se sacudieron una y otra vez, “Por favor, oh, por favor; joder, por favor.” Nunca se había dado cuenta de lo increíblemente excitante que podía ser el habla sexual.
 
“Lena, quiero estar dentro de ti” La voz de Yulia se estaba volviendo más áspera por su propia excitación, pero estaba determinada a llevar a la pelirroja al límite, “Quiero saborearte, pasar mi lengua por todo tu cuerpo mientras mis dedos tocan cada parte de ti. Quiero llenarte...”
 
“¡Dios, SÍ! Joder, sí, Yulia, por favor, por el amor de Dios, fóllame” El gemido salió de la boca de Lena con la velocidad de una bala y resonó por la habitación. La repentina yuxtaposición de los juramentos de Lena, tan impropios de ella, llevaron a Yulia más allá de cualquier tipo de control. Sus dedos pasaron por rizos pelirrojo y, encontrando a Lena más húmeda de lo que nunca había soñado, siguió más abajo. Tomándose un segundo para observar fijamente la increíble vista bajo ella, empujó, y dos dedos encontraron su meta. “¡CRISTO!” El grito de Lena fue ronco y gutural. Yulia gimió en respuesta, empujando con desesperación y recreándose en la cadencia de las caderas de Lena cuando se encontraban con ella.
 
Para Lena fue la experiencia más intensa de su vida. Yulia estaba en todas partes, a su alrededor, en su interior. Su cuerpo embestía por sí solo, encontrando el contacto y dejándola poco a poco sin vida. Estaba insensible por el ansia y la necesidad, pero también llena de una forma que nunca antes había conocido.
 
Sintió una pérdida cuando Yulia perdió el contacto con ella, al alejarse el precioso y esbelto cuerpo. Pero sus dedos seguían muy dentro suyo, y se dio cuenta de que Yulia sólo se había recolocado algo más abajo... Tragó con fuerza, haciéndose una buena idea de lo que estaba por llegar, pero aún distraída por el sentimiento de tener a la morena profundamente enterrada en ella.
 
“Lena, mírame.” La voz de Yulia era un murmullo.
 
Los ojos verdi-grises de Lena se abrieron y se alzó sobre sus codos, consciente de que lo que sentía en su interior debía de estar escrito por todo su rostro. Tragó, y sus piernas se separaron un poco más de lo que ya estaban, abriéndose para Yulia. El movimiento hizo que la morena se estremeciera ligeramente. Mirando fijamente los profundos ojos azul mar, Lena observó a Yulia con intensidad, y luego sintió que su mundo casi se derrumbó cuando Yulia curvó de alguna manera los dedos dentro de ella y encontró algo que Lena ni siquiera sabía que existiera.
 
“Jodeeeeeer” Gimió Lena en respuesta, “Oh... Dios... mío”
 
Volvió a caer en la cama retorciendo las sábanas con las manos, y luego movió las caderas cuando la lengua de Yulia encontró su duro bulto de nervios con inequívoca precisión. Empujó, sabiendo que estaba gritando ruidos incoherentes a la noche. Estaba segura de que decía palabras, pero no podía recordar cuáles eran. La lengua de Yulia tenía talento y la sensación no tenía comparación. Podía sentir el horizonte acercándose a ella a una velocidad increíble y finalmente llegó, gritando su orgasmo a la noche.
 
Cayó de nuevo en la cama, aturdida y sin habla. El cuerpo de Yulia, aún sacando las olas con los dedos, volvió a trepar por el suyo y yació con suavidad junto a ella. El sentimiento de vacío que sintió cuando Yulia se retiró con lentitud fue reemplazado por una corriente de calidez, de absoluta seguridad y confort cuando la morena la llevó a un abrazo y le acarició el pelo. “Dios, eres preciosa” Susurró la guitarrista.
 
“Creo que debo de estar muerta.” Murmuró Lena en el hombro de Yulia, y su brazo se apretó en la espalda de la morena.
 
“Espero que no” Fue la respuesta.
 
“Mmm.” Lena cerró los dedos. “No, sólo muy, muy satisfecha.” Sonaba así. Sonaba como el gatito que había conseguido definitivamente la nata.
 
Yulia volvió a reír. “Me alegro de oírlo.”
 
Lena se separó. “Eres muy buena en esto... ¿debería preocuparme por ello?”
 
“Demonios, no, aquí sólo estamos tú y yo, Lena. Y para que conste, yo tampoco me había sentido así antes.”
 
“Ni siquiera has...” Las palabras de Lena se quedaron en el aire, súbitamente tímida.
 
“No lo necesito. Eres asombrosa, haces que sienta las cosas más increíbles, Lena. Yo...”
 
“¿No quieres?” Aparentemente Lena sólo tenia una cosa en la cabeza.
 
“Eh..., no, no he dicho eso... pero no tienes por qué hacer nada que no...” Los labios de Lena la cortaron. Cuando el beso ligeramente abrasador acabó, miró a la pelirroja con cautela.
 
“Quiero hacer que te sientas así.”
 
“Lena, de verdad que no tienes que...”
 
“Shh,” La pelirroja volvió a besarla. “Sé que no tengo que hacerlo. Quiero hacerlo. Mucho. Ahora. Ahora mismo.” Los dedos de Lena bailaron por el abdomen de Yulia.
 
Un jadeo escapó de la boca de la morena y Lena sonrió. Iba a ser una noche muy, muy larga.
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Re: Lo mejor para mi // Por: Eidan&Sille (Original de Clom)

Mensaje por HaziTha el Miér Mayo 27, 2015 5:13 pm

Capítulo 32: Cuando empieza el amor y las estrellas se apagan...
 
Lena se estiró con languidez y frunció el ceño cuando se dio cuenta de que Yulia no estaba junto a ella. El sol empezaba a filtrarse por las cortinas y el reloj de la mesita de noche mostraba que prácticamente era la mañana temprana. Lena volvió a estirarse. No había dormido demasiado, como mucho unas pocas horas. Cuando Yulia había prometido ‘más de uno’, Lena no había notado que la morena se había tomado muy en serio cumplirlo. Cumplirlo de maneras que aún mantenían las cejas de Lena pegadas a la cima de su cabeza. Una mirada de sorpresa permanente. Y excitación. Cuando se movió, Lena sintió el ligero tirón entre las piernas. Lo cierto es que nunca lo había sentido antes, pero sabía de dónde venía. Una noche de sexo increíblemente apasionado, el sexo más increíble que había practicado en su vida.
 
Una mirada de satisfecha complicidad pasó por el rostro de Lena. Vale, nunca había sido exactamente una tigresa en la cama, pero acababa de pasarle por la mente el pensamiento de que probablemente Yulia sentía algo similar en sus regiones bajas. Lena también había cumplido unas cuantas promesas... y ahora no podía evitar reproducir esas escenas en su cabeza.
 
Yulia con la cabeza lanzada hacia atrás, con una mano aún enredada en los rizos de Lena, urgiéndola. Lena, tensándose sobre las manos extendidas, más segura que nunca de algo en su vida. Su lengua, moviéndose de maneras que nunca había imaginado... y encantándole. Los jadeos de Yulia, sus gritos a la noche... Dios, estaban volviendo loca a Lena. Incluso ahora, después de que Yulia le hubiera hecho el amor dos veces, podía sentirse inundándose en respuesta. Dios, ahora Yulia se movía más rápido... Y Lena muy dentro de ella. Lena podía sentirla a punto... muy cerca.
 
Lena apretó los muslos en respuesta a los pensamientos. Esto iba a ser mucho más duro de lo que había esperado. De alguna manera, con todos esos recuerdos en su cabeza tenía que volver a tratar a Yulia como a una amiga, e ignorar el hecho de que acababan de pasar la mejor parte del día desnudas y juntas en la cama. Se dio la vuelta y escuchó.
 
Mientras yacía en la quietud de la mañana, enredada en las sábanas, Lena oyó la ducha encenderse. No podía ser que Katya ya estuviera levantada, durmiendo como un lirón hasta las ocho; ésa era su hija. Sólo podía ser Yulia. Parte de Lena se sintió eternamente agradecida por que la morena siguiera en la casa. Envolviéndose en la sábana, en el improbable caso de que su pequeña se levantara pronto, se movió por la casa hasta el baño. Bajó un poco el pomo de la puerta. No estaba cerrado, y eso llevó una sonrisa al rostro de Lena. Abrió lentamente la puerta y se metió por el hueco.
 
“Hola” Dijo con suavidad, haciendo que Yulia saltara.
 
“Jesús, Lena, me has dado un susto de muerte.” Yulia asomó la cabeza por la pantalla de la ducha. Tenía el pelo mojado, y los mechones colgaban deliciosamente alrededor de su rostro. Lena sintió que su interior se tensaba una vez más. Los ojos de la morena recorrieron de arriba abajo la figura enfrente de ella, y Lena podía decir que estaba bebiendo de ella. Estuvo tentada de soltar un poco la sábana, sólo para provocar, pero la dejó como estaba.
 
“Lo siento. Te he oído y quería saludar.” Lena avanzó y puso una mano en la pantalla de la ducha, acercándose a la morena. La pantalla opaca cubría su cuerpo, pero la forma era aún evidente y Lena estaba interesada. Muy, muy interesada. Demasiado para sólo una noche.
 
“Oye” Sonrió Yulia. “¿Quieres la ducha? Puedo ser rápida.”
 
“No. Bueno, sí, necesito una ducha, pero no tienes que salir.” Lena pensó en ello un segundo y respiró profundamente. “Siempre podría ir contigo.”
 
La ceja de Yulia se elevó con la suficiente lentitud como para que Lena pudiera observar su recorrido. Cuando el delicado arco alcanzó la cima Lena no pudo evitar sonreír. “¿Esta mañana cuenta como anoche?” Preguntó Yulia con esperanza. Lena sonrió más.
 
“Oh, sí. Definitivamente sí.”
 
Yulia sacó un brazo y encontró la parte de arriba de la sábana que se enrollaba encima del pecho de Lena, cubriendo sus senos, atada a un lado. Tiró con lentitud de la pelirroja los últimos centímetros entre ellas y tapó su boca con un apasionado beso. Lena respondió, pero la pantalla de la ducha estaba en medio y dejó escapar un gemido frustrado.
 
“Tú” Yulia puntuó su frase con un beso. “Llevas... demasiada... sábana” Los besos continuaron y Lena rió.
 
“Eso es fácil” Susurró, y dejó que la sábana cayera al suelo. Yulia sonrió con aprecio y la metió en la ducha. Pasando por encima del borde de la bañera, Lena sintió que tiraban de su cuerpo hacia delante y de pronto se vio presionada por completo contra una desnuda, mojada y ardiente Yulia.
 
Lena se movió hacia delante, hasta que ambas estuvieron bajo el chorro de agua. Se separó del beso, envolviendo con un brazo la cintura de Yulia y mirándola fijamente a los ojos. Nunca había notado lo erótico que era ver gotas de agua hacer riachuelos con lentitud al bajar por una de las personas vivas más sexys. Bueno, al menos en opinión de Lena.
 
Levantó un brazo para tocar el rostro de Yulia, pasando un pulgar por el labio inferior de la morena y adorando cómo temblaba en respuesta. Deslizó la mano hacia abajo lentamente, recorriendo un tenso cuello y apreciando cómo el aliento de Yulia se cortaba en su pecho. Lena siguió un rastro descendente con la mano, trazando una línea sobre una clavícula y luego deslizándola por el brazo de Yulia. Volviendo a subir con los dedos a la clavícula capturó la mirada de Yulia, y luego los bajó con lentitud para copar un perfecto seno. El aliento de yulia salió disparado de ella y gimió. “Lena”
 
“Shh” Susurró Lena, adelantándose para atrapar el labio inferior de Yulia entre sus dientes, y la llevó a un fiero beso. Masajeó con gentileza el suave orbe bajo su mano y sintió que el pezón se endurecía bajo su palma. Rompiendo el beso deslizó sus labios por el cuello de Yulia, encontrando la yugular y succionando con cuidado. Unos dedos se enterraron en su pelo. Oyó un gemido cuando su boca se movió en dirección sur.
 
“Lena... Cristo”
 
Lena siguió moviéndose, dejando pequeños mordiscos y besos por el camino, descansando por fin sus labios en un hinchado pezón y succionándolo con cuidado en su boca. Sintió que Yulia saltaba bajo sus caricias. Pasando los dientes por el inflamado bulto se movió al otro seno, dirigiéndose al que había abandonado con los dedos. Era un mal ángulo, inclinada hacia abajo, y tuvo que nivelarse. Consideró volver a subir para un beso, pero se estaba humedeciendo y no era sólo la ducha. Nunca antes había hecho esto, pero de alguna manera sabía que Yulia estaba preparada. Movió su boca más abajo, deslizándola por el tenso abdomen de la morena y dejando un rastro de pequeñas marcas.
 
“Lena, Dios, Lena, joder”
 
A Lena le encantaba el hecho de que pequeñas frases salieran de la boca de Yulia. Adoraba que fuera su nombre. Era erótico y cautivador. Nunca antes había obtenido tanto placer por dar placer a otra persona. Envalentonada por la respuesta se apoyó sobre una rodilla, arrodillándose en el suelo de la bañera y besando un recorrido por el interior del muslo de Yulia. Un gemido hizo que sonriera contra la sedosa piel que encontró allí. Pasó la lengua por los alrededores de forma provocadora, moviéndose de muslo a muslo y subiendo cada vez más, pero de alguna manera evitando siempre el ardiente y mojado centro en el que ambas chicas se concentraban. Lena esperó, esperando oír más.
 
“Dios, sí, Lena...”
 
Dejó que su lengua se acercara un poco más, y sopló con suavidad contra el lugar donde sabía que Yulia la deseaba.
 
“Joder, Lena...” Yulia dejó escapar un soplo de aire tembloroso, “¿quién iba a saber que eras una provocadora?”
 
Lena sonrió y pasó ligeramente la lengua sobre la ardiente y húmeda aglomeración de nervios enfrente de ella, recreándose en el sensual grito que causó.
 
“¡Lena, POR FAVOR!”
 
Entregándose a ambos deseos, Lena empezó a acariciar a Yulia con la lengua, con lentitud y ternura al principio. Y luego con algo más de fuerza cuando saboreó la humedad que estaba creando. Los gemidos ahogados de Yulia resonaban por el baño y era tentador. La morena subió la pierna al borde de la bañera, dando mejor acceso a Lena, y volvió a gemir cuando dos dedos se deslizaron en su centro.
 
La inexperiencia no significaba nada. Lena sabía lo que quería y sabía cómo conseguirlo. Llevó a Yulia hasta el límite, y luego un poco más allá. Pudo sentir a la morena acercándose. Sus gritos eran más incoherentes, y pronto decayeron en una mera repetición del nombre de Lena, una y otra vez, mientras se ceñía en torno a los dedos de Lena y se venía, con fuerza y longitud.
 
Lena se puso en pie, con la rodilla doliéndole, observando cómo Yulia se apoyaba en las paredes de la ducha con los brazos extendidos. Sonrió, apretando sus brazos alrededor de la morena para ayudarla a sostenerla y presionando un beso contra esos rosados y hermosos labios.
 
Yulia consiguió ganar algo de control sobre su cuerpo y sus sentidos después de unos pocos minutos.
 
“Jesús, chica, aprendes rápido.”
 
Lena sonrió. “He tenido una maestra bastante buena.”
 
La morena las sorprendió a ambas apagando la ducha. Sacó a Lena de la ducha antes de que pudiera decir nada y cogió una de las toallas. Lena se quedó quieta, en la cerámica del baño, dejando que Yulia la secara con gentileza. Empezó con la cara, quitando la humedad y puntuando los movimientos con besos, bajando por sus brazos. La súbita sensación de la toalla de felpa en sus senos dio a Lena toda una nueva apreciación de la tela, y luego Yulia se puso de rodillas enfrente de ella, mirando fijamente. Lena cerró los ojos y esperó. Pero no pasó nada. Abriendo los ojos bajó la mirada y encontró a Yulia aún mirando, primero justo delante y luego hacia arriba, a Lena.
 
“Estás mojada” Susurró la morena, apenas lo suficiente para que se escuchara. Ambas sabían que no hablaba de la ducha.
 
“Eres...” Lena tragó. “Sexy.”
 
Y luego Lena también se arrodilló, y sus bocas se fundieron en un beso que fue rápido, furioso e increíblemente bueno. Se sintió caer hacia atrás, con Yulia encima de ella. La boca de la morena estaba en todas partes, fiera y sensual. Unas manos bajaron y Lena se humedeció más. Nunca había sabido que podía estar tan preparada para alguien con tanta rapidez. Yulia estaba sacando a la luz todo un nuevo lado de ella que nunca había conocido. Luego los dedos de la morena estaban separándola, sus piernas cayeron a un lado, y entonces entró.
 
“Yulia... ¡Cristo!” Lena se arqueó, su cuerpo ardiente y desesperado en el suelo del baño. Sintió que Yulia descendía y su lengua contactó con el centro de Lena. Las embestidas de la morena eran fuertes y rápidas, sin ninguna gentileza. Lena aferró la cabeza de Yulia y la acercó, empujando con más fuerza. Era casi brutal, pero maravilloso. Nunca había conocido un sexo así, nunca antes había experimentado esas sensaciones. “Yulia...” Gritó, en busca de algo. No podía pensar, y su cerebro explotaba con colores mientras los talentosos dedos de la guitarrista empujaban con más fuerza y más rápido. No podía articular sus necesidades. Luchando para respirar y encontrar algún tipo de frase coherente, consiguió sacar las palabras. “Yulia... Dios... más fuerte, por favor, más fuerte.”
 
La morena dobló sus esfuerzos, tensándose dentro de Lena y dejando que su lengua trabajara al triple de velocidad. La pelirroja se arqueó sobre el suelo una y otra vez, y sus talones se clavaron en la cerámica del baño. Gimió y sus manos siguieron acercando a Yulia, consciente de que probablemente estaba haciendo daño a la chica pero incapaz de parar. Empujando con sus caderas contra la boca y la mano complaciéndola la animó a seguir. Brotó una nueva sensación, de pronto había tres dedos en ella y estaba tan llena que pensaba que iba a explotar. Hubo un pequeño momento de dolor, pero sólo el suficiente para amplificar el placer mil veces más y hacer que gritara con más fuerza. Llegaba ahora y lo sabía, un mundo se fundía con ella y la cubría.
 
“¡YULIA!” Gritó Lena, viniéndose en olas que parecieron extenderse una eternidad. Al final cayó en el suelo, temblando. Una solitaria lágrima se escapó por el rabillo del ojo.
 
La secó subrepticiamente, pero más la siguieron. Yulia estuvo con ella en un minuto, llevándola a un abrazo y apretándola con fuerza. Podía oír murmullos urgentes.
 
“Oh, Dios, Lena, lo siento mucho, no quería hacerte daño. Oh, Dios, lo siento mucho, nena..” Una y otra vez.
 
Lena abrió la boca, pero era incapaz de producir un sonido. Optó por subir un tembloroso dedo y ponerlo sobre la boca de la morena, silenciándola. Yacieron juntas, enredadas, y Lena se aseguró de que había dejado de llorar y de que se encontraba algo más sólida antes de abrir la boca.
 
“No pasa nada.”
 
“Sí, sí que pasa. Te he hecho daño, oh, Dios, Lena, lo siento mucho, nunca...”
 
“Shh” Lena cortó el súbito brote de comentarios. “No me has hecho daño.”
 
“Estás llorando.”
 
“Sí, pero no porque me hicieras daño, y he parado.” De hecho la pelirroja se sentía un poco tonta por sus lágrimas.
 
“¿Qué ha pasado?” Yulia bajó la vista hacia ella, llena de preocupación y culpa.
 
“Yulia, deja de preocuparte, estoy bien y no me has hecho daño.” Lena se alzó, sentándose y llevando condigo a la morena. “Sólo ha sido... muy intenso.” Se mordió el labio. “Supongo que no estoy acostumbrada a ello.” Luego se sonrojó. “Vale, soy una idiota...”
 
Yulia la besó, con el rostro de pronto suavizado con cariño y complicidad. “No eres idiota. ¡Está bien! ¿Quién no ha llorado después de un sexo realmente bueno?” Preguntó con una risita.
 
“¡Pues yo!” Replicó Lena. “Pero claro, antes de ti en realidad nunca había tenido buen sexo. O sexo realmente bueno...” Lena no acabó la frase, ruborizándose de nuevo.
 
Yulia rió y le dio un beso en la frente. “De nada.” Gimió. “Tenemos que salir del suelo del baño antes de que tu hija se pregunte a qué ha venido todo ese griterío.”
 
“Yulia, es sorda” Le recordó Lena. “No ha oído el griterío.”
 
“Oh, sí... soy una idiota.”
 
Lena rió y la besó, “No, no lo eres. Eres preciosa.”
 
Yulia tenía aspecto serio cuando puso a la pelirroja en pie. Ninguna de ellas estaba dispuesta a hablar del hecho de que habían acordado volver a ser amigas. Ninguna de ellas estaba segura de si iba a funcionar. Lena sintió que debía abordar el asunto, pero muy en el fondo no quería hacerlo. Así que no lo hizo. Dejó que ambas se vistieran, y luego dio un beso de despedida a Yulia en la puerta. Cuando se cerró detrás de la morena, se echó contra ella. ¿Cuánto podía cambiar una vida en una noche? Mucho.
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Re: Lo mejor para mi // Por: Eidan&Sille (Original de Clom)

Mensaje por HaziTha el Miér Mayo 27, 2015 5:16 pm

Capítulo 33: Intento hablar contigo y no puedo traspasar el tiempo.
 
Lena dejó que el tono de llamada le pitara en el oído por la centésima vez en esa hora. No hubo respuesta. Después de muchos tonos simplemente saltó el contestador automático. Lena colgó, no tenía sentido dejar otro mensaje, estaba segura de que los cinco que había dejado la dejaban con la etiqueta de ‘acosadora’. Suspirando, continuó limpiando el armario del pasillo, una señal segura de que estaba muy afectada. Incluso Katya iba de puntillas a su alrededor. Probablemente porque Lena le había gritado por la desordenada habitación de la pequeña, y eso era tan impropio de Lena que ambas supieron que algo iba mal. Ahora Katya estaba muy preocupada por ser una ‘buena chica’. Había limpiado su habitación, incluso a pesar de que Lena se había disculpado con abrazos y helado, y miraba dibujos animados en silencio en el salón. Para Katya era fácil estar callada, no hablaba exactamente, pero de todas formas sí que hacía ruido. Corriendo por la casa con Mr. Ruffles a rastras, tirando contra el suelo sus torres de bloques – uno de sus juegos favoritos. Era una niña activa, y a Lena le encantaba. Se tensó por dentro ante la idea de que su propio humor afectara también a su hija. Tal vez no era sólo su propio humor, tal vez Katya también echaba de menos a Yulia. De hecho, Lena estaba SEGURA de que también la echaba de menos, la niña había preguntado por la guitarrista muchas veces. De hecho, varias veces al día.
 
En ese momento había más de una cosa molestando a Lena. Obviamente, la primera de la lista era el no haber sabido nada de Yulia durante una semana. La habían visto la noche después de... bueno, la noche DESPUÉS. Había sido moderadamente incómodo. Sobre todo porque no dejaban de ir a besarse y se daban cuenta de que no podían, no debían. Y para su crédito, no lo habían hecho. Lena la había abrazado como despedida en la puerta sintiéndose más frustrada y confusa que nunca. Y ahora nada. Al menos no podía decir que la habían usado en la cama y luego la habían dejado tirada, porque bueno, primero Yulia no haría eso, y segundo, había ido a su casa la noche después. ¿Pero por qué no había sabido nada de ella? ¿Dónde demonios estaba? ¿Y por qué no contestaba el teléfono? Lena estaba preocupada, pero sabía que Yulia estaba viva porque la había visto. El miércoles por la noche, en la clase de arte de Katya. Un saludo y luego la morena había desaparecido. Lena lo odiaba.
 
El hecho de que ella y Katya echaran de menos a Yulia era incluso más preocupante. El objetivo de esto había sido hacer que las cosas fueran menos complicadas. En lugar de eso parecía que las dos chicas eran desgraciadas sin su compañía. Resultaba que tres no eran multitud. Katya NUNCA preguntaba por Vladimir, pero había preguntado por Yulia con una determinación que se había ganado la admiración de Lena.
 
Y encima de todo, Lena tenía que admitir que estaba un poquito frustrada sexualmente. Quién no iba a estarlo, yéndose a dormir a esa cama. Pensando en ello. Soñando con ello. Despertándose empapada en sudor porque tu cerebro lo revivía noche tras noche. Vale, eso estaba al final de su lista de preocupaciones en ese momento, pero aún así siempre estaba en el fondo de su mente.
 
Así que con toda su frustración, por no mencionar su angustia por no poder llegar hasta Yulia, Lena limpió los armarios del pasillo. Luego limpió los de la cocina y el baño. Paró para meter a Katya y Mr. Ruffles en la cama, asegurándose de que dedicaba un tiempo extra para leer su cuento y de que les daba a los dos mucho afecto para compensar su anterior mal humor. Cuando se movió para apagar la luz oyó un golpeteo en la pared, Katya llamaba su atención.
 
“¿Va a venir Yulia pronto?” Señaló la pequeña. “Mr. Ruffles la echa de menos.”
 
Lena sonrió con debilidad. “Eso espero, cariño, es que ahora está ocupada en el trabajo. Vendrá y nos saludará pronto, ¿de acuerdo?” Podía ser una mentira, pero Lena esperaba tanto que fuera verdad que se atrevió a dar también a su hija esa esperanza. Apagando la luz, fue a encontrar algo más que limpiar.
 
Pasaron dos días más, casi una semana y media. Lena sabía que pasaba algo muy malo. Echaba tanto de menos a Yulia que le dolía, y no en un sentido sexual. Le dolía el corazón y añoraba la presencia de la morena en su vida. La echaba de menos pasándose por la cocina mientras Lena hacía la cena. Echaba de menos verla columpiando a Katya por el salón, jugando y riendo. Añoraba todo, y el dolor no cesaba. Katya también la echaba de menos, aunque había dejado de preguntar tanto por ella. Eso preocupó aún más a Lena. Katya nunca preguntaba por Vladimir, y si era cierto que Lena intentaba compensar la falta de paternidad de su ex-marido, sabía que Katya se sentía un poco abandonada. Ahora volvía a sentirlo. Eso no era culpa de Yulia, Dios lo sabía, si tenía que ser de alguien era de Lena, pero aún así... hacía que se preocupara. Volvió a intentarlo con el teléfono móvil de Yulia. Apagado. Durante días.
 
Otra semana y Lena había encontrado una nueva definición de tortura. Su propia preocupación por Katya y por sí misma ahora estaba apartada en el fondo de su mente. Yulia no estaba en casa. Yulia no contestaba el teléfono. Yulia tenía a alguien cubriéndola en el hospital y el centro comunitario. Lena sabía que bordeaba lo obsesivo por mirar en esos lugares, pero sinceramente no le preocupaba. Su amiga había desaparecido. Los jefes de Yulia simplemente habían sacudido la cabeza y habían hecho lo mejor que pudieron para asegurar a Lena que Yulia estaba bien. Bueno, quizá eso quería decir que estaba viva, pero bien no. Yulia no estaba bien. Había un presentimiento, muy en el fondo del estómago de Lena, que no podía seguir ignorando. Tal vez un instinto, pero uno en el que la pelirroja quería confiar. Yulia no estaba bien. Ahora si Lena sólo pudiera encontrarla y descubrir por qué, quizá podría hacer algo al respecto.
 
Lena se sentó en casa mordiéndose las uñas con desesperación. Había pedido a sus padres que se llevaran a Katya esa noche, y ellos habían estado encantados. Su padre había notado las bolsas bajo sus ojos, su rostro ligeramente hundido y la mirada claramente preocupada y le había dado un poderoso abrazo. Después de asegurarle con sus mejores habilidades que estaba bien, admitió estar preocupada por Yulia. Haciendo su mejor trabajo social, la había llevado dentro e hizo que hablara. Después de soltarlo todo se sintió mejor; aún preocupada, pero mejor que antes.
 
Recordó las palabras de despedida de su padre. “Eres una buena amiga, Lena, por preocuparte tanto. Podría hacer cosas mucho peores que depender de ti.”
 
Eso esperaba Lena. Sólo temía con cada ápice de su ser que ella fuera, en este caso, la causa del problema, por lo que nunca podría haber una solución.
 
Empezó por volver a llamar a los números de Yulia. Seguían apagados o, en el caso del teléfono de casa, saltando directamente al contestador. Aún determinada, Lena fue a casa de la guitarrista. Si no estaba ahí, Lena acamparía fuera. O algo. O encontraría a uno de los jefes de la morena y lo sacudiría hasta que confesaran el paradero de Yulia Vólkova.
 
Saliendo al crepúsculo de la tarde que se oscurecía rápidamente, Lena avistó una luz en la parte trasera de la casa de Yulia. Eso definitivamente no había estado ahí las últimas dos veces que Lena había pasado con el coche. Y parecía que podía haber un coche en el garaje. Vale, eso era bueno. Ahora todo lo que tenía que hacer era llamar a la puerta hasta que Yulia la dejara pasar. O hasta que los vecinos llamaran a la poli. Tal vez los polis la dejaran entrar. Poco probable.
 
Respirando profundamente Lena se movió con resolución por la carretera. Esta vez no habría esperas en la puerta, memorizando las vetas de la madera. Y no habría agonía. Definitivamente esto ya no era por Lena, si sólo su amiga, la persona que más le importaba en el mundo aparte de su hija, estaba bien. Entonces todo iría bien. Tomando otro profundo aliento, llamó a la puerta.
 
No hubo respuesta, y llamó otra vez. Aún sin respuesta. Pero la luz en la parte trasera de la casa se apagó y Lena lo vio. Poniendo la boca en una fina línea de determinación llamó una y otra vez, hasta que por fin, bajo sus nudillos raspados, la puerta se abrió.
 
Yulia parecía un náufrago. Estaba peinada, pero tenía el rostro consumido y no había luz en sus ojos. Levaba unos vaqueros y un jersey cómodo, pero Lena podía decir por la ropa que la mitad de la vida de su amiga había escapado de ella. Era horroroso.
 
“Yulia” Lena alargó un brazo hacia la chica, con el rostro lleno de preocupación.
 
“Elena,” El nombre de la pelirroja sonó vacío en los labios de la chica. La vida había desaparecido también de su voz, y la cadencia que siempre le daba al tono de la morena tanta musicalidad tampoco estaba. Lena se estremeció; tenía razón, algo iba desesperadamente mal. “Eh, mira, no puedo... ¿puedes volver otro día?” La voz de Yulia era débil.
 
“Demonios, no” Dijo Lena, “Yulia, ¿qué pasa? Háblame.” Alargó un brazo, pasando una mano por la mejilla de la morena y retrocediendo cuando la chica se apartó como si la hubieran pinchado.
 
“Lena, yo...” Yulia tragó visiblemente. “Ahora mismo no puedo.” Había tanto ahogo en su voz que Lena supo que otra palabra la llevaría a las lágrimas. Se sentía horriblemente dividida entre querer aliviar a su amiga y preocuparse porque el presionarla pudiera hacer que empeorase. Pero no podía dejar a Yulia así, simplemente no podía.
 
“Yulia, nena, sólo estoy aquí para asegurarme de que estás bien. Estaba preocupada por ti. Y está claro que no estás bien, así que...” Lena observó cómo su amiga daba un defensivo paso atrás, y el lenguaje corporal que decía a gritos ‘déjame en paz, quiero hacerme un ovillo y morir’. Lena entró en casa de la otra chica, negándose a marcharse. Cerrando la puerta tras ella con una mano dio unos cuantos pasos hacia delante, invadiendo el espacio vital de la otra chica y lanzando sus brazos a su alrededor. Llevó a Yulia a un inevitable abrazo, protegiéndola de cualquier tormenta que rugiera en su interior y sosteniéndola con fuerza. Sintió que la cabeza de Yulia caía en su hombro, y luego sus brazos pasaron alrededor de la cintura de Lena en una explosión final de dolor y derrota. Lena podía sentirla temblando y apretó aún más el abrazo, llevando a la chica más pequeña contra sí y acunando, acariciando, tranquilizando.
 
Cuando se dio cuenta de que Yulia no la iba a soltar en un futuro cercano, Lena las maniobró con cuidado hacia el salón, manteniendo un firme agarre sobre su chica. Una vez que estuvieron en el sofá se soltó un poco, pero sólo para poder dar besos en la sien a Yulia y acariciarle el pelo. Ahora la morena temblaba menos, pero aún lloraba, y las lágrimas cayeron directamente al corazón de Lena, quemando como ácido.
 
Cuando el llanto paró con lentitud, se apartó y miró profundamente en los ojos de Yulia. La morena hipó ligeramente, de la manera en que se hace cuando acabas de llorar hasta quedarte seco, y Lena sonrió de forma cálida, aunque aún con una notable mirada preocupada. Secó con gentileza una lágrima de la marcada mejilla de la guitarrista.
 
“Estoy aquí” Susurró. “Todo irá bien, sea lo que sea, lo arreglaremos, ¿de acuerdo?” Lena murmuraba palabras contra la frente de Yulia, dejando que salieran sin pensar de verdad en ellas. Simplemente estaba muy preocupada. Esto era tan impropio de la Yulia que había llegado a conocer que no tenía ni idea de por dónde empezar. Pero quizás ser sólo una buena amiga era la única forma de empezar. Supuso que el tiempo le permitiría saberlo, una vez que hubiera descubierto qué demonios le pasaba a Yulia.
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Re: Lo mejor para mi // Por: Eidan&Sille (Original de Clom)

Mensaje por HaziTha el Miér Mayo 27, 2015 5:18 pm

Capítulo 34: No estoy loca porque tomo las píldoras adecuadas cada día.
 
Lena no sabía como tratar a Yulia en esta situación. La morena estaba inclinada hacia delante, con los codos en las rodillas y presionando los talones de las manos contra sus ojos. Todo lo que podía hacer la pelirroja era trazar lentos círculos en la espalda de Yulia y sentarse junto a ella con aspecto preocupado. Podía sentir la intensidad en el cuarto, y salía a oleadas de la morena. La urgencia de decir algo luchaba en el interior de Lena, y el silencio le pareció sobrecogedor.
 
“Yul, háblame” Lena esperó que sus palabras fueran las correctas, y aún así sus instintos volvían a gritar. No presiones, no presiones demasiado. De acuerdo, no presionaría...
 
“Lena...” Yulia volvió a frotarse los ojos. “Está bien. Estoy bien, ¿no podemos simplemente dejarlo?”
 
Vale, tal vez presionar un poco.
 
“¿Durante cuánto tiempo, Yul? ¿Hasta que te coma de dentro hacia fuera?” Lena mantuvo la voz deliberadamente baja y se puso un poco más cerca de la chica a su lado. “¿Hasta que hables con alguien más? Porque si pensara de verdad que eso podría pasar, lo dejaría. Pero te conozco lo suficientemente bien como para saber que vas a enterrarlo todo dentro de ti y vas a fingir que no pasa nada.”
 
“¡No pasa nada!” Ahora mismo Yulia no era la más convincente de las mentirosas. Lena se inclinó hacia delante, quitando el pelo del las mejillas y la cara de la morena.
 
“Yul... Por favor, cielo, háblame. Todo irá bien, lo prometo, sólo... háblame.”
 
“No puedo...” Lloró Yulia en respuesta, un llanto tan profundo y gutural que hizo que las entrañas de Lena se retorcieran. “No entiendes quién soy... lo que puedo hacer... Lena...”
 
Iba claramente a peor. Yulia se encontraba sumida en algún tipo de pena interior que Lena no podía identificar, y todo lo que la pelirroja pudo hacer fue acercarla y esperar que pudiera ayudarla a pasar por ello. “Eres maravillosa, Yul, eres increíble... ” Murmuraba todo lo que se le ocurría para calmar la situación, y no funcionaba. Yulia se había puesto nerviosa y se estaba volviendo insensible... “Yul, Yul” Lena la acercó más, a sus brazos, meciéndola y rezando para que fuera bien, “Yul, cariño, está bien, shhh, estoy aquí, no pasa nada...”
 
“Lena... Dios, Lena...” La cabeza de Yulia estaba presionada en la curva del cuello de Lena y dejó que su cuerpo cayera contra el de la pelirroja, “No puedo hacer esto... “Yo... yo... quiero tanto... no puedo...”
 
“Shh, shh... Está bien, Yul, está bien... Lo solucionaremos, sea lo que sea, lo arreglaremos... shh”, Lena meció a la chica en sus brazos hacia de alante hacia atrás, aliviando y rezando. Espera que alguna intervención divina fuera a aparecer pronto, porque ver a Yulia así de afectada la rompía por dentro.
 
Para su cierto alivio, el llanto cesó lentamente. No fue una gran diferencia porque la turbación seguía radiando de Yulia a oleadas y Lena seguía sin saber qué demonios estaba pasando, pero decidió mantenerse en silencio esta vez. Había presionado, y no había ido muy bien. Ahora sólo esperaba que Yulia sintiera la necesidad de llenar el silencio.
 
Cayeron hacia atrás con lentitud, más bien como un desprendimiento general. Lena las recolocó para que estuvieran lado a lado, con la cabeza de Yulia metida con gentileza en la curva de su hombro mientras Lena acariciaba los mechones de la morena, sus hombros, su brazo, y murmuraba gentiles susurros en su oído. Sintió que unos dedos se tensaban en la parte trasera de su camisa y se separó un poco.
 
El rostro lleno de lágrimas de Yulia la miró desde abajo. El dolor en sus ojos era tan evidente que llevo lágrimas a las esquinas de los propios orbes verdi-grises de Lena. Arrugando el entrecejo con preocupación, cariño y sólo un poco de confusión, Lena se inclinó y besó con cuidado a su compañera en la frente, aún acariciando de forma tranquilizadora su brazo. Dejó que sus instintos la guiaran, dejando besos en las esquinas de los ojos azules de Yulia, donde aún había humedad, besando su sien, bajándolos por la mejilla. Besó la curvada esquina de su dulce y suave boca, su barbilla, la otra esquina de su boca. Se quedó ahí, tal vez un segundo de más, porque si bien Yulia no se había movido en los últimos minutos, ahora fue rápida.
 
Lena encontró sus labios capturados en un beso que empezó suave, ansioso; y que casi instantáneamente se profundizó hacia algo mucho más poderoso. Sintió que las manos de Yulia se deslizaban a su alrededor, una de ellas pasó por sus rizos rojos casi dolorosamente mientras el beso se convertía en una de las experiencias más intensas de la vida de Lena. Podía sentir que las cosas escapándose de su control con rapidez, y Yulia se precipitaba tanto en sus movimientos que Lena no estaba segura de que pudiera zafarse. Probablemente esto era un error, en este preciso momento. Yulia no estaba exactamente en sus cabales y...
 
Ahora las manos de Yulia estaban en ella, y el cuerpo de la guitarrista la apretaba contra los cojines del sofá. A pesar de los recelos de Lena, podía sentir escalofríos de deseo y ansia, pura energía sexual recorriéndola. Y entonces sintió las manos de Yulia encontrar su seno, llevando su pezón a una súbita punta dura, y una rodilla se deslizó entre las suyas encontrando su meta con éxito. Lena no pudo evitar jadear en la boca de Yulia mientras la esbelta chica se frotaba contra ella. Movió sus manos a los hombros de la morena, intentando encontrar la fuerza en su interior, o al menos alguna forma de control, y conseguir que parase. Sólo que no era tan fácil. Parte de Lena pedía a gritos que Yulia le arrancara la ropa, se clavara en ella y la hiciera llegar al clímax con tanta fuerza que olvidara su propio nombre. Pero una parte razonablemente sensata de Lena, y en este momento una parte de gran tamaño, le decía que esto sería un error ahora mismo.
 
Y el hecho de que la mano de Yulia se estuviera colando ahora hacia arriba por la falda de Lena, llegando al borde de su ropa interior y metiéndose debajo casi antes de que la pelirroja tuviera tiempo de registrar lo que estaba ocurriendo.
 
“¡Yulia!” Jadeó, con unos dedos haciendo imposible que pensara en nada más. Y entonces la morena estaba dentro de ella, empujando. Lena apenas estaba preparada, y volvió a jadear cuando un ligero dolor la recorrió. Pero a la siguiente embestida los dedos de Yulia dieron con el lugar correcto y su cabeza cayó hacia atrás. Se aferró a los hombros de la morena, gimiendo y arqueando sus caderas, perdiéndose en el sentimiento. Oh, Dios, esto tenía que parar... y aún así, era tan jodidamente bueno... quería dejar que esto continuase, sentir esa increíble cresta que sabía... no, esto no estaba bien. Incluso con las sensaciones increíblemente excitantes que los dedos de Yulia estaban creando en Lena, podía sentir que no estaba bien; y no quería eso, no quería que fuera así. “Yulia” gimió, “pa... oh, Dios...”, era difícil hablar cuando alguien te estaba empujando muy, muy cerca de la cima... “Pa... ra” Y los empujones siguieron llegando, insistentes y con más fuerza. Lena se mordió el labio, agarró los hombros de Yulia e hizo que saliera de su boca, “Yulia, ¡PARA!”
 
Eso hizo efecto, y sintió que los movimientos cesaban. Entonces Yulia salió de ella, alzándose sobre las manos y bajando la mirada hacia Lena con una mirada de absoluto horror en el rostro.
 
“Yul...” Pero Lena no pudo acabar la frase, porque la morena enfrente de ella salió hacia atrás como si la hubieran quemado, se bajó del sofá y fue al pasillo. Lena agitó la cabeza un segundo, muy aturdida,, y luego se enderezó la ropa entes de seguir a su amiga.
 
Pudo oír llantos viniendo del baño, y llamó con suavidad. “Yul, está bien, déjame pasar.” No hubo respuesta. “Yulia, estoy preocupada, por favor, cariño, deja que pase... está bien, no has hecho nada malo.” Aún sin respuesta.
 
Lena probó con el pomo de la puerta y, para su puro alivio, vio que no estaba cerrada. Abriendo la puerta lentamente encontró a su amiga hecha un ovillo en el suelo del baño.
 
“Vete” Dijo Yulia con apatía.
 
“No” Respondió Lena. Se arrodilló en el suelo enfrente de la morena, pero la otra chica tenía la cara vuelta, escondiéndola en la esquina entre la bañera y la pared. “Yulia, está bien... no has hecho nada malo.”
 
El asustado, emocional, y destrozado rostro de la mujer de la que se estaba enamorando se giró para encararla. “¿Cómo puedes decir eso? ¿CÓMO? Después... después de que acabe de... saltarte encima...” Yulia se rompió con un sollozo. “¿Cómo puedes soportar estar cerca de mí?”
 
“Yulia, Yulia, no has hecho nada malo... shh...” Lena se acercó, intentando que la otra chica la creyera.
 
“¡Aparte de asaltarte, Elena! ¿Cómo he podido...? ¿Cómo...?”
 
“¿Cómo has podido parar cuando te lo he pedido? Cortó Lena. ¿Cómo has podido extender un brazo cuando necesitabas a alguien?”
 
“Lena, soy veneno, no puedes estar cerca de mí.” Yulia se acercó más las rodillas, como si se estuviera cerrando por completo al mundo, apartándose.
 
“Yulia, estás siendo estúpida. No eres veneno...” Lena puso la mano en la rodilla de Yulia y se sentó de piernas cruzadas enfrente de ella. No iba a dejar que la apartara, y no iba a irse a ninguna parte. “Yulia, háblame... por favor. Dime de dónde viene todo esto.”
 
“Me odiarás” Susurró Yulia.
 
“No es posible.” Replicó Lena.
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Re: Lo mejor para mi // Por: Eidan&Sille (Original de Clom)

Mensaje por HaziTha el Miér Mayo 27, 2015 5:23 pm

Capítulo 35: El amor no es una marcha triunfal, es frío y un aleluya roto.
 
“Por favor” Ahora Lena imploraba.
 
“Lena, márchate, no puedo hacer esto.”
 
“No seas ridícula, Yulia, no me voy a ninguna parte. No creo que haya visto a alguien así de afectada, ¿cómo se te ocurre que te dejaría así?” Lena se mordió el labio. “Cuéntame qué pasa, sea lo que sea, lo arreglaremos... juntas.”
 
Oh, Dios. Lena esperaba de verdad que no hubiera muerto nadie, porque probablemente eso significaba que no podrían arreglarlo. Oh, Dios. Este era en el momento en el que Lena solía darse cuenta de que había metido la pata. Era algo en lo que era bastante buena, como les gustaba señalar a sus hermanos. Hizo una pequeña mueca ante la idea, y luego puso su atención sobre la chica enfrente de ella.
 
“Yulia” Lena cogió por la barbilla gentil pero firmemente a la música y giró el rostro desolado para capturar su mirada. “Yulia, dime qué va mal.”
 
“No, me odiarás.” Lena no pudo evitar sonreír, sabía que había atravesado el tono ligeramente petulante de la voz de la otra chica. Le recordó a la mirada que ponía a veces Katya cuando sabía que Lena iba a ganar una discusión.
 
“Sabes que no. Sabes que nunca podría odiarte.”
 
“Vale, tal vez eso es cierto... pero deberías, y yo no debería estar cerca de ti.” Yulia giró la cabeza a un lado, y la amargura en su voz se condensó en el suelo del baño, formando neblina. Lena tomó el rostro de Yulia en sus palmas y secó lentamente una lágrima de la esquina del ojo de la hermosa chica. “Yulia, si he hecho algo mal y te he enfadado, tienes que decirme qué es.”
 
Era un plan atrevido. O Lena había hecho algo malo, en cuyo caso quería saber qué era y arreglarlo, o no. En cuyo caso esperaba que la morena protestara con tanta fuerza por ello que tendría que decir lo que realmente iba mal para que Lena la creyera. En realidad era un plan bastante malévolo. Si Lena no hubiera estado tan determinada en descubrir exactamente qué la pasaba a su amiga podría haberse sentido algo avergonzada.
 
“¡No! Dios, no, Lena, esto no es nada que tú hayas hecho.” Uf. Un punto para Lena, no era del todo su culpa. Ahora a averiguar qué pasaba exactamente. “Lena, soy yo, ¿vale? Yo soy el problema. No deberías estar aquí, tu... no sabes quién soy.”
 
“¿Eres un hombre?”
 
Yulia la fulminó con la mirada.
 
“¿Agente secreto?”
 
“Lena...” La pelirroja la ignoró, alzando la vista al lavabo en actitud pensativa.
 
“Espera, ¿eres un hipopótamo?”
 
“Lena, basta, hablo en serio.” Yulia parecía furiosa, y Lena no pudo evitar sonreír.
 
“Yulia, sé quién eres.” La madre de una hija, y otro en camino se puso de rodillas y enmarcó el rostro de la chica de la que se estaba enamorando. “Eres Yulia. Eres la persona que a estado a mi lado cada segundo de los últimos meses. Eres mi mejor amiga. Eres más que eso. Eres alguien que me importa muchísimo. Sé exactamente quién eres.”
 
“Es mentira, Lena.” Yulia se mordió el labio y cerró los ojos. “Todo es mentira.”
 
“¿Por qué?”
 
“¡No soy quien tú piensas!”
 
“¡Deja de decir eso!” Soltó Lena. “No eres más que alguien increíble para mí.”
 
“Si, bueno, no es así como era antes...” Yulia giró la cabeza, ajena al roce de Lena.
 
“Todo lo que has hecho por mí...”
 
“Es mentira, Lena” Interrumpió Yulia con amargura. “Es todo mentira. Es lo que intento ser, es un juego...”
 
“¿Un juego?” Ahora Lena estaba confusa. “¿Tienes motivos secundarios?”
 
“Podrías decir eso.” Yulia no la miraba.
 
“¿Y cuáles son?”
 
“¡Déjalo, Lena!” La morena descansó la cabeza en la esquina con aire cansado. “Sólo déjalo y vete. Créeme, harías mejor en hacer que nunca nos hemos conocido.”
 
“¡Ja!” Rió Lena. “Eso no va a pasar. Nunca.” Se inclinó hacia delante. “Yulia, no te creo. Cuando estuviste a mi lado, cuando me sostuviste y ayudaste, era que... ¿no te importaba?”
 
“No” Lena oyó el susurro de la otra chica en el límite de la conciencia. “Me importabas.”
 
“¿Estaba ahí porque te importaba?”
 
“Sí.” Otro susurro.
 
“¡Pues vaya, Yulia Vólkova, eso sí que es un motivo secundario!” Declaró Lena. “¡Estar a mi lado porque te importaba, ya veo que es lo más pavoroso que podías hacer! ¡Con esos motivos podrías ser la mala de los dibujos animados!”
 
Yulia giró la cabeza, y Lena pudo ver que su estúpido intento con el humor no había ido a ninguna parte.
 
“Me importas. Pero no es suficiente. Yo...”
 
“¿Tú qué, Yulia?”
 
“Te estoy usando.” Yulia enterró la cabeza en las manos, y las lágrimas retornaron. “Te estoy usando” Sollozó.
 
“Shh, shh, está bien.” Lena tiró de la otra chica hacia delante, a sus brazos, e intentó calmarla. “Yulia, no me estás usando, no hay nada para lo que me podrías usar...” Y Lena lo creía. Incluso si era cierto, lo que Yulia había dado en retorno era incomparable.
 
“Te estoy usando y lo odio.” Yulia sollozó con más fuerza, casi como si Lena no estuviera ahí.
 
“Yulia, Yul...” Lena agarró las manos de la morena y se las apartó de la cara, cogiendo una barbilla en la mano y moviéndola para mirar fijamente a esos ojos expresivos y llenos de dolor. “¿Para qué me estás usando?” Preguntó alzando las cejas.
 
“Para...” Un sollozo ahogado.
 
“¿Para qué, Yul?”
 
“¡Para hacer que me sienta mejor! Para hacerme sentir como si no fuera tan... ¡Para que se vaya mi culpa!” Se apartó de Lena y enterró la cara en los brazos, haciéndose un ovillo más pequeño de lo que la pelirroja creía posible.
 
“Yul” Intentó Lena con cautela. “Háblame, nena, ¿qué está pasando?”
 
“No puedo, no puedo. Le hice daño y no puedo, Lena, no puedo volver a hacerlo, no puedo, lo siento, no puedo, no puedo...” Y la letanía continuó mientras Lena intentaba volver a llevar a Yulia de nuevo a sus brazos, hecho prácticamente imposible porque la chica esta hecha un pequeño ovillo apretado.
 
“Shhh, Yul, está bien, está bien, te tengo, está bien” Oh, Dios. ¿Y ahora qué?
 
“No está bien, no lo está Lena, está muerta y nunca podrá estar bien de nuevo, y le hice daño y no puedo, no puedo volver a hacerlo. No puedo, lo siento, Lena; lo siento mucho, no puedo. Oh, Dios, no puedo, lo siento mucho. Por favor, lo siento mucho, no puedo. Lo siento mucho. Lena, lo siento mucho, no puedo.”
 
Yulia ahora estaba verdaderamente insensible, y Lena sintió que podía haberla perdido. Oh, Cristo; oh, Dios, ¿qué hacer? La guitarrista seguía tumbada, mitad en sus brazos y mitad fuera, meciéndose hacia delante y atrás y gimoteando. “Lo siento, lo siento mucho, no puedo. No puedo. Lo siento mucho, Lisa, lo siento mucho. Lisa, lo siento, lo siento mucho, nena; lo siento...” A Lena le llevó un minuto darse cuenta de lo que decía ahora Yulia. Y luego el volumen subió. “Lo siento mucho, Lisa; nena, perdóname, por favor, lo siento, lo siento.”
 
“Yul, Yul, está bien, cariño, está bien.” Murmuró Lena, mientras la morena se destensaba y Lena la llevaba a sus brazos. Envolvió el tembloroso cuerpo en sus brazos y se meció. Luego, pensando un segundo, ciñó también las piernas alrededor de la cintura de Yulia, formando un capullo a su alrededor, protegiéndola. Se balanceó hacia delante y detrás, susurrando y besando, acabando con ello. “Yul, no pasa nada, te tengo, está bien, cielo, llóralo. Eso es, llóralo.”
 
Y lo hizo. Las palabras se volvieron menos coherentes, los ruegos sollozantes a una persona de la que Lena nunca había oído hablar. El llanto se hizo algo más intenso, y lo sacaron. Juntas. Lena la dejó llorar y se tomó su tiempo, y cuando el llanto se calmó, dejó que sus murmullos cesaran.
 
Cuando por fin las cosas se tranquilizaron, Lena estaba sentada de espalda a la pared. Yulia estaba entre sus piernas, con los brazos tensos alrededor de la cintura de la morena y la cabeza enterrada en su hombro. Lena seguía rodeando a su chica, sosteniéndola. No estaba segura de poder soltarse. Incluso después de que acabara el llanto Lena se quedó ahí, simplemente abrazando a Yulia. Supo por instinto que nadie había estado al lado de la chica antes, no así. Y supo por instinto que sólo porque el llanto hubiera cesado no quería decir que la tormenta hubiera pasado. Pero había dejado que Lena se involucrase, había dejado que Lena la abrazara, y eso significaba que Lena podía ayudar. Significaba que podía estar ahí para pasar el resto de la tempestad y mantener un ojo en el timón. Si era necesario podía traer la artillería pesada: Katya y Mr. Ruffles. Lo que fuera por evitar que Yulia se hundiera y, dado que Lena empezaba a sospechar que Yulia había estado así las últimas dos semanas y media, estaba más que un poco asustada de que la chica se derrumbara.
 
Al final fue Yulia la que se separó. Lena no estaba segura de poder moverse. Pensaba que sus miembros podrían haberse congelado en esa posición. Intentó moverlos con cautela, soltando sus piernas de alrededor de la morena. Dejó que Yulia se alejara y no pudo evitar fijarse en que caminaba como una sonámbula, sin controlar del todo sus extremidades. Lena sabía que no era sólo por el tiempo que habían estado en el suelo, era más que eso. Se puso en pie, haciendo una mueca ante el dolor en sus articulaciones, y envió una oración de agradecimiento por no estar más embarazada, o quizá no podría haberse levantado.
 
Lena siguió a Yulia a la cocina, donde la encontró haciendo dos tazas de café. Dado que, si no se contaba el empapar la camisa de alguien con un torrente de lágrimas mientras sollozabas, Yulia apenas había sido consciente de la presencia de Lena en la última hora, Lena sintió agradecida por que la chica supiera que estaba ahí. Dejó que Yulia se mantuviera en sus asuntos, sentándose en uno de los taburetes y observando. Sonrió ligeramente ante el hecho de que Yulia supiera exactamente cómo le gustaba el café.
 
Lena esperó hasta tener una taza de café humeante delante antes de intentar un contacto visual. No tenía sentido llevar esto muy lejos, aunque no iba a irse hasta descubrir qué demonios pasaba. Yulia no parecía preocupada por tomar asiento, y se apoyó en la encimera de la cocina, sin establecer contacto visual con la pelirroja. Esperando unos poco minutos para ver si iba a haber una introducción, Lena decidió hacerlo ella misma.
 
“Yul...”
 
“Supongo que te debo una explicación.” Interrumpió Yulia sin animación. Fue el tono de su voz lo que hizo que las entrañas de Lena se revolvieran una vez más.
 
“Yul, está bien, puedo esperar... Sólo necesito saber que estás bien.”
 
“Lo estoy... Siento...” Yulia movió la mano en el aire, y Lena no dejó de notar que aún no había establecido contacto visual con ella. “Siento todo.” Acabó Yulia, con laderota presente en su voz. Hizo que a Lena le doliera el corazón por ella.
 
En respuesta recogió su café en una mano y cogió la mano de Yulia con la otra. Eso le valió una mirada de la sorprendida guitarrista.
 
“Vamos, coge tu café.”
 
“Lena...”
 
“El café... Vamos” Debió de haber algo en el tono de la pelirroja, porque Yulia hizo lo que le decía. Lena las llevó al salón y puso su café sobre la mesa. Girándose hacia Yulia, cogió su café y lo puso al lado del suyo propio, y luego la sentó en el sofá. Se dejó caer junto a la morena y le levantó la cabeza para mirarse. Ignorando la mirad algo incómoda en el rostro de la otra chica, sonrió con suavidad. “Yulia, habla conmigo.”
 
“Lena, está bien. Ahora estoy bien.”
 
“Lo sé. Pero si no hablas de esto vas a dejar que te atrape. Y entonces no estarás bien.”
 
“Bueno, hablar de ello no hará que se vaya, así que...”
 
“Hablar ayuda, Yul. Siempre ayuda. El dolor compartido es la mitad de dolor...”
 
“No quiero darte mi dolor, Lena. No quiero causarte dolor.” Yulia se mordió el labio. “Lena...”
 
“Yulia, no vas a hacerlo. Yo te importo. SÉ que te importo. Lo sé como si estuviera en mis huesos. Confío en ti y no voy a dejarte ir. O dejar que me apartes. No vas a hacerme daño, ¿de acuerdo?”
 
“Podría hacerlo...” Yulia parecía desgraciada.
 
“Yul...” Lena cogió la mano de la otra chica y acarició suavemente la palma. “Esto no es sobre mí... o sobre tú y yo...”
 
“De una manera lo es” Suspiró Yulia. “Lo siento, Lena. No sólo estaba siendo melodramática cuando dije que te estaba usando...”
 
“Lo recuerdo... También me perece recordar que me estabas usando siendo amable conmigo...” Rió Lena, y le gratificó el ver un esbozo de sonrisa en el rostro de Yulia.
 
“Lena...”
 
“Suéltalo, Yul. Cuéntame qué pasa...” Estaba volviendo a presionar, pero esta vez con cuidado.
 
“No estoy segura de poder.”
 
Lena se acercó un poco más y enlazó sus dedos con los de Yulia. “Estoy aquí, ¿vale? Y nada va a cambiar eso.” Yulia asintió en respuesta, pero no dijo nada. Después de un rato, Lena llegó a la conclusión de que iba a tener que hacer el primer movimiento. “Yul... ¿quién era Lisa?”
 
Por primera vez Lena entendió el significado de las palabras ‘silencio ensordecedor’. Los largos segundos hicieron que se preocupara por haberse pasado de la raya. Luego Yulia empezó a hablar.
 
“Era una chica. Una que quise muchísimo. Y una a la que hice daño. Mucho.” Paró de hablar y Lena esperó. Sabía que habría pausas, pero también podía ver el pequeño agujero en al presa. La que tenía cemento desgajándose en gran cantidad por las grietas y por la que salían pequeños chorros de agua. Pronto habría un desborde, y Lena no iba a pararlo.
 
Esperó, y llegó. “Era mi novia, no la primera, pero sí la primera a la que quise de verdad. La primera la que fui fiel...” Su voz se ahogó. “Durante más tiempo.” Yulia rió ligeramente. “Era preciosa, simplemente... hermosa. Por dentro y por fuera. Llevábamos juntas dos años cuando... cuando las cosas se pusieron mal. Todo iba genial... y se puso enferma. Cáncer de mama. Era muy joven, simplemente... aguantamos, ¿sabes? Luchamos contra ello y yo estaba justo ahí, justo a su lado. Le hicieron la mastectomía... No pasó nada, ¿sabes? Éramos fuertes y yo la quería. No había nada que no pudiéramos conquistar. Y seis meses después, tuvo un escáner. Lo tenía en los huesos, en el hígado, estaba en todas partes. Le dieron meses. Y lo dijeron de verdad. Intenté estar ahí, lo intenté con todas mis fuerzas. Al final estaba en un hospicio, por el dolor y las náuseas. Yo iba, cada día, y le cogía de la mano, la veía morir delante de mí. No podía soportarlo. Unos días antes... yo... me fui, era demasiado. Fui a un bar, algún bar, cualquier bar. Me emborraché. Me emborraché muchísimo. Y había una chica, estaba buena. Dios, ni siquiera recuerdo nada más que ella bailaba, y todo lo que yo quería hacer era olvidar que tenía novia y lo mucho que dolía. Así que me la tiré. En mi coche.” Yulia rió con amargura. “En mi puto coche. Oh, estoy segura de que disfrutó. Hasta que la eché y vomité en el asfalto. Yo...” Lena la vio tragar.
 
Yulia continuó. “Volví. La noche después de que se me pasara la resaca. Y me miró, Lena, y lo supo. No supe cómo hasta que me miré al espejo cuando volví a casa y vi la marca en mi cuello. No dijo demasiado, sólo que lo sabía. La hice daño, Lena... muchísimo. Estaba tan herida y yo... hice eso. No pude hacer nada para mejorarlo. Yo... sólo...” Yulia se dejó caer hacia atrás. “Murió dos días después. Estaba inconsciente para cuando volví por la mañana. No volví a hablar con ella.”
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Re: Lo mejor para mi // Por: Eidan&Sille (Original de Clom)

Mensaje por HaziTha el Miér Mayo 27, 2015 5:24 pm

Capítulo 36: No hay una manera en el mundo de saberlo.
 
Lena se mordió el labio y alargó una mano hacia Yulia. Era todo lo que podía hacer. Sabía que nada de lo que tuviera que decir sería suficiente. No bastaba para decir a la otra chica que sabía cuánto daño le hacía. No bastaba para decir que no pasaba nada. No bastaba para decir que iba a ir bien. Así que simplemente alargó la mano.
 
Pero Yulia no se la cogió. En lugar de eso jugueteó con sus uñas, y Lena acabó por dejar que su palma descansara en la rodilla doblada de la otra chica. “Yul...”
 
“No hay nada que puedas decir, Lena. Nada va a cambiar lo que hice, o lo que significa. Siete largos años no han cambiado lo que hice... o quién soy.”
 
“Oh, Yul, no tienes que ser más que quien eres.”
 
“¿Cómo puedes decir eso?” Yulia alzó la cabeza rápidamente. “Después de lo que hice, después de que acabo de contarte...”
 
“Lo que me has contado, Yul, es que en momento de gran necesidad, cuando no tenían otro sitio al que volverte, cometiste un error. Y tuvo algunas consecuencias desafortunadas. Y que sólo fue eso, Yul, un error. Todos los cometemos.” La voz de Lena era baja. Trazando un dibujo en la rodilla de Yulia volvió a hablar, “No te hace una mala persona para siempre, Yulia.”
 
La morena resopló como respuesta. “Ahora estás siendo estúpida.”
 
“Yulia... Dios, puedo ver cómo te duele. Cómo no va a parar, pero no puedes machacarte por esto para siempre.”
 
“¿Quieres apostar?” Yulia hizo una mueca y bajó la vista. “Lena, no quiero hacerte daño.”
 
Y entonces Lena supo de qué trataba todo en realidad. No se trataba sólo del pasado de Yulia, aunque sabe Dios que la chica estaba claramente destrozada por ello. También se trataba de su futuro, del futuro de ambas. Lena siguió muy, muy cautelosamente.
 
“Yulia, aunque el dolor aún sea muy fresco, has cambiado, ¿sabes? En siete años.” Ignoró el ruido burlón de la otra chica. “¿Volverías a hacerlo?”
 
“¡Dios, no!” Explotó la morena, “¿Cómo puedes pen-?”
 
“No lo pienso” Cortó Lena. “Y nunca lo hice, pero tenías que decírtelo a ti misma. Que fue un error. Que aprendiste de él y nunca volverías a hacerlo porque eso es lo que se hace con los errores, Yulia, aprender de ellos.” Lena suspiró. “Crees que lo que hiciste estuvo mal, bien, lo estuvo. Pero te conozco, Yulia, y por mucho que no me creas, sé por qué hiciste lo que hiciste. Una de esas cosas oscuras que todos nos prometemos que no haríamos nunca y luego las hacemos en un instante de dolor. Pero ahora eres tú, y eres maravillosa.”
 
“No puedo creerlo, Lena. Intento tanto... ser mejor persona de lo que era...”
 
“Y por eso piensas que me estás usando.” Lena acabó la frase por ella.
 
Yulia asintió. “¿Cómo no voy a pensarlo? Si lo hago mejor contigo, da alguna manera lo arreglaré todo. Bueno, no, ya lo sé. Pero sigo esperando, intentándolo, y... si eso no es usarte.”
 
“Yulia, no puedes usar a alguien haciendo un bien con él. Lo que estás haciendo no es usarme. Es ser la mejor persona que puedes. Y eres una persona condenadamente mejor que la mayoría de gente.” Dijo Lena con énfasis.
 
“Sigo siendo... yo. Sigo siendo la persona que hizo aquello. Sigo siendo... Lena, ¿cómo puedes no odiarme? ¿Cómo puedes no estar preocupada por que pueda hacerte lo mismo? ¿O algo peor?”
 
Lena aspiró con fuerza. “¿Por qué te preocupa que puedas hacerlo?”
 
Era una pregunta peligrosa. Una que potencialmente rompería los muros cuidadosamente erigidos tras los que se encontraban ambas. En realidad lo que Yulia había dicho había hecho que le diera vueltas la cabeza y se le revolviera el estómago. Cómo no iba a hacerlo. ¿Sentía repulsión? No exactamente. ¿Impresión? Por supuesto. Era horrible, y Lena lo sabía. Pero también sabía que se estaba comiendo a Yulia por dentro. Y si bien su cabeza había estado en piloto automático durante los últimos diez minutos, hablando de errores y yendo básicamente con las viejas prerrogativas, había hecho un profundo análisis interior.
 
¿Estaba asustada? ¿Temía que Yulia le hiciera eso a ella? Entonces pensó en sí misma, lo que haría ella si tuviera que ver a su familia, a Katya o incluso a Vladimir muriendo. Con Katya no había duda, simplemente se derrumbaría. Lena sospechaba a medias que simplemente se haría un ovillo y moriría. ¿Pero y la familia, o Vladimir? ¿O Yulia? Ahí había una reflexión.
 
Ahí había muchos recovecos. ¿Podía admitir lo que sentía por Yulia? ¿Iba eso a cambiar las cosas? La respuesta directa era sí y no. No cambiaría lo que había pasado esa noche. Lena ya sabía la respuesta a lo que creía en ella. Quería a Yulia en su vida. Necesitaba a Yulia en su vida. Ella... no podía dar el siguiente paso y admitir lo que eso significaba. Lo que Yulia había hecho en el pasado para Lena estaba en el pasado. Pero sabía que para Yulia era muy real y en el presente. Y que si iban a ser amigas, o más que amigas, de cualquier manera eso siempre sería una sombra en la pared. En realidad a Lena sólo le importaba una cosa: Que ella era importante para Yulia, y no como alguna solución a su culpa. Sabía que la chica siempre intentaría compensar su pasado, pero si los sentimientos eran genuinos, Lena podía soportar eso, y probablemente mucho más.
 
Pero ahora la pregunta había sido formulada. Estaba retando a Yulia, y no era justo. La estaba retando a decir exactamente lo que Lena no podía admitirse a sí misma. Y esa noche, cuando la morena ya había llegado tan lejos. Lena podía haberse golpeado cuando se dio cuenta.
 
“Lena” La voz de Yulia era tranquila, y de pronto la chica pelirroja se dio cuenta de que habían permanecido en silencio durante bastante tiempo. “¿Puedes... puedes irte?”
 
“Yul...”
 
“No, escúchame. Gracias. Gracias por escucharme esta noche, y por venir y levantar mi trasero del abatimiento. Gracias por preocuparte. En serio. Pero... creo que ahora necesito estar sola, de verdad.”
 
“Oh, Yul, yo...”
 
“Por favor. Te lo prometo, cualquier pregunta, lo que necesites, puedo dártelo, pero no ahora mismo. Lo siento.”
 
Lena se adelantó y dejó un suave beso en la frente de su amiga. “No necesito nada de ti, Yulia. Ya te tengo a ti, y eso basta. Me iré.”
 
Se levantó del sofá y le sorprendió ver que Yulia la seguía. Y le sorprendió mucho más que la llevara a un fiero abrazo. Envolviendo a la guitarrista en sus brazos dejó que la sensación de la pequeña figura se fundiera en ella.
 
“Yulia, ¿me prometes algo?”
 
“¿El qué?”
 
“Prométeme que te veré pronto. Por favor. Créeme, no voy a salir de tu vida. Y no dejaré que tú salgas de la mía, necesito saber...” Un gentil dedo en sus labios la cortó.
 
“Por mucho que diga en mis accesos de llanto masivo, Lena, no voy a salir de tu vida.” Yulia suspiró. “No podría aunque quisiera. Y no quiero. Sólo necesito un poco de tiempo a solas ahora mismo.”
 
“Lo entiendo.” Aunque no era verdad. Lena sabía que Yulia había pasado las dos últimas semanas y media sola, pero si eso era lo que decía que necesitaba, Lena iba a dárselo. “Prométeme que te veré pronto. No unas cuantas semanas otra vez.”
 
“Lo prometo. El viernes, puedes hacerme la cena.” Lena sonrió ante el descaro de Yulia.
 
“El viernes. Haré lasaña.”
 
“El viernes.” Y Lena se fue, con el corazón ligero y pesado al mismo tiempo. Quién hubiera pensado que eso fuera posible, pero lo era.
 
La puerta se cerró, y Yulia suspiró. Era mucho. Demasiado. Aún le daba vueltas en la cabeza como el molinillo de colores que recordaba de su niñez. El primer regalo que podía recordar que le había comprado su padre.
 
Las últimas dos semanas habían sido un torbellino. Su recaída en su esplendor alcohólico, momentánea y acabada. Su consejero de rehabilitación hubiera estado orgulloso... bueno, si no hubiera recaído en primer lugar. Su visita a la tumba de Lisa, con el corazón pesado y la mente oscura, sólo otra visita. Una que hacía periódicamente. Esta vez con el mismo propósito pero un nuevo matiz. No había vuelto desde que había conocido a Lena. Meses, y se había... ¿olvidado? No, no lo había hecho, porque nunca podría. Pero se había permitido perderse en la felicidad por un tiempo. Hasta que había sido demasiado. Yulia era muy buena en eso, construir castillos de cartas hasta que caían y se hacían escombros, sorpresivamente pesados, aplastándola. Y ahora esto. Bueno... podía ser peor. Y a pesar de todo, no tenía ni idea de cómo sentirse al respecto de todo esto. Estaba vacía. Dolorosa y resonantemente vacía.
 
Cogiendo su guitarra se sentó, sintiéndose confortable con el peso en su rodilla. Tocó... y cerró los ojos.
 
Sus dedos dibujaron los acordes, bailando por las cuerdas, y cantó...
 
When I feel the tightness on my skin
And let the irritation
Just a little
Seep on in
I cannot sleep for all the dreams you keep invading.

 
When I know the truth that lies within,
Let the irritation
Creep a little
Down and in,
I will not dream for all the sleep I’m saving

 
Tied into your knots I was the last one to be saved by you
Taking time in to my hands and letting it wash on
Through and through
Tied into your knots I couldn’t see for all the haze that you
Brought here with me, in this time
Through and through.

 
When I know there’s no way to begin
Chinese water torture
Just a little
Drip on in
I will be the honesty you never thought would flow

 
When I know there’s only one way in
Darkness crawling
Just a little
Come on in
I will be the love you couldn’t know.

 
Tied into your knots I was the last one to be saved by you
Taking time in to my hands and letting it wash on
Through and through
Tied into your knots I couldn’t see for all the haze that you
Brought here with me, in this time
Through and through.
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Re: Lo mejor para mi // Por: Eidan&Sille (Original de Clom)

Mensaje por HaziTha el Miér Mayo 27, 2015 5:26 pm

Capítulo 37: Te sientas como te sientas, lo que sea necesario.
 
Lena echó un vistazo al horno y agitó la cabeza ante sus propias acciones. La lasaña estaba bien, simplemente bien. Igual que el pan de ajo, la ensalada, las bebidas, la... todo estaba bien. Y Lena tenía que dejar de verdad de inquietarse y comprobarlo todo. Yulia había dicho que iba a estar ahí, en realidad la hora de la cena era algo estándar. Estaría ahí a las siete, y Lena podría dejar de agobiarse. Así que, ¿por qué no podía?
 
Katya entraba y salía de la cocina a saltos buscando con expectación a su madre. Mr. Ruffles había asumido su habitual posición de colgar de arriba hacia debajo de la pata trasera en sus manos. Al minuto de haber oído que Yulia iba a ir a cenar había estado tan emocionada que había empezado a moverse nerviosa. Y no había dejado de estar emocionada desde entonces. Lena sonrió, al menos eso sería bueno para Yulia. Su hija era una maestra del amor incondicional, y eso era lo que la guitarrista más necesitaba ahora mismo.
 
Volvió a ir a mirar la lasaña y tuvo que alejarse frustrada. Había más de un motivo para el ritmo frustrado en su cabeza. Todo el problema de las preguntas sin contestar. El hecho de que sólo habían pasado tres días y aún así echaba de menos a Yulia. Lena había sido buena y se había atenido al trato, dando a Yulia tiempo a solas. Había evitado llamar y verla. Había enviado un mensaje al móvil, sólo para que la morena no olvidara que alguien se preocupaba por ella, y Lena había respirado aliviada cuando llegó una respuesta casi instantánea: Yulia lo llevaba bien. Y ahora podía llegar en cualquier momento y, **** sea, Lena tenía que dejar de sentirse como una colegiala mareada.
 
Bajó la vista a Katya, quien estaba en puro éxtasis, y sonrió. Menuda pareja, ella y su hija. Hubo un golpe en la puerta y la cabeza de Lena se alzó de pronto. Katya debió de notar el movimiento porque sus pequeños ojos se abrieron y corrió a la puerta, casi tropezándose por el camino. Aparentemente recordó su entrenamiento de cuidado con los extraños cuando llegó ahí, porque con el pomo en la mano se giró hacia Lena para pedir permiso. Lena asintió.
 
Y ahí estaba, la mujer en persona. Yulia sonrió desde la puerta y dejó escapar un ‘¡uf!’ cuando Katya se tiró encima de ella. Subió a la pequeña en brazos y la hizo cosquillas hasta conseguir un torrente de risas. Lena las observó desde la entrada de la cocina, con el corazón dándole vueltas ante la vista de ambas. ¿Sus dos chicas? Oh, Dios, lo cierto es que ahora mismo no podía llegar hasta ahí.
 
“Hola” Oyó que decía suavemente la morena.
 
“Hola” Sonrió. “Justo a tiempo. ¿Tienes hambre?”
 
“Sí, la verdad es que sí.” Yulia devolvió la sonrisa. Besó a Katya en la frente y la bajó, viéndola dar vueltas corriendo como un pollo loco. “¿Qué le pasa?” Preguntó con un estallido de carcajadas.
 
“Sólo está ilusionada por que hayas venido. Te ha echado de menos.” Confesó Lena. “Y yo también.”
 
“Bueno, he llegado.” Katya se sentó en un taburete de la barra de desayuno. “Y prometo acortar la longitud de mis ausencias en el futuro.”
 
“Bien. Porque, ¿sabes? Mr. Ruffles estaba empezando a reunir provisiones para ir a buscarte.”
 
“Oh, Dios, menos mal que he venido cuando he venido. No quiero que Mr. Ruffles esté enfadado conmigo. Parece peleón.” Yulia volvió a sonreír.
 
“Es peleón.” Lena se mantuvo ocupada poniendo la cena en la mesa. “Y tiene una mirada fulminante horrible.” Puso la lasaña en la mesa y se giró hacia Yulia. “¿Te importa coger a Katya por mí?”
 
“No hay problema.” La morena se marchó.
 
Y así compartieron lo que Lena consideraba una cena familiar. Fue perfecta, y eso la asustaba más que nada. No se le escapó que Yulia comía lentamente, o que Lena imitaba sus movimientos. Habría charla tras la cena. Y eso podía llevar a emociones y la posibilidad de que alguien dijese algo que la otra persona no quería oír. Fue el tiempo máximo en el que Lena consiguió acabar la lasaña.
 
La limpieza posterior fue cuidadosamente amigable, y Lena supo que ambas estaban esforzándose para encontrar temas sin controversia que discutir.
 
“Vale, puedo ver por qué Katya lleva babero para la lasaña.” Rió Yulia secando un plato.
 
“Sip. Fred la pone perdida.”
 
“¿Fred?”
 
“Fred la lasaña.” Dijo Lena con seriedad, pero había diversión bailando en sus ojos.
 
“¿¿Le has puesto nombre a tu lasaña??” Preguntó Yulia con incredulidad. “¿A todas? ¿Tienes que pensar un nuevo nombre cada vez que haces una?”
 
“Oh, no. Eso sería demasiado trabajo. Todas son Fred. Fred la lasaña.” Lena asintió con aire sabio. “Una debe estar segura de estas cosas.”
 
“Vale, Miyagi. Eres oficialmente rara, ¿lo sabes?”
 
“Sí” Lena rió. “Te encanta.”
 
“Sí.”
 
Y eso las detuvo a ambas, porque era más confesión de lo que las dos habían conseguido decir hasta el momento y en ese punto era demasiado obvia para malinterpretar. Acabaron con los platos en silencio, con sólo las pompas de jabón haciendo ruido, chasqueando suavemente como el viento en las hojas.
 
Katya probó ser una distracción estupenda. El juego de la escalera las mantuvo ocupadas a salvo hasta la hora de dormir de la pequeña. Mr. Ruffles ganó, repetidas veces. Yulia dijo que era porque era un elefante avispado. Katya dijo que era porque tenía más escaleras que serpientes. Lena dijo que era porque hacía trampas, por lo que recibió muchas cosquillas de su hija.
 
Después de que Katya estuviera metida en la cama, con los cuentos leídos y las reminiscencias de Fred lavadas en el baño, Lena se dio cuenta de que había llegado al final de su habilidad de evitar la difícil charla con Yulia. Además, ambas sabían que necesitaba hablar. Era sólo cuestión de quién iba a empezar.
 
Saliendo del pasillo, Lena recorrió el camino hasta el sofá, donde Yulia le prestaba un gran interés al borde de la mesa de café. Sentándose en el asiento junto a ella, la pelirroja subió las piernas para cruzarlas y miró a su amiga.
 
“Tenemos que hablar, ¿no?” Dijo Yulia, y si Lena no estaba equivocada, con irritabilidad en la voz.
 
“No TENEMOS” Lena soltó un poco el sedal. “Pero probablemente deberíamos.” Pero no del todo.
 
“¿Cuándo se pusieron las cosas tan complicadas entre nosotras?” Preguntó Yulia con remordimiento.
 
“Puedo pensar en varias ocasiones que han podido avivar el fuego de la complicación.” Admitió Lena. “Pero creo que siempre fueron complicadas, Yul. Incluso desde que nos conocimos.”
 
“Sí.” La morena tocó el borde de la mesa de café con renovado interés. “Lena...”
 
“Yulia, si esto es demasiado incómodo...”
 
“No” Agitó sus mechones negros con énfasis. “No lo es. Es que sé que tenemos que hablar y quiero pasarlo cuanto antes. Porque me gusta simplemente estar contigo y, cuanto antes apartemos del camino las cosas difíciles, antes podremos simplemente estar.”
 
“Lo entiendo.” Oh, desde luego que Lena lo entendía.
 
“Es sólo que no sé por dónde empezar.”
 
“¿Qué tal con ‘estás bien?” Lena tocó la rodilla de Yulia, enfatizando su frase.
 
Yulia dejó de sentirse tan fascinada por la superficie de madera enfrente de ella y se giró hacia Lena. “Lo estoy. De verdad.” Paró para considerar sus siguientes palabras. “Es decir, sigo afectada y sigue doliendo. Pero no creo que eso pare nunca. Y aún así, estoy bien. Me parece que puedo seguir adelante.”
 
“Eso es bueno.”
 
“Yo... quiero ser parte de tu vida, Lena.”
 
“Ya lo eres, ¿sabes? Y es un poco difícil salir de ella sin parecer maleducada” Bromeó la pelirroja, pinchando con el dedo a Yulia en la rodilla.
 
“Lo sé. Pero no quiero. Es que...”
 
“¿Sí?” Preguntó Lena, y el nudo en su estómago se tensó con preocupación. Odiaba los ‘es que’.
 
“No estoy segura de poder ser algo más que tu amiga en este momento.” Ahí, estaba dicho.
 
“Está bien, Yul, la verdad es que yo tampoco creo estar en posición de ser más que tu amiga.” Lena se inclinó hacia atrás. “Por mucho que sepa que estamos bien en muchos sentidos, tampoco ha desaparecido ninguna de las complicaciones de mi vida.”
 
“Fuimos un poco ingenuas la otra noche, Lena.”
 
“Por lo de que sería fácil ser ‘sólo amigas’” Entendió Lena. Los mismos pensamientos habían estado pasando por su cabeza. Y decidieran lo que decidieran hacer, sabía que en su mente nunca volverían a ser sólo amigas.
 
“Sigue siendo lo mejor que podemos hacer. Yo... creo que si voy a hacer esto bien no tengo que presionarme.” La mesa de café volvió a ser de gran interés para la morena. Lena puso la mano otra vez en la rodilla de Yulia, recuperando su atención.
 
“Está bien. Estamos bien, Yul. Te lo prometo.”
 
“¿De verdad?”
 
“Por supuesto.” Sonrió. “Ven aquí, boba.” Acercó a la guitarrista y la llevó a un fuerte abrazo. Cerró los ojos con fuerza ante la sensación de que el abrazo era devuelto.
 
“Gracias.” Oyó el murmullo de su compañera en su oído. Y no pudo evitar contestar en un susurro.
 
“No. Gracias a ti.”
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Re: Lo mejor para mi // Por: Eidan&Sille (Original de Clom)

Mensaje por HaziTha el Miér Mayo 27, 2015 5:29 pm

Capítulo 38: Casi atropello a un ángel.
 
“Yulia. ¿Vendrás a comer con mis padres el domingo?” Lena vio a la morena detener su tarea de colorear con Katya y alzar la mirada. El horror se dibujó en su cara. “Oh, por el amor de Dios, no es que te haya pedido que vengas a comer con Lizzie Borden y su hacha.” Rió Lena.
 
“Eh... Hem...” A Yulia se le habían comido la lengua. “¿Yo?” Consiguió decir con voz ahogada.
 
“No, tu zapato izquierdo. Sí, tú.”
 
“Eh... ¿por qué?” El ceño de Yulia se arrugó, y Lena resistió la urgencia de alargar una mano y suavizar las líneas con el pulgar.
 
“Bueno, porque me encantaría que los conocieras. Y porque me encantaría que vinieras. Y porque mi padre te ha invitado.”
 
“¿Tu padre sabe cosas de mí?” Yulia parecía aún más asustada.
 
“Eh, sí. ¿Por qué? ¿No debería?” Era el turno de Lena para parecer confundida.
 
“Bueno... Es que... Eh...”
 
“Yulia, cenas aquí la mitad de las noches de la semana, Pasas la mayoría de los fines de semana conmigo y con Katya. Has venido a un buen número de mis visitas pre-natales y eres mi mejor amiga. ¿Por qué NO iban a saber mis padres nada de ti?”
 
“Supongo que eso es cierto.” Concedió Yulia. “Es que nunca ha pensado en mí como alguien de conocer padres.”
 
Lena agitó la cabeza. Las incertidumbres de Yulia habían sido un poco más pronunciadas los últimos meses. Aunque seguía siendo la misma amiga comprensiva de siempre, Lena había podido discernir más vulnerabilidad y más miedo en su amiga. No era algo que Yulia hubiera dicho o hecho en sí, pero Lena podía decir que la morena era cuidadosa con sus palabras. Como si no quisiera pisar mal. Excepto cuando se trataba de defender a Lena, cuando saltaba como un tigre en llamas. Lena sacudió la cabeza.
 
Por supuesto, había sido Yulia la que había estado a su lado los últimos dos meses. Durante la mitad de su embarazo, Vladimir había vuelto a estar igual de ausente de siempre. Lena debía haberlo esperado, y hubiera sido más fácil hacerlo cuando él no aparecía ni intentaba hacer un esfuerzo ocasional. O al menos un esfuerzo para asegurarla que intentaba hacer un esfuerzo. Pero ese esfuerzo nunca se materializaba. Había faltado a su último escáner, aunque Lena le había dado el debido aviso. Fue una pena, porque el escáner de las 20 semanas era en el que se veía de verdad al bebé. En secreto, a Lena no le había importado. Había superado tanto lo de Vladimir que no merecía la pena. Ver la fascinación y las lágrimas en los ojos de Yulia en el sitio hizo que Lena enviara una oración de gracias porque su ex-marido fuera un adicto al trabajo. Vladimir estaba en Phoenix, y Yulia había estado a su lado, y así era exactamente como debían ser las cosas.
 
Lena tenía que admitirlo, concertaba las cosas para que Yulia pudiera estar cerca. Tenía la mayoría de las visitas los miércoles, para que ella pudiera estar en el hospital a la vez que Yulia. Ésta incluso había ido a uno de los chequeos de Katya. Katya había estado encantada con eso, y había presentado solemnemente a la guitarrista y a su pediatra. Y todo eso hacía que preguntas incómodas surgieran en Lena. ¿Podía hacer esto sola?
 
Vladimir no estaba. Yulia sí, y Lena sabía por instinto que la chica nunca la abandonaría. Y sabía que no era sólo porque Yulia estuviera intentando compensar su propia culpa, era porque le importaba. Porque era una buena persona, a pesar de las protestas de la morena por lo contrario. ¿Así que Lena sólo estaba saltando de un lugar seguro a otro? Siempre había supuesto que podría hacer esto sola, sólo que ahora... ahora no quería.
 
“¿No va a odiarme tu madre?” La pregunta de Yulia la sacó de sus pensamientos revueltos y ligeramente perturbadores.
 
“¿Qué? No.” Lena agitó la cabeza. “Le encantarás a mi madre.”
 
“Vale. Yo... Otra vez, ¿por qué?”
 
“Yulia, ¿te está entrando el pánico?” Lena se apoyó en los codos y observó a su amiga con una mirada penetrante.
 
“No. Bueno. Tal vez.” Al menos Yulia tuvo el sentido común de parecer avergonzada.
 
“Está bien, no tienes por qué venir, sólo dijeron que les gustaría conocerte y vamos a ir el domingo. Pensé que tener ahí a Katya ayudaría. Además, espero a medias que Vladimir aparezca y me encantaría tener algo de apoyo.” Lena se sentó en el taburete en el que estaba a horcajadas y se mordió el labio.
 
“Espera. ¿No es esa una razón más para no estar ahí?”
 
“No.” Además, en realidad Lena no esperaba que Vladimir se presentara. Sólo estaba siendo una idiota y apelaba al lado solidario de Yulia. Era algo bajo, porque Lena sabía que si Yulia pensaba que si ella la necesitaba ahí, no habría duda de que la morena fuera a ir. La pelirroja se echó atrás. “Oh, probablemente no vaya a estar. Está tanto en Phoenix estos días que debería tener acciones en el United.”
 
“Pasa mucho tiempo ahí, ¿verdad?” Dijo Yulia, alcanzándole la cera verde a Katya. Katya cogió el morado. “Solía comerme los morados. Tenía esperanzas de que supieran a uva.”
 
“Yo siempre iba a por las rosas. Fresa.” Sonrió Lena. “¿Vendrás?”
 
“Sí.” Gruñó la morena. “Sabes que sí.”
 
“Gracias.” Lena saltó del taburete y se inclinó para besar a Yulia en la sien. “Será divertido, ya lo verás.”
 
“Ajá” Dijo Yulia, totalmente dubitativa.
 
******************
 
Lena se dio cuenta, una media hora antes de que llegaran a casa de sus padres, de a que Yulia le había entrado el pánico de verdad. Iba vestida con la ropa más conservadora con la que Lena le había visto: pantalones liso y una camisa plana. Lena alzó una ceja,
 
“Yul, vamos a casa de mis padres, no a los juzgados.”
 
Yulia bajó la vista. “¿Demasiado?”
 
“No, estás bien. Tú siempre estás bien. Sólo que no pareces mucho tú misma.” Rió Lena. Yulia dejó escapar un resoplido cuando Katya llegó corriendo y se tiró a los brazos de la guitarrista. “¿Estás lista, pequeñaja?” Hizo señas a su hija. Katya asintió excitadamente y levantó a Mr. Ruffles. El elefante miró de reojo a Yulia desde su posición elevada y compartió el momento. “Supongo que todas estamos listas para irnos.” Lena miró a Yulia y la morena asintió.
 
“Todo preparado” Añadió débilmente.
 
“Entonces vamos” Sonrió Lena. Se inclinó y susurró en el oído de Yulia cuando salían por la puerta. “No te preocupes, no dejaré que te pase nada malo.”
 
Los nervios de Yulia fueron evidentes durante todo el viaje. Jugueteaba con los dedos, y Lena dominó la urgencia de echarse a reír. Sabía que las cosas irían bien en cuanto Yulia llegara de verdad a casa de sus padres. Vale, a veces Inessa Katina podía dar algo de miedo, pero siempre era educada con los invitados y el padre de Lena era un cielo. Iría bien. Mientras Yulia no entrara en la casa declarando ‘hola, soy Yulia. Estoy aquí para volver a su hija en una total lesbiana. ¿Podemos usar el sofá?’
 
Después de un viaje sin incidentes con Lena moderando sus miradas divertidas y murmullos, llegaron. Estaba sacando a Katya del asiento trasero cuando se fijó en que Yulia seguía firmemente atada al asiento del acompañante.
 
“¿Sabes? Creo que mis padres planeaban comer dentro,” Sonrió la pelirroja provocadoramente.
 
“¿Eh?”
 
“Bueno, podríamos sacarte la comida aquí, pero igual sería difícil encontrar un lugar para el mantel.” Lena señaló el salpicadero y luego dejó a Katya en la acera. Yulia sonrió avergonzada y salió del coche. “Mis padres no dan tanto miedo, ¿sabes?”
 
“Lo sé, lo sé.” Yulia hizo una mueca. “No son tus padres. Son CUALQUIER padres. No soy una persona de padres. Los míos daban asco. Se dedicaban en sus cosas”
 
“Bueno, ven a conocer a unos que no. Bueno, la mayoría del tiempo.” Lena apretó el brazo de Yulia y cerró el coche. Para la enorme gratificación de Yulia, Katya la cogió de la mano y la llevó a la puerta. Lena adoró el tierno momento, y supo que aunque su hija no se había dado cuenta, probablemente acababa de disolver la mitad de la tensión de la guitarrista.
 
Una llamada a la puerta fue rápidamente contestada por Sergey Katin, que saludó a su hija y su nieta con un cálido afecto y a su invitada con la misma amabilidad. Su actitud hizo que Yulia se sintiera cómoda, y pudo ver de inmediato por qué Lena adoraba a su padre. Lena también se sintió agradecida porque su madre tuviera su mejor comportamiento con los invitados. Honestamente, a pesar de las preocupaciones de Yulia, Lena ya sabía que sería así.
 
“Yulia, Lena nos ha contado que trabajas en el hospital” Inquirió Inessa con interés.
 
“Sí, el Callaghan Memorial. Trabajo ahí a media jornada.”
 
“¿Una terapeuta, creo?” Replicó Inessa, pasando las patatas a través de la mesa.
 
“Soy una músico-terapeuta. Hago algo de trabajo de grupo, y trabajo con alguno de los pacientes individuales de pediatría. Es sólo a media jornada, pero me encanta.”
 
“Debe de ser increíble,” entró Sergey.
 
“Lo es.” Contestó Yulia con suavidad, y a Lena le encantó la manera con la que los ojos y rostro de la morena se iluminaban cuando hablaba de su trabajo. “Desearía poder hacerlo más, pero no hay la suficiente inversión en el sistema. Por no mencionar alguna de las cosas que me encantaría hacer en la comunidad.”
 
“Es maravilloso que tengas tanta pasión” Se entusiasmó Inessa con genuino interés. ¿Qué hace el resto del tiempo?”
 
“Oh, un poco de esto, un poco de aquello.” Sonrió Yulia. “Doy algunas clases, incluyendo una en el centro comunitario. Doy algún concierto ocasional, y algo de guitarra de fondo para un estudio que conozco.”
 
“Lena tocó el piano unos cuantos años” Sergey sonrió afectuosamente a su hija.
 
“Papá” Gimió Lena, “Unos poco años en el colegio.”
 
“¡Nunca me lo habías contado!” Exclamó Yulia a su amiga. “Tendrás que tocar para mí.”
 
“¡No! ¡Definitivamente no!” Declaró Lena. “Sueno como una viejita moribunda; nadie necesita oírlo.”
 
Se encontró con un coro de protestas, pero se mantuvo firme. Pero Yulia tenía esa mirada, y Lena sospechó que no sería la última vez que oiría hablar del tema.
 
La comida continuó casi igual, con una conversación plácida y buena comida. Lena se sintió feliz al ver a Yulia relajarse progresivamente a medida que se daba cuenta de que los padres de la chica pelirroja no iban a comérsela viva. Mientras Lena ayudaba a su madre a limpiar la mesa, vio a Katya arrastrar a la morena, con Sergey detrás, para enseñar a su amiga sus lugares de juego favoritos.
 
“Tu amiga es encantadora, Lena” Su madre sonrió. “Deberías haberla traído antes.”
 
“Sí” Admitió Lena, “Pero las cosas han estado condenadamente ajetreadas.”
 
“El lenguaje, cariño” Dijo Inessa automáticamente. “Habéis pasado mucho tiempo juntas últimamente.” Lena sabía que su madre nunca sospecharía nada, así que no le dio mucha importancia a la pregunta.
 
“Sí. Ha sido maravillosa. Incluso ha venido a la mayoría de visitas pre-natales conmigo.”
 
“Oh, cielo, ¿no debería ir Vlad?” Preguntó Inessa metiendo platos en el lavavajillas.
 
“Sí” Respondió Lena con amargura. “Debería. Pero como sólo se ha presentado a una visita y a ningún escáner, en realidad me importa un carajo lo que haga ahora.”
 
“Oh, cariño, estoy segura de que simplemente está ocupado.”
 
“Mamá, ¿podemos no hablar hoy de Vladimir?” Estamos teniendo una comida estupenda y sabes que vamos a acabar discutiendo si seguimos. Me gustaría seguir estando bien por Yulia.” Avisó Lena.
 
“Lo sé, lo sé” Inessa alzó las manos, “Es sólo que no abandono la esperanza...”
 
“Bueno, lo siento, mamá, porque odio verte decepcionada y vas a estarlo” Lena se apartó el pelo de la frente de un soplido. “¿Cómo está Iván?” Hablar de sus hermanos, eso debería distraer a su madre.
 
“Oh, está...”
 
Lena dejó que su madre siguiera. En realidad no le importaba Iván. De todas formas ya sabía todas las noticias, y se ponían al corriente de vez en cuando. De cualquier forma Lena siempre se había llevado mejor con Andrei. Pero el truco había resultado, y al menos habían dejado el tema de su poco presente ex-marido.
 
*******************
 
Lena cayó en su sofá y se dio golpecitos en su hinchado abdomen.
 
“Estoy muchísimo más cansada en este embarazo de lo que estuve con Katya” Gimió a Yulia, que estaba colgando su chaqueta.
 
“¿Estás bien?” Preguntó con preocupación la morena. “Tendría que haber conducido desde casa de tus padres.”
 
“No, no, está bien. ¿Te lo has pasado bien?”
 
“La verdad es que sí. Tu padre es un cielo, y tu madre no da ni de cerca tanto miedo como pensaba.”
 
“Te dije que no era un dragón” Lena le sacó la lengua. “Le encantaste.”
 
“Mmm” Yulia estaba divertida. “Hasta que descubra todos mis oscuros secretos.”
 
“Bueno, no será por mí.” Prometió la pelirroja. Movió el dedo por su seno izquierdo. “Te lo juro... Urgh, ¿café?”
 
“Sí, pero yo lo haré.” Yulia se levantó e ignoró las protestas de Lena.
 
Dejando el té de hierbas de Lena y su propia dosis de cafeína, se hizo un ovillo en la esquina del sillón. “Si ahora estás cansada, ¿cómo vas a estar en diez semanas?”
 
“Muy embarazada” Rió Lena. “Estaré bien.”
 
“Bien, ¿qué vas a hacer aquí?” Presionó Yulia. “Lena, hablo en serio. Estoy preocupada. ¿Cómo vas a bañar a Katya, y cocinar, y limpiar, y todas esas cosas?”
 
“Estoy bien, Yulia. ¡No estoy lisiada, estoy embarazada!”
 
“Sí, bueno, aún así estoy preocupada.” Replicó Yulia con obstinación.
 
“Vale, Estás preocupada. Seguiremos hablando de esto otro día, cuando no esté hecha polvo.”
 
“¿Ves? Es justo lo que digo. Cre-”
 
“Yul. SHHH. O haré que te calles.” Advirtió Lena, aunque no tenía ni idea de cómo iba a cumplir eso.
 
“Oh, ¿de verdad?” ¿Y cómo planeas hacerlo?” Maldición, otra vez pillada.
 
“Oh, pensaré en algo, no te preocupes.” Se mantuvo Lena.
 
“¿Incluirá estar ahí sentada y no moverte?” Pinchó la morena. Como respuesta le lanzó un cojín.
 
Podía haber empezado una guerra de cojines, pero Katya y Mr. Ruffles eligieron ese momento para aparecer, con una copia de Buscando a Nemo en las manos y con aspecto esperanzado. Así que se pusieron en el sofá para compartir una noche de películas. Yulia incluso logró hacer palomitas de maíz.
 
Después de todo, decidió Lena, había sido un día muy bueno. Y no pudo evitar sonreír, sólo tener a Yulia en su vida parecía hacer que todo fuera un poquito más brillante.
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Re: Lo mejor para mi // Por: Eidan&Sille (Original de Clom)

Mensaje por HaziTha el Miér Mayo 27, 2015 5:31 pm

Capítulo 39: ¿Por qué aparecen pájaros de repente...?
 
“Lena, te lo juro, estaré ahí” Prometió Vladimir con urgencia.
 
“Vlad, la verdad es que ya no creo en tus promesas” Gruñó Lena. “Así que puedes guardarte algo de aliento y dejar esa parte de la frase.”
 
“Lena, entiéndeme, sé que he estado ocupado, pero ha sido en parte para poder despejar mi horario todo lo posible. Para poder estar en el parto y las semanas posteriores. Lo juro, he estado cumulando tanto trabajo últimamente para poder estar libre.”
 
Lena no estaba convencida. Por otra parte, ¿qué iba a decir?’No, no puedes venir al parto de tu propio hijo, sólo deja los cheques de dinero en el buzón.’
 
“De acuerdo, de acuerdo, pero escucha, Vlad...”
 
“Lena, estaré. ¡Tengo todo el fin de semana libre! Mi secretaria ha puesto notas con ello por toda su agenda. Te lo juro por Dios, estaré.” Sonaba muy genuino. Lena sabía que lo decía de corazón, quería estar ahí. Que se presentase o no era otra cosa.
 
“Vladimir. Sabes bien que sólo porque salga de cuentas un sábado no quiere decir de verdad que vaya a dar a luz en un fin de semana. Los bebés no tienes agendas en el útero. No puedes. No puedes mandarle por fax una solicitud pidéndole que salga cuando sea conveniente.”
 
“Ya lo sé. He despejado la semana antes y la de después. Sin reuniones importantes, ni Phoenix, y estaré.”
 
Lena suspiró, suponía que probablemente no podía pedir más. “Vale, Vlad. Sólo... No importa.” Estuvo tentada de pedirle que no la dejara abandonada otra vez, peor no creía tener las emociones necesarias para hacer esa petición. Además, él simplemente iría y lo haría. ¿Cómo había estado casada con él tanto tiempo? Que Dios ayudara a la mujer que se quedara con él después, Lena esperaba que también fuera una adicta al trabajo.
 
Colgando, se mordió el labio. No le parecía bien tener a Vlad en el parto. Había sido Yulia la que había estado a su lado las últimas treinta semanas. Había sido el apoyo que Lena había necesitado, y se lo había dado encantada e incuestionablemente. Y sin pedírselo. Definitivamente la morena NO había salido de la vida de Lena. Seguía teniendo sus momentos de profunda tristeza, pero de hecho la pelirroja estaba contenta con eso. Era más real que la Yulia contínuamente feliz que había conocido al principio. Le daba una tercera dimensión, y a Lena le hubiera parecido falso que no hubiera habido malos tiempos. Pero al menos estaba dejando que Lena se involucrara en ellos, y los llevaban día a día.
 
Lena suspiró y se puso una mano en la espalda. Bajando la vista a su hichado abdomen se preguntó si iba a tener gemelos. O eso, o iba a tener un bebé muy grande, y ya le dolía la espalda. Se sentó le sofá y subió los pies. Tendría que levantarse muy pronto, antes de que Yulia volviera con Katya. Si la morena la encontraba en el sofá volverían a tener la misma discusión. La única que tenían, y últimamente parecía una que ocurría de manera regular. La disputa en la que Lena insistía en que lo llevaba bien, y en la que Yulia insistía en que Lena necesitaba tomárselo con calma. En la que la guitarrista se ofrecía, una vez más, para quedarse hasta que naciera el bebé, y luego hasta que Lena estuviera establecida con los niños. En la que Lena estaba dolorosamente tentada de decir que sí, sólo para tener a Yulia cerca todo el tiempo. Y a pesar de ello, su insistencia en decir que no. Absolutamente no. Se sentiría horrible, como si estuviera usando a su amiga. Y además porque no era por la ayuda por lo que Lena la quería cerca.
 
Se puso la mano sobre los ojos y los cerró sólo un segundo. Los abriría en cualquier minuto, antes de que su niña y su mejor amiga llegaran del centro comunitario. De verdad que lo haría.
 
Fue el deliciosos olor de comida lo que finalmente despertó a Lena. Seguía en el sofá, pero alguien la había tapado cuidadosamente con una manta. Katya estaba sentada contra el sofá viendo dibujos animados sin sonido y con subtítulos. Mr. Ruffles estaba delicadamente metido bajo uno de los brazos de Lena. Parecía muy cómoda. La pelirroja podía oír a alguien merodeando por la cocina.
 
Lena se estiró y se levantó. El movimiento captó la atención de Katya, que sonrió a su madre. Con el corazón dándole un vuelco familiar, Lena se inclinó y besó con gentileza a su hija en la cima de la cabeza. Volvió a meter a Mr. Ruffles bajo el brazo de Katya y la dejó viendo los dibujos. Taconeando contra el suelo giró la esquina de la cocina para ver a Yulia frente al fuego.
 
“¡Ey, estás despierta!” Sonrió Yulia.
 
“Sí.” Lena bostezó. “Lo siento, sólo estaba descansando los ojos un momento y... ya sabes.” Echó un vistazo sobre el brazo de la morena a la cacerola. “¿Qué tenemos?”
 
“Pasta” Dijo Yulia.
 
“¿Pasta?”
 
“Sí. No soy la mejor cocinera del mundo. Hago chamuscados geniales. Asado chamuscado, huevos chamuscados. Tú lo nombras, y puedo quemarlo.” Admitió la morena, removiendo la salsa mientras hervía.
 
“¿Pasta quemada?” Inquirió Lena.
 
“Pues no. Mi pasta con olivas y tomate es comestible. También hago un salteado pasable. Aparte de eso, uso el microondas como una campeona, y podría darte mil vueltas con un abrelatas.” Sonrió.
 
“Pues bueno, Madame Chef, no puedo esperar a probar esta pasta.” Lena sonrió y se inclinó con cuidado hacia Yulia. Era un movimiento inconsciente, pero era muy confortable. Volvió a bostezar.
 
“Puedes ir a echar una cabezada si te apetece” Ofreció Yulia.
 
“Naah, estoy bien. Sólo son bostezos de despertar.” Prometió Lena.
 
“Asi que, ¿cuándo vas a dejar que te ayude?” Dijo la morena. Lena gimió ante su persistencia.
 
“Yulia, ya me ayudas. Llevas a Katya a clase de arte, estás cocinando. Ya haces miles de cosas por mí. Demasiadas. Eres la mejor, y nunca voy a ser capaz de agradecértelo lo suficiente.”
 
“No tienes que agradecérmelo, me alimentas la mayoría de noches. Además, me gusta hacer esas cosas. No es sólo eso, Lena, ¿y si te pasa algo y estás sola? ¿Y si te pones de parto?”
 
Lena hizo una mueca. “Espero que no, sólo estoy embarazada de seis meses y medio.”
 
“Digo en unas cuantas semanas. Sabes que siempre puede ser prematuro. Me preocupas.” Yulia frunció el ceño, estaba claro que no iba a dejarlo.
 
“Entonces te llamaré. O a mis padres. ¡O a Vlad!”
 
Yulia resopló burlonamente. Bueno, de acuerdo, era poco probable que Vladimir, pero Lena siguió manteniendo su postura, cruzando los brazos.
 
“Lo siento, sólo me preocupo por ti, ¿vale? Y si no me quieres cerca, lo entiendo.” Ofreció la morena con tono afable.
 
“Yulia, sabes que eso no es verdad. Me encanta tenerte cerca. Sólo que no hay manera de que pueda pedirte que hagas eso, no además de todo lo demás que haces por nosotras.”
 
“¿Quién lo está pidiendo?” Exclamó la guitarrista. “Yo me ofrezco. No lo estás pidiendo. Además, dormiré mejor si sé que estás en la habitación de al lado y no a unos cuantos barrios.”
 
“¿Vas a darte por vencida?” Preguntó Lena.
 
“Nop.” Sonaba enfática.
 
“De acuerdo.”
 
“¿En serio?” Preguntó Yulia con incredulidad. “Espera. No, ¿de verdad?”
 
Lena rió. “Sí. Pero aún no.”
 
“¿Eh?” Yulia le echó una mirada suspicaz.
 
“En un mes, ¿de acuerdo? De verdad que ahora estoy bien, y me niego a molestarte si no lo necesitamos. Pero si en un mes sigues preocupada y aún quieres venir a quedarte un tiempo, nos encantaría tenerte.” Lena se odiaba por hacer que sonara como si estuvieran haciendo un favor a Yulia, pero si no lo hacía su propio cerebro nunca la dejaría decir que sí. Además, no era una idea tan mala tener a alguien más cerca en caso de emergencia. No era estrictamente necesario, pero no mala idea de todos modos.
 
“Seguiré preocupada. Pero vale, en un mes.” Dijo Yulia malhumorada.
 
La cena resultó ser todo un éxito. Lena no estaba segura de cómo se iba a tomar Katya algunos de los ingredientes más exóticos de la salsa de la pasta, pero la pequeña lo devoró. Y estaba deliciosa. Siendo pasta, necesitó algo de limpieza después, y Lena se alegró de haber vetado la presencia de Mr. Ruffles en la mesa o probablemente tendrían una repetición de la debacle de la lavadora.
 
Lena bañó a Katya y la preparó para la cama. Volvió a preguntar a Yulia si quería leer el cuento de antes de dormir, y descubrió que la morena había lavado todos los platos. Gruñéndola, envió a la guitarrista a leer el cuento. Todo estaba tan limpio y ordenador que no tenía nada que hacer, y fue hasta el sofá.
 
Yulia se unió a ella media hora después, y se estiró para acomodarse.
 
“Tío, ese elfante es hilarante,” Comentó.
 
“¿Mr. Ruffles?” Inquirió Lena.
 
“Mmm.”
 
“Sí, le tengo cariño al pequeño molestón.” Admitió Lena.
 
Cayeron lentamente juntas en un amigable silencio. Depués de un rato Yulia lo rompió.
 
“Lena...”
 
“Mmm”
 
“Hay algo que quiero pedirte que hagas conmigo.”
 
Lena la miró con curiosidad cuidadosamente guardada. “¿Qué es?” Preguntó.
 
“¿Vendrás conmigo a ver la tumba de Lisa?” La voz de Yulia era tímida, y Lena lo sintió profundamente por ella al oír el tono.
 
“Por supuesto” susurró cogiendo la mano de la morena en la suya, apretando y aferrándose a ella. “Cuando quieras.”
 
“Gracias” Susurró Yulia.
 
“Cuando quieras.” Reiteró Lena. “Cuando quieras.”
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Re: Lo mejor para mi // Por: Eidan&Sille (Original de Clom)

Mensaje por HaziTha el Miér Mayo 27, 2015 5:32 pm

Capítulo 40: Ahí va, ahí va, ahí va otra vez.
 
Lena supo inmediatamente quién era cuando la morena se coló en el cubículo. Tenía la cara pálida de preocupación y parecía que había corrido un kilómetro. Probablemente lo había hecho.
 
“Oh, Dios mío, Lena, ¿estás bien?” Yulia llegó a la cama en un santiamén y unas pocas enfermeras se asomaron entre las cortinas con aspecto consternado y cansado.
 
“Señorita, señorita, no puede...” Tartamudeó una de ellas; pero Yulia las ignoró, tomando con fuerza la mano de Lena en la suya y con aspecto aterrorizado.
 
“¿Estás bien? Recibí tu mensaje, estaba...”
 
“Yul, Yul, cálmate” Dijo Lena un poco perpleja. “Estoy bien. Sólo que no me dejan conducir hasta casa, eso es todo.”
 
“Pues claro que no. ¿Están locos? ¿Por qué iban a dejar que te marcharas? ¿Deberían dejarte ir? Deberías quedarte una noche. Hablaré con un médico, quédate aquí. No espera, yo...” Yulia se giró para irse y dio unos dos pasos.
 
“¡Yul, por el amor de Dios!” Cortó Lena con una mirada atónita y una carcajada. “Cálmate un segundo, estás haciendo que mi presión sanguínea suba por las nubes.”
 
Eso tuvo efecto. Nada como una pequeña mentira médica para conseguir que Yulia Vólkova aparentemente se detuviera sobre sus pasos.
 
“Oh, Dios...” Pero no para que dejara del todo de estar histérica.
 
“Yulia, shhh, en serio, vas a hacer que te echen. Ven aquí.” Lena alargó la mano y la morena volvió, enlazando sus dedos con los de Lena y sentándose a un lado de la cama. Eso le valió una mirada fulminante de la enfermera, que dijo con aspereza “shh” y cerró las cortinas.
 
Lena, pálida, se recostó contra las almohadas y disfrutó de la sensación de la mano de Yulia en la suya. Tendría que haber sabido que obtendría esta respuesta de su amiga. Su amiga se preocupaba por todo de cualquier forma, pero cuando se trataba de Lena... Bueno, no parecía haber un límite para su inquietud. Sin embargo, el hospital le había dejado claro que no iba a dejarla conducir hasta casa, y de ninguna manera iba a llamar a sus padres. Así que Yulia era la siguiente elección obvia. Además, Lena admitía sentirse vagamente frágil y nunca se le había dado muy bien estar enferma. Tenía tendencia a ponerse sentimental y a querer que la cuidaran. Su padre siempre había sido su persona favorita para tener cerca, y normalmente ansiaba que él estuviera cuando no se encontraba bien. Hoy, sin embargo, la única persona que deseaba en secreto que la cuidara era la morena que ahora se sentaba enfrente de ella. Así que Lena había cedido y la había llamado.
 
Yulia alargó una delgada mano y quitó unos rizos de pelo de la húmeda frente de Lena.
 
“¿Estás segura de que estás bien? La verdad es que no lo parece.”
 
“Los médicos han dicho que tengo un poco de anemia.” Admitió Lena. “Necesito más hierro y estaba cansada, así que me desvanecí un poco. Han hecho todas las pruebas pertinentes y, aparte de eso, el bebé y yo estamos sanos. Te lo prometo, estamos bien.”
 
“Haces demasiado, Lena. Por eso estás cansada.” Respondió Yulia con obstinación.
 
“Suenas como mi padre.” Rió Lena.
 
“Bueno, me gusta tu padre. Es un buen tipo, así que no me parece mal sonar como él.”
 
“Mientras no empieces a hacer bromas de padre, estaré bien,” Lena sonrió débilmente. “Pero de verdad, estoy bien.”
 
Yulia frunció el ceño. “Estás de 33 semanas, Lena, te quedan menos de dos meses. ¿Y si empiezas a tomártelo con algo más de calma?”
 
Lena se mordió el labio. Últimamente se había sentido cansada. Y cansada significaba comer menos. Y comer menos probablemente no ayudaba con la anemia o el cansancio. Pero las cosas estaban estresantes en el momento. Estaba intentando desesperadamente equilibrar todo en su vida y prepararse para su nuevo bebé, y las cosas estaban... difíciles. Podía pedir ayuda. Sus padres y Yulia saltarían al momento, pero Lena era testaruda. Había dejado que Yulia le ayudara lo suficiente, y dependía de ella lo bastante como para sentirse una blandengue. Si pedía más no estaba segura de poder vivir por sí misma. O de lo que eso significaba.
 
Además, había cosas para las que nunca pediría ayuda a Yulia. Como las finanzas. Vale, no estaba completamente en blanco, pero tenía un bolsillo muy, muy apretado y prácticamente dependía de que Vladimir le enviara el dinero para Katya. En su favor nunca había llegado tarde, y había dicho enseguida, sin dobleces, que doblaría inmediatamente el dinero cuando llegara el nuevo bebé. Lena tenía que reconocérselo, podía no ser el ex-marido más disponible emocionalmente, pero cuando se trataba de asuntos prácticos era todo sustancia. Aunque desearía que viera más a Katya, el dinero no era un sustituto. En honor a todo ello había hecho unos cuantos turnos extra en el trabajo, porque el dinero extra iba a ayudar con el bebé. Y probablemente eso tampoco había ayudado con el cansancio.
 
También tenía una pequeña sospecha de que su jefe iba a darle la baja por maternidad un poco antes de lo planeado. Probablemente tenía que ver con el pequeño espectáculo del desmayo que había protagonizado en la oficina antes ese día. Por ello la habían llevado, había sido pinchada y revisada en una sala de emergencia toda la tarde, y por eso Yulia había llegado tan rápido como si la hubieran matado.
 
Lena suspiró y miró a Yulia. En realidad sí que debería de empezar a tomárselo con más calma, pero la testarudez en su interior se opuso. “Estoy bien, Yulia. Ahora tengo dos días libres. Lo prometo, me habré recuperado del todo el viernes volveré a ser la de siempre.”
 
“Vas a seguir trabajando, ¿verdad?” Dijo Yulia con calma. Había una especie de tono sereno en su voz que Lena encontró nuevo e intrigante.
 
“Sí, la verdad es que no tengo mucha elección.”
 
“Hay otra forma de hacer las cosas.” Dijo Yulia sin concretar.
 
“¿Cómo la factura de la electricidad?” Rió Lena. “¿Incluye brujería o vudú? Espera, podemos hacer una copia de la factura y clavarle chinchetas... oye... quizá eso funcione.” La digresión humorística no funcionó.
 
“Lo digo de verdad, Lena, estoy preocupada.”
 
“Siempre estás preocupada por mí, Yul. Parece ser tu estado base. Pero tienes que creerme, estoy bien. Y de verdad que necesito trabajar porque... bueno, porque tengo que hacerlo.”
 
“¿Entonces estarás más tranquila en casa?” Presionó Yulia.
 
“¿Podemos irnos a casa?” Interrumpió Lena. “Me estoy cansando algo de esta bata de hospital.” Indicó a la bata blanca sin espalda que llevaba, pareciéndole incómodo que todo el mundo pudiera ver su trasero en ropa interior.
 
Yulia la miró y los ojos se le entrecerraron un poco. “Te llevaré a casa.”
 
“¡Gracias!” Lena suspiró dramáticamente y se sentó, lista para levantarse y cambiarse, cuando encontró la mano de Yulia en su hombro.
 
“Con una condición.” Dijo la morena con tono petulante.
 
“¿Qué?” Replicó la pelirroja con incredulidad. “No, sin condiciones. Lo siento, llamaré a un taxi.”
 
“El hospital no te va a dejar.” Yulia agitó la cabeza con suficiencia. Había un brillo determinado en sus ojos, y Lena estrechó su mirada.
 
“¿Qué?”
 
“Tengo que mudarme. Ahora.”
 
Ajá. Así que eso era.
 
“De todos modos vas a venir en tres semanas, Yul.” Apuntó la pelirroja.
 
“Y estoy preocupada por ti AHORA” Contraatacó la guitarrista.
 
“¿Podemos hablar de esto en casa?” Rogó Lena. “¡Por favor!”
 
“Nop.” Dijo Yulia, no era de las que se dejasen avasallar. “Prométemelo o no nos iremos.”
 
“No puedo pedirte que hagas esto, Yulia, es demasiado.”
 
“¿Quién lo está pidiendo? Yo me ofrezco, si recuerdas. Ya hemos tenido esta conversación. Además, voy más allá de ofrecerme. Te estoy chantajeando para que aceptes y nos podamos ir.” Sonrió alegremente.
 
“Chantaje.” Dijo Lena con debilidad. Se cruzó de brazos y se mordió el labio. “¿Y si digo que no?”
 
“Ja. No te llevo a casa y llamo a tus padres.” Yulia sonrió más.
 
“¡No eres capaz!” Lena parecía horrorizada.
 
“Oh, sí que lo soy.” Y Lena la creía. Era muy, verdadera y absolutamente capaz. La muy caradura.
 
“Oh, Dios, mío, sí que lo eres.” Los ojos de Lena se abrieron.
 
“Sí. Y estoy segura de que te encantaría oír esa conversación con tu madre.” Yulia se sacó el móvil del bolsillo y lo abrió. Se separó un poco de Lena, que ahora tenía una mirada salvaje en el rostro. “Hola, señora Katina. Su hija acaba de caerse y está en el hospital. No, de verdad, no venga aquí muy rápido...” Esquivó el golpe de Lena en el brazo y la echó una mirada increíblemente malévola. “Sí creo que debería llamar a la funeraria...” La boca de Lena se abrió con un jadeo.
 
“Yulia, cállate, ni siquiera has marcado y esto no tiene gracia.
 
Yulia sonrió y volvió a meterse el teléfono en el bolsillo. “Oh, pero sería estupendo, ¿o no?” Se apoyó en las manos y su rostro quedó a centímetros del de Lena. “Voy a ir a tu casa. Esta semana. Y te lo vas a tomar con calma. ¿Entendido?”
 
Había algo muy atractivo en esta nueva Yulia dominante. Provocaba cosas en Lena que no estaban del todo en la esfera de amistad.
 
“Si digo que puedes quedarte, ¿te quitarás de encima de mí?”
 
“No lo sé, esa bata de hospital es bastante sexy” Bromeó Yulia. “Y parece que me estoy saliendo con la mía, así que estoy segura de que hay miles de cosas con las que puedo hacerte chantaje y...” Captó la mirada del rostro de Lena. “Sí, claro que sí, cabeza dura. Sólo quiero estar segura de que estás bien.”
 
“Estoy bien, Yul.” Dijo el disco rayado de Lena.
 
“Quiero estar cerca para asegurarme” Presionó Yulia. “Por favor.”
 
“Vale, está bien. Si quieres venir a vivir a casa ahora, ven a vivir a casa ahora.” Lena alzó las manos en derrota. “¿Ahora podemos, POR FAVOR, irnos? Odio los hospitales.”
 
“Cuando lo diga el doctor.” Yulia plantó un beso en la frente de Lena.
 
**************************
 
“Yulia, no soy una completa inválida y me niego a pasar las siguientes siete semanas en el sofá.” Apuntó Lena con obstinación.
 
“Quizá no las siguientes siete semanas” Dijo Yulia cogiendo otro cojín y alcanzándoselo a la pelirroja. “Pero sí los próximos dos días. Has salido del hospital hace sólo tres horas.”
 
“Ugh” Lena volvió a caer contra los cojines. “Vas a ser imposible, ¿verdad?”
 
Yulia se sentó junto a ella y puso una delgada mano sobre la de Lena. Sus manos permanecieron juntas, piel contra piel, sobre la hinchada y tensa piel del abdomen embarazado de la pelirroja. El rostro de Yulia dio un pequeño brinco. Lena sonrió y sacó la mano de debajo. Poniéndola sobre la de Yulia la movió un poco y empujó ligeramente hacia abajo. Yulia volvió a saltar y se la quedó mirando alucinada.
 
“Oh, Dios mío, ¿eso era...?” Preguntó con asombro.
 
“El bebé. Sí, le gusta patear.” Lena sonrió. La mirada en el rostro de Yulia no tenía precio, y enviaba calidez a través de la pelirroja más rápido que un trago de whiskey.
 
“¿Él?”
 
“Bueno, no sé si es un chico. Pero creo que sí. Lo intuyo.” Admitió Lena. Volvió a sonreír cuando Yulia saltó un poco más.
 
“Caray, patea mucho” Aspiró con fascinación. “¿No se siente extraño?”
 
“Te acostumbras bastante rápido.” Dijo Lena. “Katya no daba tantas patadas, ni de cerca tantas como este. Tendrías que haber visto su cara el otro día, cuando lo sintió. Impagable. Más o menos como la tuya ahora.”
 
Yulia se puso de un precioso tono rojo y bajó la vista. “Nunca antes había sentido algo así.”
 
“Me alegro de poder compartirlo contigo.” Susurró Lena.
 
“Gracias por compartirlo.” Contestó en el mismo tono Yulia.
 
Y compartieron ese momento; sus manos calentando con gentileza la de la otra sobre el ombligo de Lena y sus miradas penetrándose entre ellas, cerca y juntas. No tenían que estar juntas para sentir esto, y ninguna tenía que admitirlo. Sin palabras ni decisiones, ambas implemente sabían que estarían junto a la otra durante mucho tiempo. En cualquier tipo de unión que eligieran, tenían un lugar reservado para la otra en unas vidas que ahora giraban en órbita. Y Lena se sintió más completa de lo que se había sentido en su vida. Por fin había encontrado su sol.
 
**********************
 
De mal humor, Yulia dejó de quejarse de que Lena fuera a trabajar el viernes. La pelirroja tenía bastante más color en las mejillas y estaba determinada a ir. Lena estaba contenta por tener un respiro, pero sobre las dos de la tarde se preguntaba si tal vez no debería haber sido ella la que cediera. Estaba exhausta, y estaba segura de que tenía el rostro hundido y tenso. Para cuando llegaron las cinco Lena estaba contenta de poder llegar al coche.
 
Lena supo que Yulia se daría cuenta de lo cansada que estaba en el segundo de entrar por la puerta. Y la mirada en el rostro de la morena hizo que Lena se diera cuente de lo bien que podía leer a su amiga.
 
“Al sofá.” Dijo Yulia. No era una pregunta ni una afirmación. Más bien una orden. Lena pensó un poco en discutir sólo por discutir, y luego cedió, cayendo y gimiendo. Sintió una suave mano acariciarle la cabeza y abrió los ojos.
 
“Hola” Señaló a Katya, que la miraba desde arriba con ojos preocupados.
 
“Mami, ¿estás bien?” Contestó Katya en señas.
 
“Sólo cansada, cariño, sólo cansada. ¿Qué hay de cena?” Se sentó con dificultad y encontró a Yulia de pie a un metro del final del sofá, de brazos cruzados y con una mirada pensativa.
 
“Tengo la cena bajo control” Replicó Yulia.
 
“Oh, Yul, no tenías por qué, en serio.” Dijo Lena con seriedad. “Solo esto-”
 
“¿Exhausta?” Cortó Yulia. Se mordió el labio y luego su rostro se suavizó. “Lo siento, sólo me preocupo. Mira, volví pronto de clase. Y convencí a la enana para que probara mi salteado, así que la cena está controlada. No es como si no me hubieras alimentado lo suficiente, Lena.”
 
“Gracias” La pelirroja no tenía ni idea de qué decir.
 
Volvió a caer en el sofá y dejó que la relajación se colara en sus huesos y músculos. Nunca había estado así de cansada con Katya, pero claro, había tenido mucho más tiempo con Katya. Y Vladimir había sido significativamente más atento en su primer embarazo. Por supuesto, Lena no le había echado a patadas por aquél entonces, pero el hecho era que no había estado tan ocupado.
 
Después de un rato las risitas y sonidos que venían de la cocina se hicieron demasiado atractivos como para ser ignorados, y Lena se levantó del sofá. Se puso en un taburete de la barra de desayuno y observó a sus dos chicas favoritas cocinar.
 
“¿Puedo ayudar?” Inquirió.
 
“Creo que lo tenemos bajo control.” Sonrió Yulia. Deletreó con los dedos ‘zanahorias’ a Katya, que las sacó con mucha solemnidad del frigorífico. Lena devolvió la sonrisa. El lenguaje de signos de Yulia mejoraba cada vez más. Cuando no sabía una palabra la deletreaba con tanta fluidez que se reconocía perfectamente. Lena agitó la cabeza, aún no podía creer lo que había hecho Yulia para también ser parte de la vida de Katya. Ver a su pequeña reír mientras ayudaba a la morena hizo que su corazón volara.
 
Katya y Yulia acabaron la cena mientras Lena se hizo la guardiana de Mr. Ruffles, que sentía desdén por todo eso de cocinar. Eso, y que no quería acabar otra vez en la lavadora. Eso no había sido divertido para nadie, y menos para Mr. Ruffles. Se sentó en la barra de desayuno con gracia mientras comían, y mantuvo vigilada de cerca de la familia ante él.
 
Después de cenar ayudó a lavar los platos, o lo que es lo mismo, ordenó todo desde su posición sedente. Lena se vio obligada a sentarse junto a él a pesar de las muy vocales protestas de ella. Fue más cosa de Katya que de Yulia, porque en realidad ella no era tan firme en la mayoría de Lena, así que cuando le dijo a Lena que se sentara sin discutir, Lena se sentó. También fue la primera vez que vio a Katya echar una mano con la limpieza. Genial, ahora Yulia le estaba enseñando a su hija buenos hábitos. Lena se preguntó si había una posición disponible para santas lesbianas y sexys.
 
Pero eso probablemente la haría intocable, y Lena había dejado que en ocasiones sus pensamientos volaran al tacto.
 
“¿Lena?” Saliendo de su ensoñación Lena miró a Yulia, que estaba apoyada en la encimera enfrente de ella.
 
“¿Eh?”
 
“¿Tierra llamando a Lena?” Rió Yulia. “¿Nos recibe?”
 
“¡Oh, Dios, de verdad que eres una payasa!” Rió Lena. “Y cada día suenas más como mi padre.”
 
“Cristo” Yulia se pasó una mano por sus mechones negros. “Vale, tengo que hacer algo al respecto. Lo que decía, de todas formas, era que si querías ver un DVD. Yo bañaré a Katya y la meteré en la cama si tú eliges la película y te pones cómoda.”
 
“Mi trabajo no suena muy extenuante” Bromeó Lena.
 
“Sí, pero sé que tenemos que dejarte las cosas pequeñas o no lo harás.”
 
Eso la valió a Yulia un juguetón golpe en le brazo.
 
Una vez que Katya estuvo arropada en la cama, Lena se encontró limpiamente cubierta en el sofá con una manta cubriéndola a medias y con la cabeza en el hombro de Yulia. A mitad de la película cambió de posición para que su cabeza descansara en el regazo de la morena, y una mano le acariciaba ausentemente la cabeza. Lena no estaba prestando ni una pizca de atención a la película. Estaba adormilada, y las caricias eran tan suaves que la estaban enviando a un mundo de mariposas y lugares cálidos.
 
El chirriante sonido del timbre de la puerta la sacó de su casi sueño. Saltó del regazo de Yulia y parpadeó de manera confusa hacia la puerta.
 
“¿Quién es?” Preguntó Yulia.
 
“No lo sé” Dijo Lena con una sacudida de cabeza. “Yo iré.”
 
“No, tú te quedas aquí, a mí me cuesta menos levantarme.” La morena se dirigió a la puerta, con Lena sacándole la lengua ante el reproche. Sólo podía ver la espalda de Yulia cuando se abrió la puerta, pero la voz era inconfundible.
 
“Oh.” Era Vladimir“¿Está Lena?”
 
Yulia abrió sin palabras la puerta hacia la forma ligeramente desarreglada de Lena en el sofá. Lena se pasó con rapidez por sus rizos despeinados.
 
“Vlad, ¿qué estás haciendo aquí?” Miró su reloj, eran las nueve de la noche. Su ex-marido pasó por la puerta y Yulia la cerró tras él, y una de sus cejas se arqueó con la perfecta forma de un signo de interrogación.
 
“Yo, eh, venía a verte.” Observó a Yulia con una mirada medio molesta y medio curiosa. “Pero si tienes una invitada...”
 
“Yulia no es una invitada” Respondió Lena, “Es un poco tarde, ¿pasa algo en particular?”
 
“En realidad no, sólo que no os he visto a ti o Katya desde hace un tiempo. La verdad es que demasiado, y pensé que podía venir a saludar.”
 
“Oh. Bueno, ha sido muy amable de tu parte pasarte, pero probablemente ahora no sea el mejor momento” Lena podría haber puesto los ojos en blanco ante su estupidez, pero se retuvo. “Katya está dormida y yo, bueno, cansada. Además estamos en medio de una película” Indicó la escena congelada en la televisión.
 
“Claro, no me quedaré mucho tiempo. ¿Quizá sólo un café?” Preguntó con esperanza.
 
Lena suspiró. Probablemente fue más dramático de lo que tenía que ser. Sonando un poco como una mártir se encogió de hombros. “Claro. Un café. Pero Katya está dormida.”
 
La respuesta de Vladimir fue encogerse de hombros. Se sentó en el sillón, para el obvio disgusto de Yulia, y Lena se sentó más enderezada. Puso las manos en el borde del sofá para levantarse y la morena la detuvo. “No, Lena, yo haré el café.”
 
Fue hacia la cocina y a Lena no se le escapó la mirada de sorpresa ni de ligera ira en el rostro de Vladimir. Era obvio que estaba incómodo con la familiaridad de Yulia en la casa. A Lena no le importó lo más mínimo e ignoró su actitud.
 
“¿Cómo estás?” Preguntó con cansancio. Eso tampoco le importaba, pero su madre la había criado para ser educada.
 
“Trabajando duro” Replicó Vladimir. Como si ella no lo supiera. “El proyecto va bien... estamos...” Lena le dejó que siguiera hablando de su trabajo. No estaba ni remotamente interesada, pero que él parloteara quería decir que ella no tendría que hacer el esfuerzo de hablar. Hasta que de pronto él se cortó.
 
“Así que, ¿estáis mucho juntas?” Señaló a Yulia, que estaba echando demasiado azúcar en el café de Vladimir muy deliberadamente.
 
“Podrías decir eso” contestó Lena. “Vive aquí.”
 
“¿Ella qué?” Según lo dijo Vladimir era como si Lena le hubiera dicho que Yulia era su madame y que habían abierto una casa de citas. Puro horror. “Lena, no necesitas ese tipo de lío ahora. Sé que acoges a los mendigos pero ¿no crees que, con el bebé por venir...?”
 
Yulia estrelló el café enfrente de él y puso el de Lena con un golpe más gentil. Sonrió con dulzura al intruso y luego se giró a Lena.
 
“Estaré en el otro cuarto, ¿vale? Llámame si me necesitas.”
 
Lena, por su parte, estaba horrorizada. ¿Cómo se atrevía?”
 
“¿Cómo te atreves?” Escupió a Vlad. ¿Quién demonios te crees que eres? Yulia, no te vayas a ninguna parte.” Eso detuvo a la morena sobre sus pisadas e hizo que se girase. Lena continuó. “Yulia se ofreció a mudarse para ayudarme, Vlad, porque lo que tú no sabes, después de que te presentes aquí tras de estar completamente ausente durante tres meses, es que no estoy en mi mejor momento. Estoy hecha polvo y tú no sabes nada de esta ****, así que ¿cómo te atreves a venir a mi casa e insultar a mis amigas?” Se pasó una mano por la frente y suspiró con cansancio. “Vete, Vlad.”
 
Él la miró con la boca ligeramente abierta, como un pez esperando a que bajara ese último trozo de comida. “Lena, lo siento; por favor, deja que...”
 
Yulia no prestaba ninguna atención a lo que decía. Estaba enfocada en el rostro muy hundido de Lena, y el hecho de que el imbécil que le hacía tener ese aspecto siguiera farfullando. “¡Oh, me cago en la leche, idiota!” Dejó escapar. “¿No ves lo cansada que está?”
 
La atención de Vladimir volvió a enfocarse.
 
“Yul, está bien.” Dijo Lena en voz baja. Apreciaba la preocupación de la morena, y que saltara en su defensa, pero en realidad no quería que esto fuera más lejos.
 
“No está bien, Lena. Estás cansada y quieres que se vaya.” Se giró a Vladimir. “Deberías irte. Vuelve otro día, cuando no esté tan exhausta.” Yendo hacia la puerta la abrió.
 
Vladimir se levantó atontado. Miró a Lena sin palabras pero con ojos suplicantes. Ella cedió un poco. “Tiene razón, Vlad, estoy hecha polvo. Por favor. Esta noche no. Ven este fin de semana y te pondré al día de todo lo que ha pasado, ¿vale? Puedes estar con Katya y...”
 
“Eh” Interrumpió él con mirada culpable. “Este fin de semana estoy en Phoenix.”
 
Yulia puso los ojos en blanco y siguió de pie junto a la puerta abierta.
 
“No me importa.” Dijo Lena cansadamente. “La semana que viene, cuando sea. Sólo llama primero, ¿de acuerdo?”
 
“Vale, lo haré. La semana que viene, lo prometo.”
 
Salió por la puerta y miró a Yulia. Estaba claro que no tenía ni idea de qué decir a la chica.
 
“Buenas noches, Vlad” Dijo Lena con suavidad desde dentro.
 
“Buenos noches, Lena” Replicó. Miró a Yulia. “Ehh, buenas noches.”
 
“Buenas noches” Dijo la morena con sequedad, y luego le cerró la puerta en la cara.
 
“¡Yulia!” Exclamó Lena, pero se estaba aguantando la risa. No debería hacerlo. Probablemente era como habría reaccionado con Vladimir hacía meses, pero algo en las acciones de la guitarrista la hacía reír. “Oh, Dios, tú...” Rió.
 
Yulia sonrió avergonzada. “Lo siento. Me estaba poniendo de los nervios.”
 
“Lo sé. Lo siento, no tenía derecho a decir eso de ti. Es que no te conoce e hizo conclusiones precipitadas.”
 
“Eso no me importa.” Yulia le quitó importancia con un giro de la mano. “Te estaba molestando, y ahora mismo no deberían molestarte.”
 
“Lo sé.” Lena se echó hacia atrás y volvió a suspirar. “Odio que sea tan intermitente.”
 
Yulia se sentó junto a la chica pelirroja y le puso un brazo alrededor de los hombros. “Necesita estar a tu lado, Lena. Y tú necesitas que lo esté.”
 
“Lo sé” Lena sonaba muy cansada y herida. “Hablaré con él la semana que viene.”
 
“Siento haberme pasado, no tenía derecho.” Yulia apoyó la cabeza en el hombro de Lena. La pelirroja le cogió la mano y entrelazó sus dedos, dando a su amiga un reconfortante apretón.
 
“Tenías todo el derecho. No le necesito, ¿sabes? Es decir, si quiere estar de acuerdo, pero...”
 
“Es el padre de Katya y de este bebé. Le necesitas. Ellos le necesitan.” Discutió Yulia. “Yo siempre estaré ahí para lo que necesitéis. Pero él necesita ser parte de vuestras vidas.”
 
“Ya lo sé. Tú lo sabes. ¿Cómo demonios podemos hacer que él lo vea?” Dijo Lena a través de dientes apretados.
 
“No lo sé, nena. No lo sé.” Yulia apretó la mano de Lena y juntas se quedaron en el sofá, sin querer moverse.
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Re: Lo mejor para mi // Por: Eidan&Sille (Original de Clom)

Mensaje por HaziTha el Miér Mayo 27, 2015 5:34 pm

Capítulo 41: Nueve vidas; hola, afortunada.
 
La última cosa que esperaba Lena el lunes por la mañana era una llamada de Vladimir. Imaginaba que los extraños hechos del viernes por la noche le hubieran espantado por completo. Sin embargo, a Vladimir siempre se le daba bien probar que estaba equivocada cuando hacía suposiciones, y esta vez no fue una excepción.
 
Así que iba a ir a cenar el lunes. Lena había estado trabajando, pero su jefe le había llamado desde casa el domingo por la noche y le había dicho que no era necesaria. De alguna manera, de todas formas le iban a pagar el día. Lena sospechaba que era la mirada en su cara cuando se había despedido el viernes, lo que la ponía más nerviosa que nunca. No podía permitirse perder su trabajo. De todos modos sólo le quedaban unas pocas semanas antes de coger la baja de maternidad, pero necesitaba mantenerlo.
 
Aún así, le dio el lunes para hacer algunos planes. Le alegró que Yulia llegara a casa antes de que apareciera Vlad, porque hacía las cosas más fáciles de explicar. Cuando pasó por la puerta, Lena estaba en la cocina cortando verduras para el asado. Yulia se coló en la cocina y tomó un trozo de zanahoria de la tabla de cortar.
 
“Oye” Lena le golpeó la mano de forma juguetona. “Bienvenida a casa.”
 
“Gracias” Sonrió la morena, masticando la rodaja robada de verdura. “La cena huele bien. ¿Qué es?” Frunció el ceño y olisqueó el aire.
 
“Pollo asado relleno y con guarnición.”
 
“Vale, te has puesto culinaria.” Yulia sonrió. “¿Puedo ayudar? Puedes subir los pies.”
 
“En realidad hoy he tenido un día tranquilo, así que estoy muy bien. Y casi he acabado, sólo tengo que poner esto en el horno.”
 
“Genial.” Yulia balanceó los pies como un niño pequeño, y Lena suprimió el impulso de revolver esos mechones negros. En lugar de ello puso las verduras en el horno y se apoyó en los codos a través de la barra de desayuno.”
 
“Vlad viene a cenar.” Nada como la claridad para dar un mensaje que no sabes cómo sacar.
 
“Ah” Pilló claramente a Yulia por sorpresa, pero se recuperó con aplomo. “Está bien, saldré a cenar.”
 
“No, no, Yul, no es eso lo que quería decir” Dijo Lena con rapidez, “No, quiero que te quedes, sólo que no quería esconderte que iba a venir.”
 
“Oh. Ehhh. Vale. No tengo por qué estar, ¿sabes?”
 
“Me gustaría que lo hicieras. Por favor. Este es tu hogar cuando estés conmigo, y no quiero que te vayas por nada. Bueno, quizá si empieza a hacer algún tipo de streap-tease borracho, pero entonces me iré contigo.” Lena intentó animar el ambiente. Le valió una risita de Yulia, y se relajó una fracción.
 
“¿Vladimir suele hacer strip-tease borracho?” Bromeó Yulia. “Parece un poco estirado.”
 
Lena alzó una ceja y abrió la boca con sorpresa falsa. “¡Yulia Vólkova!” Luego se echó a reír. “Lo es un poco, ¿verdad? Tiene cosas buenas, ¿sabes? En realidad es un buen tío.”
 
Yulia sonrió. “Vale. Lo creo. Pero sigo sin verte mirándole, desvaneciéndote y diciendo ‘¡Debo casarme con él!’”
 
“Eso es porque nunca ocurrió” Contestó Lena. “Simplemente... me casé con él. Ocurrió. Creo que pensé que era lo que se suponía que tenía que hacer.”
 
“¿Le amabas?” Preguntó yulia, ahora más seria.
 
“Supongo. De una manera.” Lena parecía un poco distante. “No de la manera en que debería. Lo que en realidad no era justo, porque creo que él sí que me quería de esa forma.” Suspiró. “De todos modos ahora ha acabado.”
 
Y en ese momento fue literalmente salvada por la campana de la puerta.
 
La aparición de Vladimir tenía un sutil efecto sobre ambas chicas. Cambiaban en su interior, y definitivamente también por fuera. Yulia, por su parte, se había prometido comportarse mejor. No podía evitar sentir muchísimos celos cuando el ex-marido de Lena aparecía. No importaba cuánto intentarla no hacerlo, inconscientemente pensaba en Katya y Lena como su familia. Y luego aparecía Vladimir, y eran la familia de ÉL. Era irracional, pero aún así...
 
Lena sabía que tenía que ser amable con Vladimir. Sospechaba que no le entristecería mucho que simplemente el hombre desapareciera de sus vidas. Pero luego sospechaba que había formado parte de su vida durante tanto tiempo que le echaría de menos. Era muy complicado con Vladimir, muchísimo más complicado con Yulia en la mezcla. A pesar de todo era el padre de Katya y del bebé. Necesitaba estar cerca, Yulia tenía razón en eso.
 
“Vlad” Dijo Lena con calidez mientras abría la puerta.
 
“Lena” Sonrió él. Se inclinó, le dio un beso en la mejilla y le puso delante un ramo de rosas blancas. “Estas son para ti.”
 
Lena sonrió y sintió que sus mejillas enrojecían. Luego se fijó en que tenía otro ramo de rosas detrás de él, preciosas flores silvestres y tres aves de la paraíso. Eran exquisitas. Alzó una ceja y él pasó el umbral. Vio a Yulia, de pie con aire nervioso junto a la mesa, y sonrió con galantería.
 
“Eeeh, estas son para ti.” Le dijo a la morena algo incómodo. “No tenía derecho a decir lo que dije la otra noche, y tú tenías todo el derecho a enfadarte. Me encantaría conocerte mejor y, eeeh, si aceptas mis disculpas, me gustaría mucho volver a empezar con buen pie.” Le dio el ramillete y arrastró nerviosamente los pies.
 
Yulia aceptó las flores y las olió. Eran verdaderamente hermosas. “Gracias.” Extendió la mano hacia el ex-marido de Lena. “¿Amigos?”
 
Agitando la mano extendida, el hombre sonrió. “Amigos.”
 
Katya y Mr. Ruffles, siempre muy oportunos, eligieron aparecer, dando a Yulia un respiro de Vladimir y viceversa. Todos sabían que iba a ser incómodo hicieran lo que hicieran, pero Katya era la mejor rompedora de hielo del mundo. Saludó a Vlad con un alegre abrazo y un beso. A Lena no se la pasó que su saludo hacia Yulia fue un poquito más vigoroso, o que fue verbal por ambas partes. La mueca en el rostro de Vladimir le hizo saber que él también se había dado cuenta.
 
Lena se entretuvo poniendo la comida en la mesa, sólo para distraerse de los miles de pensamientos que amenazaban con penetrar en su mente como abejas furiosas. Tener a Yulia y a Vladimir juntos al mismo tiempo era una experiencia lo bastante difícil como para tener que analizarlo en su cabeza al mismo tiempo.
 
De hecho la cena discurrió con bastante fluidez. Vladimir fue encantador, volviendo a ser el hombre que Lena recordaba del principio de su matrimonio. No habló ni una vez del trabajo, y mantuvo un ambiente de humor tan ingenioso con Yulia que Lena se temió que quizá quisiera empezar a salir con ella. En un momento, las bromas paternales se hicieron tan insoportables que sintió la necesidad de limpiar la mesa, y así lo dijo. En voz alta. Ellos simplemente la sonrieron. Aún así, era bueno verles llevarse bien.
 
Vlad, sin que se lo pidieran, pasó el resto de la sobremesa jugando con Katya. La pequeña estaba encantada con este inesperado placer, y meterla en la cama fue un poquito difícil. Hizo falta mucha persuasión de Yulia, Lena, Vlad y Mr. Ruffles antes de que consintiera en ir. Incluso entonces, sólo lo haría si todos participaba en el cuanto de antes de dormir y si todos la arropaban. Lena se preguntó si alguien más se había fijado la repentina aparición de tres padres. No era posible que los otros dos lo hubieran pasado por alto.
 
Lena salió de arropar a Katya por última vez pera encontrar a Vladimir solo en el salón.
 
“Eh, Yulia dijo que iba a salir un rato. Volverá en una hora.” Dijo con aspecto inseguro.
 
“Oh, me pregunto adónde habrá ido.” Meditó Lena. Sabía muy bien que Yulia se había escabullido. No culpaba a la chica. “¿Café?”
 
“Em, té, si tienes.”
 
Lena le miró fijamente. Vlad nunca bebía té. “¿Té?”
 
“Sí. No quiero estar toda la noche despierto.”
 
Encogiéndose de hombros, hizo a ambos algo de té y luego se sentó en el sofá. Hubo una pequeña charla antes de que cayeran en un incómodo silencio. Fue Vladimir el que lo rompió.
 
“Lena, lo siento.” Empezó. Ella dejó que continuara el silencio. En su mente, el hombre tenía unas cuantas cosas por las que sentirlo. Honestamente, ella también, pero ¿quién interrumpe cuando alguien se está disculpando? “He... He sido un padre horrible últimamente, y no he estado a tu lado cuando era necesario.” Suspiró. “Y sé que no es sólo desde que nos separamos, hace más tiempo. Sé que probablemente no crees esto, y no espero que lo hagas hasta que ocurra, pero va a cambiar. He trabajado mucho últimamente, en Phoenix y aquí, para acabar este proyecto. Pero se está quedando en segundo lugar. Si me necesitas estaré ahí, contra viento y marea.”
 
“Vlad... Está bien.” Contestó ella. Y, sorprendentemente, lo estaba de verdad. Le parecía bien lo que hiciera. Lena supuso que simplemente se había acostumbrado a que él no estuviera alrededor. Ya no le necesitaba. “En realidad yo no te necesito. Pero deberías ser un padre para estos niños.”
 
“Y lo seré. No tengo compromisos hasta una semana antes del parto. No pude librarme de esa última escapada a Phoenix, pero cuando el bebé haya nacido estaré cerca. Cuando tú quieras y me necesites. Pero sé... Sé que ahora es tu vida. Lo entiendo. Así que no me entrometeré cuando no me quiera ahí.”
 
“Vlad, no eres un entrometido. Tenemos que hacer funcionar nuestras vidas juntos y separados. Creo que podemos hacerlo” Dijo ella razonablemente.
 
“Me alegra que Yulia haya estado a tu lado.” Replicó él con seriedad. “Me alegro mucho de que alguien haya estado. No hace que no esté enfadado conmigo mismo, porque tendría que haber sido yo. Pero me importas, Lena, y me alegra que no estés sola. Es una gran persona.”
 
“Sí que lo es” Asintió Lena. Su cerebro gritaba ‘¡NO te haces una idea!’ Probablemente ahora no era el mejor momento para decir a Vladimir que le había engañado. Era probable que arruinase la tregua a la que parecían haber llegado.
 
“Debería irme.” Dijo el hombre, y sonaba decepcionado por ello.
 
“De acuerdo.” Lena miró su reloj, era más tarde de lo que pensaba. “Te llamaré, ¿vale? Te daré las fechas de mis visitas y podrás ver a cuáles puedes venir.”
 
“Me encantaría. Y Lena...” Esperó a su aprobación.
 
“¿Sí?”
 
“Gracias por no odiarme.”
 
Sonrió. “No hay problema.” Y no lo había. Lena estaba asombrada. No odiaba a Vlad. Aún le importaba, podía sentirlo. Pero en su interior no había enemistad. Parecía haber alcanzado ese extraño nirvana en el que le importaba, pero no lo suficiente como para que pudiera hacerla daño. Vaya. Progreso.
 
Ahora quedaba ver si Vlad mantenía de verdad su parte de la promesa. No esperaba nada. La había abandonado muchísimo. Pero algo le decía a Lena que esta vez hablaba en serio, y normalmente confiaba en sus instintos. Sólo el tiempo lo diría.
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Re: Lo mejor para mi // Por: Eidan&Sille (Original de Clom)

Mensaje por HaziTha el Miér Mayo 27, 2015 5:36 pm

Capítulo 42: Sabes que estoy en llamas.
 
A partir de la siguiente noche, a Lena le asombró la habilidad de Vladimir para cumplir su palabra. Estaba involucrado, ilusionado y, aún así, respetuoso. Llamaba antes de ir, tomaba los ‘no’ por respuesta con actitud afable y pasaba tiempo con Katya. Incluso había llamado el fin de semana por estar de viaje en Phoenix, a pesar de que Lena ya sabía que iba a estar allí. Le había sorprendido tanto que estaba segura de que se había pasado las dos semanas caminando por ahí con la boca abierta, tragando moscas.
 
El único problema era que podía decir que eso le molestaba a Yulia. No era que la morena dijera nada, pero Lena podía ver que se hacía a un lado lentamente para dejar sitio a Vlad. Era turbador para Lena y Yulia, pero lo que era aún peor era que la turbación de Yuliay turbaba a Lena. Así que ahora era un gran manojo de sorpresa y turbación. Y no había mucho que pudiera hacer al respecto.
 
Yulia era genuina en su respecto hacia la parte de Vladimir en sus vidas. Lena lo sabía, y de una manera lo hacía más difícil. Habían pasado los últimos nueve meses trazando confortables órbitas alrededor de la otra y ahora había otro planeta en la mezcla. Sin duda estaba sacando a todos de sus recorridos. A pesar de ello Vlad tenía todo el derecho a estar ahí, y no era del todo su culpa. Lena no podía enviarle a tomar por culo sólo porque hubiera estado un poco ausente antes. Estaba haciéndolo lo mejor que podía para compensarlo, y mientras durase Lena le iba a dar una oportunidad. Pero era la última, decidió. Después de esto no podría seguir jugando con sus vidas. Pero ¿qué hacer con Yulia?
 
Probablemente la morena no se había dado cuenta de que Lena y Katya preferían su compañía que a la de Vlad. Era demasiado auto-deprecatoria y, además, la última semana se había estado encerrando en sí misma. Lena temía a medias que volviera a acabar en el agujero que tan diligentemente se había excavado hacía un mes o así.
 
Y así fue como encontró a Yulia fuera, en el aire tardío de otoño. Lena iba a tener un bebé en Septiembre, y Yulia... ¿qué tendría Yulia? Tendría a Lena, siempre la tendría. Pero ¿cómo podía convencerla la pelirroja? Lena temía que cualquier cosa que dijera sobre el tema fuera a caer en oídos sordos. Estaba claro que de momento Yulia no estaba de humor como para escuchar. Así que Lena siguió en silencio.
 
Se dejó caer en los escalones junto a la morena, estirando las piernas y apoyándose en las manos. Ahora su estómago era enorme, la proyección de ocho meses de un futuro que daba algo de miedo. El denso aire de la noche se acercaba con rapidez. Olía a madera quemada y a la fresca esencia de las hojas cayendo de los árboles. Las últimas olas del verano se convertían en el delicioso fruto del otoño, y aunque el calor permanecía hacía un fresco que quedaba en los límites de la sensibilidad.
 
“¿Quieres haber de ello?” Preguntó con calma Lena.
 
“¿Hablar de qué?” Replicó Yulia. Tenía las rodillas abrazadas contra el pecho, e inspeccionaba los pequeños granos de grava que había bajo ella.
 
“De lo que te está molestando.”
 
“No estoy molesta.”
 
“Vale... Mentirosa.” Lena se sorprendió a sí misma con la brusquedad de la respuesta. No había querido presionar a Yulia en esto, pero el silencio que había mantenido se estaba acabando.
 
Yulia alzó la vista con sorpresa. “¿Q-qué?” Preguntó entrecortadamente.
 
“He dicho ‘mentirosa’” Reiteró Lena, pero lo suavizó con una sonrisa. “Yul, háblame. No voy a dejar de molestarte hasta que me digas qué ha hecho que estés tan... distante.”
 
“¡No estoy distante!” Fue la protesta que siguió.
 
“Mentirosa.”
 
“Lena...”
 
Hubiera sido fácil, mucho más fácil, si esto hubiera ocurrido justo después de haber visitado la tumba de Lisa. Entonces Lena al menos podría haberlo achacado a la increíble e insoportable sensación de pena que había emanado de Yulia en aquel momento. O al lento pero palpable sentimiento de cura. Y Yulia había estado bien. Había llorado, pero había dejado que Lena la abrazara. Había hablado, atropelladamente y con calidez, de cosas de dentro y fuera. Incluso había llegado a hablar de los buenos tiempos. Habían seguido algunos días difíciles, y Lena había estado ahí. Y la morena lo había superado.
 
Así que ahora Lena tenía que notar el punto fulminantemente obvio de que Yulia había estado distante desde que Vladimir había reaparecido. Oh, bueno, lo había dicho antes y lo volvía a decir, esto no iba a ser fácil.
 
“Yulia. Todo va a seguir igual, ¿sabes? Pase lo que pase.”
 
“Lo sé.” La morena se encogió de hombros. “Simplemente seguimos adelante.”
 
“Suena mejor que ir hacia atrás. Además, si no sigo hacia delante me desequilibraré, soy un poco... pesada en este momento.” Eso le valió una risita de la guitarrista.
 
“Sí, pero aún sexy.”
 
Lena miró resplandeciente a su compañera. Dándola de lado con aire juguetón con el hombro, replicó, “¿De verdad?”
 
“Sí.” Dijo Yulia con una sonrisa. “Desde luego.”
 
Consiguieron mantener cinco minutos más de amigable silencio antes de que Yulia lo rompiera. Lena sabía que lo haría. “No quiero joder esto, Lena.”
 
“¿Joder qué, Yul?” Usó el nombre de la otra chica deliberadamente.
 
“Esto. Mi amistad contigo. Formar parte de tu vida.” Yulia respiró profundamente. “Esto es muy importante para mí, no tienes ni idea de cuánto.”
 
“Creo que sí.” Protestó Lena, “¡También es bastante importante para mí!” Se levantó de pronto, sacudiendo el polvo de sus manos y pantalones. Probablemente este no era el momento adecuado para sacar todo lo que le había estado preocupando todo el tiempo. Ahora no era el momento de atacar, y definitivamente no era el momento de declarar todos esos sentimientos que tan deliberadamente habían quedado sin decir. A pesar de todo eso, Lena procedió a romper todas y cada una de las reglas. “Dios, Yulia, ¿crees que estoy jugando? ¿Es esto algún tipo de juego para ti? No se te pone todo de cara, hay un pequeño bache en el camino, y huyes. ¿Todo esto es para probarte que no tienes que joder cada relación íntima que tienes?”
 
“¡No! No se trata de eso. ¡Sólo intento descubrir cómo hacer esto sin que nadie salga herido!”
 
“No soy tu redención, Yulia.”
 
Estaba dicho. Metido en un desliz freudiano de las proporciones de un Pollock: grande, embrollado y crees que podrías entenderlo mejor si bizqueas. Y nunca puedes retirarlo.
 
“Nunca te pedí que lo fueras.” La respuesta era demasiado tranquila, demasiado preparada, para ser algo bueno. “Y yo no soy tu proyecto de caridad.”
 
“¡Nunca dije que lo fueras!” Soltó Lena; se giró, encontrándose a Yulia de pie. Esos ojos azules eran intensos, brillando con ira, tristeza y un sentimiento muy, muy profundo que Lena no sabía nombrar.
 
“¿Entonces qué significa esto para ti? Desde que te conté lo de Lisa has ido pisando huevos, Lena. ¡Ni siquiera sé qué quieres de mí, o qué soy para ti!”
 
“¡Lo eres todo, Yulia! Cada puta cosa buena que haya deseado. Estoy tan enamorada de ti que apenas puedo respirar.”
 
Oh, demonios. Oh, demonios; oh, demonios; oh, demonios. En una cesta, con lazos, cayendo directamente por el rocoso sendero a los ríos de lava que iban a consumir sus almas en cualquier segundo.
 
“Yo también lo estoy.”
 
Yulia se sentó, mirándose los dedos mientras los flexionaba, como si no pudiera creer del todo que fueran reales. Lena se sentó junto a ella, apoyando débilmente la cabeza en el hombro de la morena y cerrando los ojos contra las ardientes y furiosas lágrimas que amenazaban con derramarse. “Odio esto” Susurró.
 
“¿Amarme?”
 
“No. Odio que eso no cambie nada.” Dijo Lena con amargura.
 
“¿Cómo puedes decir eso?” Yulia levantó una fracción la cabeza de la pelirroja y limpió el sendero de lágrimas de su mejilla. “Lo cambia todo.”
 
“No nos cambia a nosotras.” Susurró Lena. “No puedo... ahora no puedo ser más de lo que somos. Es demasiado difícil.”
 
Yulia se separó. No parecía enfadada, quizá algo triste, pero no enfadada. Apoyándose en sus codos hacia delante, con las angulosas puntas clavándose en sus rodillas, asintió. Lo entendía. “Tu familia.”
 
“Mi vida.” Escupió Lena con algo de asco. “Tengo que dar a luz en tres semanas de un hombre al que ahora mismo mi abogado le está escribiendo los papeles del divorcio. De repente ha decidido ser en padre decente y empieza a mantener sus promesas, y tengo una hija de tres años que probablemente va a empezar a tener problemas de celos en cualquier minuto.”
 
“Y yo sólo soy otra complicación. Lo entiendo. Probablemente ahora sería un mal momento para salir del armario y contarle a todo el mundo toda esa otra vida que quieres tener.”
 
Lena puso una mano en el brazo de Yulia. “No lo entiendes.” La miró a los ojos, y sus irises verdi-grises se clavaron profundamente en los cálidos azul mar. “No me importa lo que piensen los demás. Me importa un carajo lo que piensen mis padres, o lo que piense Vlad, o lo que piense el mundo. Si no les gusta, pueden irse todos a paseo. La que me importa eres tú.” Aspiró profundamente. “Nunca en mi vida me he entregado a alguien por completo. Nunca. Y no podría hacer menos por ti. Contigo. Y ahora mismo no tengo nada que darte.”
 
“Te tienes a ti, Lena. Es todo lo que quiero.”
 
“¡No me tengo! ¡No me tengo a mí! Me tienen todos los demás. Ahora mismo apenas puedo hacer funcionar mi vida como tal. Yulia, deseo más que nada estar contigo. Pero no puedo darte la mitad de mí. O algo de mí. Tiene que serlo todo, o no puedo hacerlo. Y ahora mismo no puedo entregarte eso.”
 
“Lo entiendo.” Yulia apoyó la cabeza en los rizos rojos de Lena, bebiendo del olor a frambuesas de su acondicionador y dejando que su mano descansara en la esbelta rodillas junto a ella. “Si ocurre... ocurrirá. Cuando tenga que ser. Cuando pueda ser. No esperaré a que pase. No puedo esperar, porque si lo hago todo lo que tú eres es mi redención. No puedo hacerte eso.”
 
“Lo comprendo.”
 
Y todo y nada cambió.
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Re: Lo mejor para mi // Por: Eidan&Sille (Original de Clom)

Mensaje por HaziTha el Miér Mayo 27, 2015 5:38 pm

Capítulo 43: Haced un círculo, gente.
 
Lena estaba tumbada en el sofá, con los pies encima de un cojín y los tobillos algo hinchados. Se sentía enorme, estaba bastante segura de que estaba enorme. Y cansada. Y tenía calor. Una mano apareció de ninguna parte y le secó con cuidado la frente con una toalla fresca. Sonrió.
 
“Eres demasiado buena conmigo.”
 
“Parecía que tenías calor.” Sonrió Yulia apoyándose en el respaldo del sofá. “¿Estás bien?”
 
“Sip. Sólo del tamaño de una ballena varada e incapaz de tumbarme sobre nada que no sea la espalda. Hace que dormir sea un poco difícil.” Lena bostezó, ilustrando adecuadamente su frase.
 
“Ooooh. Deberías echar una cabezadita.”
 
“Lo intento... pero es condenadamente incómodo. Ugh.” Se giró un poco hacia un lado, pero eso no ayudó. Haciendo una mueca se puso una mano en su abdomen hinchado. Yulia estaba arrodillada enfrente de ella en un suspiro.
 
“¿Qué pasa? ¿Estás de parto? ¿Tenemos que irnos?” La morena parecía tan preocupada que Lena no pudo evitar soltar una risita.
 
“Yul, cálmate... no pasa nada.”
 
“¿No estás de parto?”
 
“No” Sonrió. “Son Braxton Hicks...”
 
“Bra- ¿el qué?” Yulia parecía muy confusa.
 
“Braxton Hicks... Son falsas contracciones.” Explicó Lena con una sonrisa.
 
“Pero... pero ¿cómo las distingues de las contracciones de verdad?”
 
“No lo sé... simplemente lo haces.” Dijo Lena. “Son diferentes. Te lo prometo, cuando llegue el momento te lo diré. Queda toda una semana, ¿recuerdas?”
 
“Me acuerdo.” Yulia sonrió, sentándose en el suelo junto a Lena y secando con cuidado la frente de la pelirroja. “También recuerdo que la doctora dijo que podría llegar antes.”
 
“O después.” Apuntó Lena.
 
“O después.” Asintió Yulia. “O justo a tiempo. Hablando del tiempo, ¿cuándo tiene que volver Katya?”
 
“Vladimir la iba a dejar sobre las cinco, así que no falta mucho. Tiene que viajar a Phoenix esta noche. Prepárate para que esté extra mimosa.”
 
Yulia alzó una ceja. “¿Le echará de menos?”
 
“No. Bueno, tal vez. No lo sé, han pasado mucho más tiempo juntos últimamente, pero tengo el presentimiento de que no le importa mucho. Nunca me habla de Vlad.” Y eso entristecía a Lena. Lena sintió que unos dedos apretaban los suyos con comprensión. “Pero más que nada es que ha estado en casa de los padres de él, y odia estar allí.”
 
“¿Oh?” Una mirada de sorpresa cruzó el rostro de la morena.
 
“Son del tipo estirado y perfecto. No es exactamente divertido para alguien de cuatro años. No la dejan tocar nada y no tienen juegos. Acaba sentada en el sofá con Mr. Ruffles. Además los padres de Vlad no hablan el lenguaje de signos. Normalmente yo voy con ellos, pero hoy no es muy apropiado. Si no anduviera como un pato... quizás.”
 
“¡Oh, pobre Katya!” Exclamó Yulia. “¡Ojalá hubiera ido con ella!”
 
“Sí, explicar eso hubiera sido bastante extraño.” Sonrió Lena. Sonó el timbre de la puerta, y Yulia se levantó para contestar. A la pelirroja le hubiera costado unas cuantas horas levantarse. Vladimir entró con una sonriente Katya con Mr. Ruffles en sus brazos.
 
“Ya está aquí el renacuajo. Espero que te des cuenta de que mi madre le dio más dulces del que yo creo que debía consumir.” Vlad sonrió y bajó a Katya. Ella salió corriendo, arrastrando a Mr. Ruffles en una mano, y desapareció en su habitación.
 
“Bueno, te reñiría, pero eso me llevaría esfuerzo.” Dijo Lena con alegría desde el sofá.
 
Vlad se sentó hasta estar sentado junto a las rodillas de ella y puso una manos en su estómago con gentileza. Lena saltó un poco, un movimiento inconsciente. Era la primera vez que Vladimir la había tocado de verdad en ocho meses, desde que se habían separado. Él retiró la mano.
 
“Lo siento.”
 
“Está bien.” Lena se estiró un poco. “Hoy no le apetece patear. O a ella. Ugh, esto de los pronombres está perdiendo la gracia.”
 
“Una semana más.” Rió él.
 
Lena alzó la vista, pero Yulia había desaparecido. Más o menos habían logrado encontrar un estado sencillo, pero no podía ser cómodo para la morena que Vladimir estuviera cerca. Vlad subió la mirada.
 
“Vas a estar bien, ¿verdad?” Miraba hacia el pasillo por el que había desaparecido Yulia. Llegaban murmullos de la habitación de Katya, y ambos padres supieron que era allí adonde había ido la morena. “Me alegro de que Yulia esté aquí para cuidar de ti, si no me preocuparía.”
 
Era amable por parte de Vladimir que fuera tan obvio al respecto. Lena sabía que sólo estaba intentando hacer lo correcto. O eso, o había adivinado mucho más de lo que Lena creía.
 
“Es una campeona. Estoy bien, Vlad, vete. Llámame cuando vuelvas.”
 
“Lo haré, lo prometo. Lo siento, Lena. Si pudiera librarme de esto lo haría.” Parecía triste.
 
Lena consiguió alzarse sobre los hombros y luego dejo que una mano libre tocara con gentileza la mejilla del hombre. “Lo sé, Vlad. Has estado genial las últimas semanas. Estaré bien. Vete, y te veremos el lunes, ¿de acuerdo?”
 
Él asintió. Parecía que quería decir algo, pero fuera lo que fuera, se lo guardó. “Te veré el lunes.” Acarició una de las manos de ella con la suya y luego se marchó.
 
Lena sonrió cuando oyó emerger las pisadas de Yulia desde el pasillo. Sabía que no iba a pasar demasiado tiempo después de que la puerta se abriera para que la morena saliera. Se quedó un poco sorprendida cuando el rostro de Katya apareció de pronto boca abajo por el final del sofá, unos seis centímetros sobre su madre. Después de un movimiento ligeramente sobresaltado, Lena sonrió y bajó la cabeza de la pequeña para darle un beso.
 
“Hola, pequeñaja” Señaló. “¿Qué te traes entre manos?”
 
“Nada.” Contestó Katya en signos. “Yulia iba a jugar a las muñecas conmigo, pero dijo que primero deberíamos asegurarnos de que estabas bien.”
 
“Bueno, estoy fenomenal, así que ve” Señaló Lena, vocalizando las palabras para que Yulia pudiera oírlas.
 
Lena las dejó jugar, y dejó que Yulia revoloteara a su alrededor el resto de la tarde. No tenía la energía para quejarse, y de todas formas le gustaba. Los tirones en su estómago se estaban haciendo algo sospechosas. No eran del todo a lo que estaba acostumbrada, pero se parecían mucho a las falsas que llevaba teniendo todo el día.
 
Eran las nueve cuando Yulia la sacudió para despertarla. Se había quedado dormida en el sofá en algún momento tras la cena, y la morena no había querido despertarla.
 
“Lena, cariño, probablemente deberías irte a la cama.” Dijo Yulia agitando con gentileza el hombro de la chica embarazada.
 
“Mmm. En un segundo, tengo que llevar a Katya a la cama,” Fue la respuesta murmurada. Yulia rió suavemente.
 
“Son las nueve, cielo, llevé a Katya a la cama hace una hora.”
 
Lena abrió los ojos adormilada. “¿De verdad?”
 
“Sip.” Yulia quitó con cuidado un rizo de cabello de la frente de Lena. “Arropada y dormida. Justo como deberías estar tú.”
 
Lena sonrió y luego gimió. Yulia la ayudó a levantarse del sofá. Se apretó el abdomen al ponerse de pie, y Yulia la cogió por el codo.
 
“Está bien” Dijo intentado sonar tranquilizadora.
 
“Lena, ¿no crees que quizá deberíamos ir al hospital? ¿Sólo por si acaso?”
 
“No, no, estoy bien.” Se soltó de Yulia. “En serio. Sólo que estoy cansada y necesito la cama.” Poniéndose la mano en su dolorida baja espalda recorrió el camino hasta la habitación. La chica guitarrista que amaba la siguió con aspecto preocupado. Lena se tumbó en la cama, sintiendo crecer los tirones. Estaba bien, por el momento.
 
Dejó que Yulia le ayudara a desvestirse, sintiéndose patética, y se metió entre las sábanas. Yulia se movió hacia la puerta.
 
“¿Yul?”
 
“¿Sí?” Dejó de moverse.
 
“¿Puedes quedarte conmigo esta noche?” Lena volvió a sentirse patética, pero no quería estar sola.
 
“Por supuesto, vuelvo ahora mismo, ¿vale?”
 
Lena asintió. Cuando la morena reapareció llevaba boxers y una camiseta interior blanca. A pesar de su cuerpo adolorido y de su abdomen ridículamente grande sintió algún cosquilleo en su interior. Maldición, esta chica era sexy. Se estremeció ligeramente cuando Yulia se deslizó en el otro lado de la cama, rodeando a Lena con sus brazos y acunándola con cuidado.
 
“¿Estás bien?” Preguntó la morena.
 
“Genial” Susurró Lena.
 
Hubo una pequeña dispersión, una especie de duermevela. No se sentía del todo bien y sobre la medianoche estaba bastante segura de saber por qué. Dando un pequeño codazo a Yulia, oyó a la morena dar un pequeño murmullo y darse la vuelta. Lena sonrió y volvió a hacer una mueca. Esperó unos pocos segundos y luego se levantó, tomándose su tiempo para levantarse de la cama.
 
Se movió hacia la cocina y cogió un vaso de agua. Estaba cansada, pero no podía dormir. Cayendo en el sofá miró al techo. Durante una hora. Gimió cuando otra punzada se movió a través de ella y luego decidió que probablemente debería hacer algo al respecto.
 
Cogiendo el teléfono, llamó al número de sus padres. Después de un número de tonos, finalmente llegó la respuesta.
 
“¿Diga?” Dijo Sergey con voz ahogada.
 
“Hola, papá, siento haberte despertado.”
 
“Lena, hola, no pasa nada. ¿Va todo bien?”
 
“Eh, creo que Yulia va a llevar a Katya a vuestra casa, si no os importa.”
 
“Lena, ¿qué pasa?”
 
Lena sonrió. “Eh, no pasa nada, papá... pero creo que vas a volver a ser abuelo... una semana antes de lo que esperabas.”
 
“Oh, Dios mío.”
 
Lena no podría haberlo dicho mejor. Rió más tarde, cuando despertó a Yulia y le dijo lo mismo, porque obtuvo exactamente la misma repuesta. Con algo de estilo de Yulia añadido.
 
“Joder, Dios mío.”
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Re: Lo mejor para mi // Por: Eidan&Sille (Original de Clom)

Mensaje por HaziTha el Miér Mayo 27, 2015 5:40 pm

Capítulo 44: Este es el sonido que me mantiene despierta.
 
Estaba a punto de salir de la casa, con una Yulia de ojos frenéticos y manos no del todo quietas, cuando Sergey apareció en la puerta delantera.
 
“Pensé que sería más fácil si simplemente venía yo” Sonrió, “Así Katya no tiene que salir de la cama.”
 
La pequeña tenía aspecto adormilado en los brazos de Yulia, y Mr. Ruffles tampoco parecía demasiado contento por haber sido despertado. La morena que los tenía en brazos sonrió.
 
“Un poco tarde, pero nada que no se pueda rectificar inmediatamente.” Ella y Sergey se giraron y saltaron cuando Lena soltó un pequeño jadeo y se puso una mano en el abdomen. La pelirroja vio sus movimientos y les hizo irse.
 
“No es nada... volved a llevar a Katya a la cama.” Yulia obedeció, mientras Sergey intentaba ayudar a su hija a sentarse en una silla. Ella se negó. “Me siento mejor de pie; no, de verdad, papá. Está bien.”
 
Yulia volvió a meter a Katya en la cama y salió, cambiando el peso de un pie a otro y con aspecto completamente horrorizado.
 
“Eh... Eh, ¡deberíamos irnos!” Dijo la morena apresuradamente. Lena sonrió con debilidad.
 
“Sí, probablemente.” Replicó.
 
“Llamadme cuando las cosas se pongan movidas.” Sergey sonrió. Le dio a su única hija un enorme abrazo y un beso. “Tu madre dijo que te vería allí después, ¿de acuerdo?”
 
“Gracias, papá” Dijo Lena, y dejó que Yulia le ayudara a ir hacia el coche. La morena se movió hacia su propio descapotable, pero Lena la detuvo. “Mejor cogemos mi coche.”
 
“¿Eh? ¿Por qué?” Yulia parecía confundida.
 
“Aún no he roto aguas, pero no puedo prometerte que no vaya a hacerlo en cualquier momento... Créeme cuando te digo que no quieres tener eso por todo el asiento de tu coche. Creo que no lo quitaría ni el disolvente.”
 
Los ojos de Yulia se abrieron ante el pensamiento. No es que le importaran los asientos del coche, pero la idea de que Lena rompiera aguas no era algo que hubiera considerado.
 
“Oh, Dios mío... ¿y si pasa? ¿¿Llegaremos a tiempo??” La morena llevó a Lena hacia el todo-terreno con más rapidez. Lena no pudo evitar reír.
 
“Yulia, no te preocupes tanto. Creo que nos quedan unas horas antes de que ningún bebé salga de aquí... vamos a conducir al hospital a un ritmo bueno, seguro y tranquilo, ¿vale?”
 
Yulia asintió, pero Lena no pudo evitar seguir sonriendo ante la mirada muy, muy preocupada en el rostro de la otra chica. Se preguntó cómo iba a llevar todo el proceso del parto. Oh, bueno, como mínimo esto iba a ser un infierno de experiencia para la morena. Lena hizo una mueca cuando empezó otra contracción. Lo último que hizo su cerebro antes de concentrarse en el dolor fue dejar salir el pensamiento: Una experiencia interesante para ambas.
 
Yulia condujo tan cuidadosamente como pudo, y al mismo tiempo intentó llegar con tanta rapidez como le fue posible. No pudo evitar mirar de reojo a la pelirroja junto a ella. Lena pensó que era conmovedor y un poco gracioso. Sus contracciones seguían estando bastante separadas, y en su mayoría se encontraba bien. En unas pocas horas podría estar un poquito diferente, pero ahora mismo las cosas eran muy soportables.
 
Llegaron al hospital con facilidad, y Lena se movió fuera del coche. No fue poca cosa. Yulia puso una gentil mano bajo el codo de la pelirroja e intentó guiarla hacia la puerta principal de la sección de maternidad. Lena bajó la vista a la mano y se echó a reír.
 
“¿Qué?” Preguntó Yulia a la defensiva.
 
“Nada. Eres dulce.” Lena se inclinó y besó a la otra chica en la mejilla. “Pero no tengo ochenta años y no estoy a punto de caerme y romperme la cadera, así que puedes cogerme del codo con algo menos de fuerza.”
 
La cara de Yulia ardió con un nuevo rubor y a Lena le pareció de lo más adorable. Echando atrás el brazo, enlazó sus dedos con los de Yulia y apretó. Sin soltarse, caminó hacia el hospital guiando a la morena tras ella.
 
La amable mujer de recepción sonrió a Lena, y después de tomar los datos relevantes indicó a la pelirroja y a Yulia que tomaran asiento. Si se fijó en sus manos unidas no dijo nada, y se apartó para llamar a alguien o hacer alguna cosa. Lena apoyó la cabeza contra la pared e intentó ponerse más cómoda en la silla de hospital. Tendría que haber sabido que era inútil, dado que después de todo la silla pertenecía a un hospital. Además le dolía la parte baja de la espalda. La mano de Yulia seguía firmemente unida a la suya, pero la morena estaba claramente distraída. La rodilla le subía de arriba hacia abajo y a Lena se le ocurrió un extraño pensamiento: Si Yulia tuviera un clavo bajo el talón, probablemente hubiera taladrado el suelo en unos segundos. Hmmm. Un pensamiento bastante raro.
 
Después de diez minutos, Lena puso con gentileza la mano sobre la rodilla de Yulia. Yulia dejó de rebotar y miró a la pelirroja con aire culpable.
 
“Lo siento, supongo que sólo estoy nerviosa. Al menos tú ya has hecho esto antes.”
 
Lena sonrió. “Sí, y soy la que va a volver a hacerlo.”
 
Yulia se volvió a sonrojar, y Lena consideró el hecho de que la morena estaba realmente adorable cuando se ruborizaba. Tomó nota mental de hacer que Yulia se sonrojara más a menudo.
 
“¿Cómo estás tan calmada?” Preguntó Yulia con interés.
 
“Bueno, no parece tener sentido estar frenética por ello. Y en unas pocas horas estaré demasiado dolorida para estar frenética. Pero supongo que sí estoy emocionada.” Admitió Lena con una pequeña sonrisa.
 
“Oye, mañana tendrás un bebé recién nacido.”
 
“Sí.” Lena paró un segundo. “Oh, Dios mío.”
 
Yulia observó que el rostro de Lena se tensaba un poco, y de pronto la rodilla de la pelirroja empezó a subir y bajar a un ritmo perfecto que sólo podría haber tomado prestado de su amiga. Yulia rió.
 
“Oye, oye; calma, ¿recuerdas?”
 
“Esto es tu culpa” Se quejó Lena. “¡Ahora estoy preocupada!”
 
Yulia se soltó de la mano de Lena y puso con cuidado el brazo alrededor de los hombros de la mujer embarazada.
 
“Estoy aquí, y no me voy a ir a ninguna parte. Y sabes que estás emocionada. Todo va a ir perfectamente, así que ¿por qué estar preocupada? Sólo sé... feliz.”
 
Lena miró a esos ojos intensos y llenos de expresividad y sintió que se le derretía un poco el alma.
 
“Gracias.”
 
“¿Por qué?” La frente de Yulia se arrugó y Lena alisó los surcos con un pulgar.
 
“Por compartir esto conmigo. No querría tener a nadie más aquí.” Sonrió. Luego sus ojos se abrieron y su boca hizo una O. Se puso la mano sobre ella. “¡Vlad!”
 
“Oh, ****” Los ojos de Yulia se abrieron con comprensión. “Le llamaré.”
 
“¿Podrías hacerlo? No quiero salir, ya es bastante difícil levantarse de la silla como tal. No creo que se puedan usar móviles en el hospital.” Lena miró suplicantemente a su amiga. Yulia y Vladimir se llevaban bastante bien, pero de todas formas era, probablemente, algo cruel de pedir.
 
“Claro. Ahora mismo vuelvo, ¿vale?” Yulia bajó el brazo de los hombros de Lena y apretó la mano de la pelirroja. Buscando el número de Vladimir fue hacia fuera.
 
Lena volvió a apoyar la cabeza contra la pared y esperó. Ahora se ponía un poco nerviosa. Tenía mariposas en el estómago, aunque eso podría ser el parto. O la emoción. O simplemente el sentimiento al mirar a Yulia a los ojos. No, probablemente era en hecho de que estaba de parto. Y con ese pensamiento, otra contracción empezó a rasgar a su paso.
 
Para cuando hubo acabado, Yulia volvió.
 
“Qué rápido” Comentó Lena.
 
“Tiene el teléfono apagado.” Yulia hizo una mueca. “Seguiré intentándolo, ¿de acuerdo?”
 
“Sí.” Lena suspiró. “De todos modos está en Phoenix. Le dije que podría ser prematuro, pero tenía que ir.”
 
“Estará triste, quería de verdad estar aquí.” Yulia se volvió a sentar y se echó hacia delante sobre los codos.
 
“Lo sé. Pero la verdad es que no puedo controlar cuándo me pongo de parto.”
 
“¿Señorita Katina?” Las cabezas de ambas chicas se levantaron de repente ente la frase proveniente de una puerta pasillo abajo. Una mujer de mediana edad con uniforme de enfermera estaba de pie ante una puerta abierta y mirando hacia ellas.
 
“Sí.” Lena puso la mano en el brazo de la silla y luego dejó que Yulia le ayudara a ponerse en pie.
 
“Por aquí.” La mujer sonrió, y Lena sintió algo de apego por ella. Siguiendo a la enfermera recorrieron el camino hasta una bonita habitación privada. Había una gran cama central, una doble, y el cuarto estaba pintado de un color rosa pálido. No tenía mucho aspecto de habitación de hospital, aparte de las conexiones en la pared sobre la cama. Y el olor. No se puede hacer nada para que una habitación de hospital huela a otra cosa.
 
“Qué bonita.” Comentó Yulia.
 
“Dejaré que se acomoden.” La mujer volvió a sonreír. “Su comadrona estará aquí en un minuto o dos. El timbre está en el cable si necesitan algo.” Apuntando a una extraña cosa con aspecto de mando a distancia pegada a la pared, la mujer volvió a sonreír y se marchó.
 
Lena fue hasta la cama y se sentó en ella con delicadeza.
 
“Esto no parece una habitación de hospital.” Comentó Yulia.
 
“Huele como una” Contestó Lena, y la morena sonrió.
 
“Da igual. Hey, ¿Qué hay en la cosa a distancia?”
 
Ambas echaron un vistazo. Había un símbolo bastante obvio para las luces, y lo probaron. Otro era claramente para la enfermera, y lo dejaron en paz. Otros dos eran sólo flechas. Lena apretó uno y la cabecera de la cama se levantó. Los ojos de Yulia brillaron.
 
La cama las mantuvo ocupada durante al menos cinco minutos, y las risitas sólo se cortaron cuando Lena tuvo otra contracción. Yulia acarició la espalda baja de su amiga hasta que el dolor hubo remitido.
 
“Se están acercando entre ellas.” Notó.
 
“Y son más largas.” Asintió Lena. “Pero aún nos queda mucho.”
 
“¿De verdad?”
 
“Sip. Aunque los segundos bebés son más rápidos.” Balanceó las piernas contra la cama y se echó hacia atrás. Yulia usó el mando para poner la cama en una buena posición y se aseguraron de que Lena estaba establecida.
 
La comadrona apareció al poco tiempo. Era bastante joven, rubia, y se presentó como Petra. Parecía bastante simpática, y fue muy condescendiente con la presencia de Yulia. Cuando las confundió como una pareja, ninguna de las chicas la corrigió. Yulia observó con curiosidad cómo a Lena le colocaban pequeños discos en el abdomen, y una máquina empezó a pitar. Expulsaba un pequeño trozo de papel con unas líneas ondulantes en él. Alzó una ceja.
 
“¿Qué narices es eso?”
 
Lena rió. “Es un cardiotocógrafo.”
 
“Ah” Yulia asintió. “¿Y qué narices es eso?”
 
Petra también sonrió. “Es básicamente una manera de ver cómo van Lena y el bebé. No tenemos que dejarlo encendido todo el tiempo, pero es buena idea mirarlo de vez en cuando. Mira, Lena está a punto de tener una contracción.” Apuntó a las ondas ligeramente puntiagudas y luego ambas miraron a Lena, que las obedeció teniendo una contracción.
 
“¡Hala, genial, es un predictor de Lena!” Exclamó Yulia. Lena la dio un codazo en el costado y ella dejó escapar un ‘uf’.
 
Yulia no se había dado cuenta de que en realidad llevaría horas. Dejó de sobresaltarse cada vez que Lena tenía una contracción, lo que era bueno porque se hacían más frecuentes y largas. Tuvo que preguntar lo que la comadrona había querido decir al decir ‘cuatro’, ‘cinco’ y ‘seis’... hasta que lo aclaró diciendo ‘centímetros’. Luego Yulia tuvo que aclarar eso y pareció tan sorprendida cuando lo entendió que volvió a sentarse. Eso hizo reír a Lena, aunque brevemente.
 
Era temprano por la mañana cuando la Dra. María Sávchenko finalmente asomó la cabeza por la puerta de la habitación y sonrió.
 
“Hola, Lena. Hola, Yulia.”
 
La doctora de pelo oscuro se acercó y se sentó en la cama junto a Lena. Yulia estaba hecha un ovillo al otro lado, sujetando la mano de Lena y acariciando con cuidado la frente de la pelirroja.
 
Lena sonrió a su médico obstetricia y luego hizo una mueca. La Dra. Sávchenko cogió la otra mano de Lena y la observó junto a Yulia durante la siguiente contracción. Cuando hubo acabado, la doctora se subió las gafas y arrugó la nariz a Lena.
 
“Será mejor que vea por dónde vamos, ¿de acuerdo?”
 
Lena asintió y luego volvió a aspirar con fuerza cuando golpeó una contracción. Se aferró a la mano de Yulia con fuerza y la otra chica se mordió el labio. La Dra. Sávchenko observó el intercambio mientras se levantaba. “¿Estás bien? Preguntó a la morena en broma. “¡Parece que a esa mano no le llega mucha sangre!”
 
Yulia sonrió. “No me importa.”
 
Lena gimió. “Si no os importa, estoy intentando tener un bebé. ¡Menos bromas, por favor!” El final de la frase fue cortado por un jadeo cuando el dolor volvió a sobrepasarla. Se elevó sobre los codos y echó la cabeza hacia atrás gimiendo.
 
“Ocho centímetros Lena, casi estamos.” Lena le echó una mirada temblorosa y la doctora rió. “¿Quieres algo para el dolor?” Lena sacudió la cabeza y se mordió el labio. “De acuerdo, entonces volveré en media hora o así. Petra me llamará si me necesitáis, ¿de acuerdo? Estás haciendo un trabajo estupendo.” Dirigió el último comentario a Yulia, y luego desapareció.
 
Las contracciones de Lena se acercaron más y más; de hecho, ya casi no había tiempo entre ellas. Yulia se alternaba entre acariciar su espalda y simplemente intentar ser tranquilizadora. Había dejado de intentar decir algo, porque Lena tenía tendencia a reaccionar de forma violenta cuando lo hacía. No estaba segura de sentirse agradecida o no cuando Inessa apareció. La madre de Lena echó una sonrisa a Yulia y y se ofreció a hacerse cargo. Yulia no quería dejar el lado de Lena, pero era difícil decírselo a la madre de alguien.
 
“La quiero... a ella... aquí” Dijo Lena entre jadeos.
 
Inessa empezó a protestar. “Deja que tu amiga se vaya, cariño; ahora yo estoy aquí.”
 
“Yo... quiero a... Yulia” Gimió Lena. “Estoy bien... mamá.”
 
De alguna manera Yulia se sintió mal por la mujer. Debía de ser duro no estar en el parto de tu propia hija, pero Lena había dejado claro lo que quería. Eran las únicas frases coherentes que había tartamudeado la pelirroja en mucho tiempo, y por eso probablemente eran bastante importantes para ella.
 
“Eh, Inessa, ¿te importaría volver a intentar contactar con Vlad por ella?” Se aventuró Yulia con timidez. “Le he dejado algunos mensajes en el móvil, pero aún no he hablado con él.”
 
Lena asintió con rapidez en acuerdo, y luego se mordió el labio. Inessa tomó en silencio el teléfono de Lena y luego abandonó la habitación. Cuando la contracción de Lena subsidió soltó el agarre mortal en la mano de Yulia y sonrió con debilidad.
 
“Me siento mal, pero quiero que tú estés aquí.” Dijo.
 
“Está bien. Por mucho que me guste, o esté aterrorizada de tu madre, no me iré a ninguna parte.” Yulia sonrió.
 
“Gracias por estar aquí.” Susurró Lena. “Y si sientes la necesidad de desmayarte cuando empiece a ponerse complicado, siéntate, por favor.”
 
“No me voy a desmayar.” Se burló Yulia.
 
“Yul, vi tu cara cuando rompí aguas...” El recuerdo de la apariencia blanca y cetrina que surgió en el rostro de la torneada cara de la morena llegó a ambas chicas.
 
“¡No me desmayaré!” Reiteró Yulia con tozudez.
 
“Bien” Dijo Lena, y luego aferró la mano de su amiga cuando llegó otra contracción.
 
Y así continuó, justo hasta el punto en el que la Dra. Sávchenko anunció “¡Diez centímetros! ¿Lista para la parte divertida, Lena?”
 
¿La parte divertida?
 
Lena apreció que Yulia hiciera un claro esfuerzo por no desmayarse durante la parte ‘divertida’. No lo apreció en el momento porque estaba un poco preocupada, pero más tarde pensaría en ello. La morena se concentró más que nada en sujetar la mano de Lena, porque no tenía mucha más elección, y en intentar sobrellevarlo con ella. Quizá se puso algo pálida cuando se oyó la palabra 'empuja’, pero posiblemente eso era porque los huesos de su mano estaban siendo destrozados al mismo tiempo.
 
“Aquí vamos, Lena, ahí está la cabeza...”
 
Yulia miró a la Dra. Sávchenko con puro asombro, y efectivamente, unos veinte segundos después oyó un llanto plañidero. Y se echó a llorar. El resto del bebé siguió con bastante rapidez, porque tienden a estar pegados a la cabeza.
 
Lena cayó hacia atrás y escuchó a su recién nacido dar sus primeros llantos. Podía ver lágrimas cayendo por el rostro de su amiga, y apretó con suavidad la mano que sujetaba. Vio cómo cortaban el cordón y luego un minúsculo y precioso chico fue puesto en sus brazos. Con lágrimas rodando por su rostro acunó con gentileza a su hijo, viendo su cara calmarse del llanto, y susurró,
 
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Re: Lo mejor para mi // Por: Eidan&Sille (Original de Clom)

Mensaje por HaziTha el Miér Mayo 27, 2015 5:41 pm

Capítulo 45: Oye cómo graniza en mi interior.
 
Lena acunó a su hijo en los brazos con gentileza y miró cómo dejaba de comer, eructaba un poco y luego se acomodaba en sus brazos para dormir plácidamente. No se cansaba de mirarle. Había dormido poco desde que había nacido; pero, para ser honesta, le parecía que tenía mejores cosas que hacer y estaba llena de adrenalina.
 
La llevaron a una habitación individual con una cuna para su pequeño. Su pequeño. La verdad es que tendría que ponerle nombre pronto, porque referirse a él como ‘él’ se estaba haciendo algo ridículo. Oh, de todas formas sólo era media tarde, el renacuajo tendría un nombre en su momento.
 
Lena dejó que su atención se despegara de su hijo hacia la silla junto a la cama. Yulia estaba hecha un ovillo en ella, con Katya en su regazo. Parecían estar jugando a algo con Mr. Ruffles que incluía intentar robar la nariz de Katya.
 
Lena seguía sintiendo algo de turbación por la respuesta de Katya hacia su nuevo hermanito. Había sido muy cuidados, y le había tocado la cabecita con asombro, pero Lena podía notar la incomodidad de su hija. Y ahora, viéndola jugar con Yulia, sintió que su corazón daba el mismo pequeño salto que daba cuando miraba a su pequeño. Estaba claro que Katya iba tener algunos problemas de celos, pero lo importante era que Lena la quería igual que siempre, e iba a ponerse en camino para aclararlo. Empezando ahora.
 
 
“Te hago un cambio” Dijo en voz baja a la morena en el sillón.
 
“¿Eh?” La cabeza de Yulia se alzó de repente ante las palabras de Lena.
 
“Te hago un cambio. Yo cogeré a Katya y tú puedes tener al bebé un rato.”
 
Los ojos de Yulia se abrieron y Lena sonrió. La morena había tenido en brazos al bebé durante todo un minuto, y todo el rato había parecido aterrorizada más allá de lo posible. Como si estuviera a punto de dejarle caer. Lena había reprimido el deseo de preguntar si Yulia había tenido a un bebé en brazos antes. Sospechaba bastante que la respuesta sería que no. Pero no hay nada como el presente, y además quería los abrazos de Katya.
 
Cambiando ligeramente de posición pasó a Yulia el bebé, que lo acunó con reverencia. Mientras, Lena abrió los brazos a Katya, que saltó en ellos. Tumbándose en la cama con su pequeña miró a Yulia observar a su hijo.
 
“Necesita un nombre” Murmuró la morena con suavidad.
 
“La verdad es que sí.” Lena se estiró e hizo cosquillas a Katya en los costados, recibiendo unas risitas y un salto como respuestas. Envolvió a la pequeña pelirroja en sus brazos y la besó sonoramente en la cima de la cabeza. Sintió que Katya se relajaba en el abrazo y sonrió. Lena sacó las manos y hizo señas para que Katya pudiera verlo. “¿Cómo deberíamos llamarle?”
 
Eso llevó el silencio a la habitación. Mientras las tres chicas ponderaban las posibilidades de un nombre, y el niño sin nombre dormía en brazos de Yulia, un hombre alto y de pelo castaño con algunos mechones grises apareció en la puerta. Pasaron unos minutos antes de que Lena alzara la vista y sonriese.
 
“Hola”
 
“Hola” Dijo Vlad con una sonrisa. “Lo siento; te juro por Dios que este ha sido el primer vuelo que pude conseguir desde Phoenix.”
 
“Está bien” Lena sonrió, “¿Quieres conocer a tu hijo?”
 
Yulia se levantó del sillón y puso con cuidado el bebé que dormía en los brazos de Vladimir. Se sentó en la cama con Lena y Katya y las tres chicas observaron cómo Vlad, con lágrimas cayendo abiertamente por su rostro, acunaba al pequeño en sus brazos.
 
Acabaron instalados juntos en la cama, con Vlad aún sosteniendo a su hijo con reverencia, y con Lena aún acurrucada con Katya. Fue el sentimiento más extraño que había tenido Lena. Era como si su familia por fin estuviera reunida. Toda. Y eso incluía a Yulia. Iba a tener que aclarar eso, porque si lo dejaba demasiado tiempo de lado las cosas se complicarían aún mas de lo que ya estaban. Pero el ver a Vladimir con su hijo hizo que se diera cuenta de todo el cuidado con el que iba a tener que llevarlo todo a cabo.
 
“¿Tenemos ya un nombre?” Preguntó Vlad en voz baja, mientras su hijo aún sin nombrar hacía burbujas en su sueño.
 
“Justo estábamos pensando en ello” confesó Lena.
 
“Katya acaba de decir algo, pero no lo he visto” Interrumpió Yulia.
 
Lena volvió a mirar a Katya.
 
“Ha dicho ‘Alex’. Creo que es de unos dibujos animados que le gustan.” Rió Lena. “Pero personalmente me gusta.”
 
“A mí también” Dijo Vlad. Para la sorpresa de Yulia, el hombre la miró y preguntó “¿Qué piensas, Yulia? ¿Alex?”
 
“Es un nombre con mucha fuerza. Y siempre puede ser Alejandro Magno.” Bromeó ella.
 
“Alexander” Murmuró Vlad, y luego miró a Lena. “Supongo que tiene nombre.”
 
Una pequeña sonrisa escapó del rabillo del ojo de Lena, y sonrió con una sonrisa temblorosa de ‘estoy a punto de llorar’. “Supongo que sí.”
 
********************
Lena se negó a quedarse en el hospital mucho tiempo. Quería ir a casa. Más aún, quería estar en casa con Katya, Yulia y Alex. Seguía algo preocupada por Katya, que estaba inusualmente mimosa y no muy contenta con su hermanito. Lena había esperado que ponerle el nombre podría aliviar los celos un poco, pero esa esperanza era un poco prematura. Muy en el fondo sabía que Katya simplemente tendría que acostumbrarse a la presencia de su hermano. Para Katya la vida siempre había orbitado alrededor de Lena. Casi siempre habían sido ellas dos, ni siquiera Yulia había causado un gran impacto en su relación; simplemente había entrado en ella limpiamente. Alex, por otra parte, era algo grande y nuevo que se iba a llevar a su mamá. Lena podía ver a su hija preparándose para una lucha.
 
Estar en casa no hizo más fáciles las cosas. De hecho, su hija se estaba volviendo beligerante, maleducada, y empezaba a desobedecer por defecto a Lena. Tres cosas que nunca había hecho antes. Ignoraba por completo a Vladimir, y Lena podía decir que él no tenía ni idea de qué hacer al respecto. La única persona a la que respondía era a Yulia. Una parte de Lena se sentía agradecida de que su hija respondiera a alguien, pero la otra mitad se dolía por dentro. Sabía que sólo tenían que reajustarse, pero cuando Katya había señalado por primera vez en su vida que odiaba a Lena, ésta se había roto.
 
Y ahora estaba de pie en la cocina, con lágrimas cayendo por su rostro. Yulia estaba llevando a Katya a su cuarto. Alex estaba gratamente dormido. Dos semanas y ya tenía un ritmo vital sencillo. Como Katya, era un bebé maravilloso. Eso hizo llorar aún más a Lena. Sintió que los brazos de Yulia se ponían alrededor de su cintura, llevándola a un abrazo y acariciándole el pelo con gentileza. Ni siquiera había oído a la morena entrar a la cocina.
 
“Shh, está bien. Sabes que no lo decía en serio. Eres su mundo, Lena, ya lo sabes.” Apaciguó Yulia.
 
“Lo s..sé” Hipó Lena, “Es que nunca había pensado que la... oirí... a decir eso.”
 
La morena rió. “Espera a que sea adolescente, no oirás otra cosa.”
 
Lena se apartó un poco. “Se sup... one que e... so me ha... rá se... ntir mejor?” Dijo con una sonrisa.
 
“Oh, sí. Sabes que te adora, nena. Sólo que lo está pasando mal al compartirte.”
 
Lena enterró la cabeza en la curva del hombro de Yulia y dejó que siguiera calmándola. “Lo sé, de verdad. Es que...”
 
“¿Es que estás emocional, y acabas de dar a luz hace dos semanas, y todo esto es sobrecogedor?” Rellenó los huecos Yulia.
 
“Ajá” Asintió Lena. “Además, estoy ligeramente sorprendida por tus poderes psíquicos recién descubiertos. Y tengo los pezones agrietados.”
 
Yulia rió. “Vale, no necesitaba para nada saber eso. Y no tengo poderes psíquicos, sólo veo lo difícil que esto es para ti.”
 
“Es más fácil contigo aquí. Muchísimas gracias.” Susurró Lena.
 
Y no era mentira. La morena había sido una campeona. Parecía tener una energía inagotable y a Lena le conmovía cómo la dedicaba a todos ellos. Lenar sabía que nunca sería capaz de devolvérselo a su amiga. Pero claro, sabía que si lo intentaba la rechazarían muy rápido.
 
Y así siguieron. Katya se volvió algo menos desafiante. Tenía una clara curiosidad con Alex, y Lena se tomó la molestia de incluirla tanto como fuera posible. Mientras Katya tuviera cuidado, podía ayudar. Aunque seguía mirando enfurruñada a su hermanito, Lena notaba una distensión parcial. Aunque eso no la detenía de tener tres rabietas en una noche, lo que era un record definitivo.
 
Parecía que iba a hacer falta un milagro para que la niña se calmara. Lena se quejaba de ello a Yulia mientras daban un paseo por el parque. Encontrando un banco cerca de la zona de juegos, Lena animó a Katya para que fuera a jugar con las instalaciones mientras hablaba con la morena. Alex dormía en su carrito, aparentemente inconsciente de su impacto en el mundo. Por supuesto, de momento se comunicaba llorando o haciendo pequeñas burbujas, así que era un poco difícil entenderle la mayoría de veces.
 
“¿Y si le odia para siempre? ¿Y si me odia a mí para siempre?” Lena hizo una mueca.
 
“¿No crees que estás siendo un poco dramática?” Yulia sonrió.
 
“Vale a lo mejor, pero...”
 
“Lena, todos los niños pasan por esta etapa de celos.”
 
“¡Yo no!” Protestó la pelirroja.
 
“Bueno... yo tampoco, pero eso es porque mi medio hermana apareció cuando yo tenía 15 años” Sonrió Yulia.
 
“Oh no sabía que tenías una, bueno...”
 
“Lo superará, Lena. Te lo prometo. Sólo dale algo de tiempo. Katya es una buena niña. Es su estado natural, volverá a ser así.”
 
“Eso espero.” Lena suspiró. “No estoy segura de poder aguantarla así, con el no dormir, y el estrés, y...”
 
“Oye, oye” Yulia dibujó círculos en la espalda de Lena de forma tranquilizadora. “Deja de estresarte. Estás haciendo un trabajo estupendo. Y tienes mucho de lo que disfrutar ahora mismo.”
 
“Sí” sonrió Lena. “Supongo que sí.”
 
Observaron a los niños jugar, y el monólogo interno de Lena la tranquilizó por cuántas cosas por las que debía sentirse agradecida en ese momento. Tenía a Alex, y a Yulia, e incluso Vladimir se estaba haciendo más amigo de lo que nunca había esperado. Y siempre tendría a Katya, su primera hija. Su única niña. Sonrió. Alzando la vista para ver un reflejo de su pequeña, encontró el familiar abrigo rojo y se puso en pie de repente.
 
“¡Oh, Dios mío!”
 
“Lena, ¿qué pasa? ¡Oh, Dios mío!”
 
Lena corrió hacia la zona de juegos dejando a Yulia con Alex. Cogiendo a Katya del brazo la quitó de encima del chico sobre el que estaba de pie. Si no lo hubiera acabado de ver con sus propios ojos no lo hubiera creído. Katya acababa de empujar al chico con tanta fuerza que él se había caído hacia atrás. Ahora la miraba con una mirada horrorizada en el rostro, y el propio semblante de Katya era endemoniadamente furioso.
 
“¡Katya!” Señaló Lena con furia sorprendida. “¡¿Qué estás haciendo?!”
 
“¡Ha sido malo!” Contestó Katya.
 
“¡Esa no es razón para empujarle!” Respondió Lena con ira. “Nunca, nunca debes usar la violencia.”
 
Katya se cruzó de brazos obstinadamente. No había mirado a Lena, si no que mantenía los ojos pegados a su víctima, que seguía agazapado en la corteza de pino.
 
“¿Qué ha dicho?” Lena sabía que no debía preguntar. No debía importar lo que hubiera dicho el chico. Pero sentía curiosidad, y no pudo resistirlo. “¿Se ha reído de ti por ser sorda?” Era la opción obvia. Ya se habían reído de Katya muchas veces por ello. La mayoría de los chicos eran curiosos, pero algunos simplemente eran crueles. Lena se había asegurado de que Katya entendiera que eran los otros chicos los que tenían el problema, no ella, pero probablemente no podía culpar a la chica por sentirse ofendida de vez en cuando. Aunque eso no justificaba la violencia.
 
Se quedó sorprendida cuando Katya sacudió la cabeza y volvió a fulminar al chico con la mirada.
 
Cogiendo a su hija por la barbilla la movió hasta que sus miradas se encontraron. Luego Lena señaló.
 
“¿Por qué le has empujado?” Era la mirada tozuda y penetrante que le echaba a su hija, y funcionó.
 
“Ha dicho... que...” Los labios de Katya dibujaron una fina línea y aparecieron arrugas en su frente. “¡Ha dicho que Alex parecía un mono pelado!” Exclamó. Durante un segundo la pequeña pelirroja pareció a punto de ir a patear al niño mientras estaba tirado, pero luego se lo pensó mejor.
 
Lena la miró atónita. Sacudiendo la cabeza con incredulidad ayudó al chico empujado a ponerse en pie, se disculpó, cogió a Katya de la mano y volvió hacia Yulia. A pesar de todo no pudo reprimir la pequeña sonrisa que cruzó su rostro. Después de todo realmente las cosas iban a ir bien.
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Re: Lo mejor para mi // Por: Eidan&Sille (Original de Clom)

Mensaje por HaziTha el Miér Mayo 27, 2015 5:43 pm

Capítulo 46: Intrusora y arrogante.
 
“¿Cuándo es la revisión de las seis semanas de Alex?” Preguntó Yulia en mitad de un bocado de cereales. Salió más como “W’ndo eh la rev’ón e la’eis ‘emanas e Aheh?” pero Lena lo entendió de todos modos. Decía mucho de su comprensión innata de su amiga que consiguiera descifrar el mensaje, pero lo hizo.
 
“El miércoles.” Rió y le alcanzó a la morena una servilleta para que se limpiara la barbilla. Yulia sonrió avergonzada y se limpió el rastro de leche.
 
“Genial.” Exclamó. “¿Vendréis a la clase de música?”
 
Lena sacudió la cabeza con remordimientos. “Por desgracia la única cita que pude conseguir era a la misma hora. Katya sí estará.”
 
Yulia se encogió de hombros conciliadoramente.
 
Lena observó a su compañera con cuidado. Últimamente lo había estado haciendo mucho. Ahora mismo las cosas parecían tan precariamente equilibradas en su mente que no sabía qué hacer. Era como si no importara hacia dónde se moviera, algo horrible ocurriría. Había conseguido meterse en un espacio donde sus hijos parecían estar bien, Yulia parecía estar bien, Vladimir parecía estar bien y Lena se sentía bien. Cualquier movimiento en falso podía desequilibrar esa placidez.
 
Es decir, si se alejaba de Yulia eso destruiría potencialmente su actual relación. Eso era algo que Lena no estaba preparada para soportar. Pero si se acercaba a Yulia... y maldición, estaba tentada. Bueno, eso abría la Caja de Pandora, ¿verdad? Aún podía perder a la chica. ¿Qué sabía Lena de estar con una chica? ¿Qué sabía Lena sobre mantener una relación con alguien? Se estaba divorciando de su marido, por el amor de Dios.
 
Y luego estaba Katya. A Lena le había pillado por sorpresa lo celosa que Katya se había puesto por Alex. Cinco semanas lo habían enfriado a un nivel aceptable. Estaba más involucrada y menos enfadada, pero aún celosa. ¿Y si le pedían que compartiera aún más a su mami? ¿Con Yulia? ¿Haría la vida difícil a Katya? Probablemente su vida ya era bastante complicada. Y si Lena y Yulia funcionaban, ¿no sería eso añadir leña al fuego? Ser sorda iba a ser bastante con lo que lidiar, más si tu madre era... era... lesbiana.
 
¿Y lo era? Es decir, había amado a Vlad. Y Vlad... oh, los problemas que eso iba a traer. ¿Cómo demonios iba a reaccionar? Era prácticamente perfecto estoa días. Lena le adoraba y estaba encantada ante el hecho de que fueran amigos de verdad. Reían y se llevaban muy bien. Era estupendo, y genial para los niños. Lena no estaba enamorada de él, y lo sabía. No tenía intención de volver ahí y algo que no se cuestionaba en el momento era la decisión de acabar con su matrimonio. Aunque preferiría que las cosas se quedaran como estaban. Cambios con Yulia probablemente significarían cambios con Vladimir.
 
Y... y cambios con Lena. ¿Podía hacerlo? ¿En realidad era gay? ¿Qué significaba amar a Yulia? Una parte de Lena sabía lo que significaba. Y la aterrorizaba. “¿Lena?”
 
La morena se encontró con Yulia pasándole una mano por delante de la cara. “¿Qué?” Preguntó de manera confusa.
 
“¿Eh, cadete espacial?” Sonrió Yulia. “Estabas del todo en otro planeta. ¿Era el planeta desnudo?”
 
Lena le dio un pequeño latigazo con la bayeta de lavar los platos. “Cabezahueca.” Sonrió de forma traviesa.
 
“¿Cabezahueca?” Bromeó la morena. “Perdona, ¿quién es la que está dando latigazos?”
 
Lena volvió a lanzarle una sonrisa y colgó la bayeta en su lugar. “¿No llegas tarde?” Apuntó.
 
“Sip. Me voy, es lo que INTENTABA decir. Mientras estabas por ahí con las hadas.”
 
Lena sonrió. “¡Que tengas un buen día!”
 
“Sí. Tú también.” Yulia se inclinó por encima de la encimera y plantó un beso en la mejilla de Lena. “Te veo.”
 
Y luego se fue. Lena observó su trasero sexy mientras salía por la puerta y sacudió la cabeza con una sonrisa avergonzada. Vale, perder a Yulia era un ‘no’ definitivo. Tendría que mantener las cosas como estaban durante algo más de tiempo.
 
El miércoles llegó sorprendemente rápido. Alex crecía día a día. Era casi como si Lena se diera la vuelta y el pequeño hubiera crecido toda una talla o algo. Lena estaba tentada de montar un vídeo para ver si de verdad se le podía ver crecer. Ahora sonreía, y era adorable. Incluso Katya estaba llegando a quererle. Cuando estaban Katya y Alex, en general Katya se ponía gruñona y celosa. Cuando había alguien más en la mezcla, era protectora y encantadora. Lena sólo agitó la cabeza y dejó que se arreglara por sí solo. Sabía que al final lo haría.
 
Llegaron al hospital y recorrieron el camino hacia la planta familiar de la zona de pediatría. Cuando se aproximaban a la sala de juegos Lena paró. Yulia estaba apoyada sobre la puerta, que estaba cerrada por abajo. Estaba sobre sus codos, con su preciosa sonrisa grabada en su rostro angélico. Sólo que la sonrisa no era para Lena, ni para Katya. La morena aún no los había avistado. Era para la chica de pelo rojo castaño que estaba de pie enfrente de ella. Cerca. Demasiado cerca.
 
La otra mujer era... guapa. Lena tenía que admitirlo. El pelo color rojo castaño hasta los hombros, la cara gentilmente angulosa. Si Lena no hubiera estado tan violentamente celosa en la boca del estómago quizá hubiera apreciado las vistas de la otra mujer. Pero era la manera en que tenía la mano apoyada en la pared, agachándose cerca, y haciendo a Yulia reír, que envió una sacudida de náuseas a través de Lena. La mujer reía, de forma flirteante, con Yulia. Y Yulia también reía.
 
Fue como si los segundos pasaran con tanta lentitud que se pudiera oír cada uno de ellos. Cada momento resonó con fuerza, hasta que Yulia giró la cabeza y vio a sus tres compañeros de casa en el pasillo. Compartiendo su sonrisa con ellos de forma adorable, Yulia les hizo señas. Esperando que su cara no traicionara sus pensamientos internos, Lena puso una sonrisa falsa y llevó a Katya hacia la sala de juegos.
 
“Te veré luego, Yul” Oyó decir a la otra mujer. La extraña le lanzó una sonrisa rápida pero rara y se marchó.
 
“Hola” Sonrió Yulia, abriendo la puerta y subiendo a Katya en brazos. Lena aún se tomó el tiempo para apreciar que la morena también lo había dicho en signos. “Me alegro de veros.”
 
“Dijimos que vendríamos” Contestó Lena con la cabeza girada hacia un lado.
 
“Sí.” La frente de Yulia se arrugó. “¿Va todo bien?”
 
“Sí, por supuesto, ¿por qué no iba a ir?” Mintió Lena. “El tráfico ha sido un poco estresante.”
 
El último comentario debió de convencer a Yulia, porque la morena volvió a hablar amigablemente. Si notó que Lena estaba callada no dijo nada. Antes de que pasara mucho tiempo llegó la hora de que la morena se fuera a su cita, y recogiendo la cápsula de viaje de Alex, prácticamente huyó de la habitación. Como un criminal dejando la escena de un crimen.
 
Estuvo distraída la siguiente hora. Durante la consulta de Alex, que resultó ser tranquilizadora, cine por cien normal. Durante su charla con la Dra. Sávchenko. Durante sus momentos de espera. ¿Quién demonios era la chica que hablaba con Yulia?
 
Vale, estaba siendo condenadamente ridícula. Sólo era una colega de trabajo. Llevaba un estetoscopio. No parecía médico, pero ya sabes, podía ser enfermera o algo. Lena frunció el ceño. Yulia podía tener amigas de trabajo; colegas de trabajo. Demonios, en realidad podía tener novias. Era sólo que... esa idea dolía mucho.
 
Maldición, ¿por qué tenía que ser tan complicado esto?
 
Recogiendo a Katya de Yulia, de pronto sintió el ansia de estar muy, muy lejos. De volver a huir. La última vez que se había sentido así había sido... había sido justo después de que hubieran hecho el amor por primera vez. Ese glorioso sentimiento de completa plenitud unido a una culpa entumecedora y algo de emoción que era simplemente intocable. Y por qué ese sentimiento se replicaba ahora, Lena no lo sabía. No tenía nada por lo que sentirse culpable, y ciertamente nada por lo que sentirse llena, y aún así las sensaciones eran extrañamente las mismas.
 
Yulia la miró de forma rara, y no pudo evitar preguntar: “¿Estás segura de que estás bien?”
 
“Sí” volvió a mentir Lena. “Sólo algo de dolor de cabeza. Creo que llevaré a estos dos a casa y echaremos una siesta.”
 
“¿Quieres que vaya con vosotros? Puedo salir antes.”
 
“No, no, estamos bien. Tienes cosas que hacer. Es sólo un pequeño dolor de cabeza, Yul, no pasa nada.” Usó el nombre de su amiga como si le perteneciera. Oírlo de labios de una extraña le había producido escalofríos.
 
Lena no durmió en casa. Sobre todo caminó por la cocina apretándose las manos y murmurándose a sí misma. Por suerte Alex estaba dormido y Katya estaba distraída por los dibujos animados, porque Lena estaba segura de que parecía medio loca. Se sentía medio loca, eso seguro.
 
Cuando Yulia llegó a casa Lena intentó con todas sus fuerzas actuar convincente y normal. Cualquier naturaleza silenciosa y distraída que mostrara convenció a la morena que era debido al dolor de cabeza. Incluso fue una buena excusa para irse a la cama pronto.
 
Tenía que controlarse.
 
El pánico continuó durante todo el día siguiente. No podía sacarse a la extraña chica de la cabeza. Para la hora de la comida estaba frenética, y en ese punto se dio cuenta de que necesitaba calmarse. Controlando firmemente sus emociones pasó el resto del día reproduciendo una letanía en su cabeza. ‘Es sólo una amiga. Es sólo una amiga. Es sólo una amiga. Estás siendo ridícula, es sólo una amiga.’
 
Estúpido, pero efectivo. Para cuando Yulia llegó a casa esa noche Lena estaba mucho más calmada. Le lanzó a su amiga una preciosa sonrisa y se puso a hacer la cena en su rutina habitual. Yulia estaba sentada en la barra de desayuno cortando verduras, y Lena de pie en la cocina haciendo varias cosas.
 
“Bueno, ¿ha habido algo interesante hoy?” Aventuró Lena.
 
“Eh, de hecho sí” Dijo Yulia con aspecto tímido.
 
El latido del corazón de Lena se incrementó por diez. “¡Pues cuéntamelo!” Esperó sonar adecuadamente emocionada.
 
“Bueno... eh... en realidad” Yulia no sonreía, pero tampoco miraba a Lena. Y murmuraba. El corazón de Lena se aceleró más. Más rápido y se iba a desmayar. “Tengo una cita mañana por la noche.”
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Re: Lo mejor para mi // Por: Eidan&Sille (Original de Clom)

Mensaje por HaziTha el Miér Mayo 27, 2015 5:45 pm

Capítulo 47: ¿Me siento de verdad como me siento?
 
“¿Una... una cita?” Lena tragó. Con fuerza. No, no, no, esto no podía estar pasando. ¿Yulia tenía una cita? Las náuseas se incrementaron precipitadamente, en cualquier segundo Lena iba a tener que correr al baño. Sólo que sus músculos parecían haberse congelado. El tumulto en su cuerpo sólo se añadía al pánico mental.
 
“Sí. Es decir, es sólo café; pero ya sabes, es una cita.” Yulia bajó la vista.
 
¿Qué era esto? ¿Pensaba que Lena iba a estar saltando de alegría? Yulia sabía que Lena estaba enamorada de ella. ¡Se lo había dicho! Toda esa conversación de cómo se amaban y... y que no cambiaba nada. El eco de las palabras de Yulia resonaba en sus oídos:
 
“Si ocurre, ocurre. Cuando tenga que ser. Cuando pueda ser. No lo esperaré. No puedo esperarlo, porque si lo hago, todo lo que tú eres es mi redención. No puedo hacerte eso.”
 
¿Quería que la esperara? Eso no era justo para Yulia, lo que Lena quería; y Lena lo sabía bien. ¿Así que por qué esperaba que Yulia se quedara hasta que Lena pusiera orden en su cabeza?
 
“¡Es genial!” Consiguió sacar, con entusiasmo muy falso. Vaya, era una actriz muy decente, quizá tenía algo de futuro en ello.
 
La cabeza de Yulia se alzó con una mirada curiosa e interesada. Había estado probando a Lena, eso era obvio. “Sí.” Repitió. “Genial.”
 
“¿Con quién?” Preguntó Lena. No es que necesitara preguntarlo. La imagen de la mujer de pelo rojo castaño pasó por su cerebro. Lena añadió mentalmente cuernos y una cola puntiaguda. Quizá con un tridente.
 
“Eh, se llama Irina, trabaja en el hospital.”
 
“Ajá” Dijo Lena, forzándose a moverse. Empezó a hacer café, sin estar segura de qué podría hacer en su lugar. En piloto automático fue a coger dos copas. “¿Enfermera?”
 
“En realidad fisioterapeuta.” Yulia observó cuidadosamente los movimientos de Lena. La morena hizo un esfuerzo extra por parecer descuidada y cómoda. Prácticamente se merecía un Oscar por esta representación en particular. La Lena de una dimensión alternativa ahora tiraba cosas con bulliciosa ira, destruyendo lo que había a su alrededor. Y luego estaba la tercera Lena en la siguiente dimensión, la que había juntado algo de agallas y ahora estaba subida a horcajadas sobre Yulia y pasando la camiseta de la morena sobre su cabeza.
 
“Bien” Sonrió Lena. Sintió un tirón en la cara. “¿Y qué vas a llevar?”
 
“No lo sé. ¿Quieres ayudarme a escoger algo?”
 
Lena consideró que eso podría ser divertido. Bueno, tan divertido como que te arrancaran las uñas de los pies con alicates y sin anestesia. “Claro.”
 
¿Qué estaba haciendo? ¿En qué pensaba? Esto no estaba bien. No había dudas en su mente de que esto no estaba bien. Seguramente este era el momento de decir algo. Ahora, mejor que en tres meses cuando Yulia se estuviera yendo de casa para estar con su chica de pelo rojo castaño. ¿Dónde demonios se habían metido las agallas de Lena? ¿Iba simplemente a ceder en esto? Demonios, no.
 
“¿Y dónde vais a tomar café?” Preguntó de forma casual. Oh, sí, eso sí que eran agallas.
 
“Aún no estamos seguras, ya lo veremos mañana.” Yulia jugueteó con su taza de café. “¿Estás segura de que esto te parece bien?”
 
Vale, al menos una de ellas tenía valor.
 
“Por supuesto.” Y no era Lena.
 
Cómo logró pasar el resto de la tarde nunca lo sabría. Estaba tan completamente sobrepasada por todo el asunto que le sorprendió lograr formar una frase coherente, y menos aún conversaciones completas. Por suerte Yulia había llevado su diálogo en direcciones completamente diferentes, pero Lena seguía teniéndolo en la cabeza. O como mínimo, algunas de las cosas que tendría que haber dicho, como:
 
‘No, no puedes ir en una cita, eres mía.’
‘¿Quién coño es y cómo la mato?’
‘¿Ya no me quieres?’
 
Vale, probablemente era bueno que no hubiera dicho la última. Para empezar sonaba llano y patético, y en segundo lugar probablemente era lo más cercano que podía articular acerca de cómo se sentía.
 
Yulia se había ido cuando Lena se atrevió a ir a la cocina a la mañana siguiente. En realidad Lena apenas había dormido, y prácticamente agradeció que Alex hubiera llorado, al menos le daba algo que hacer. Alex, sin embargo, era un campeón durmiendo y no fue una gran distracción mientras esperaba que Yulia se fuera. Podía oír la ducha en funcionamiento, imaginar a la morena caminado por la casa, hacerse su café matutino. Sabía el aspecto, la esencia, todo el sentimiento de la escena de manera íntima. Esta era su familia, el calor y hogar de Lena, y ahora alguna fulana estaba entrometiéndose en ella. Todo porque Lena era la persona más cobarde del mundo. Estupendo.
 
Viviendo con café y sin dormir, Lena aguantó a lo largo del día. Cada segundo duraba una eternidad, y no de una buena manera. Cada latido de su corazón imitaba cada cambio del segundero y la llevaba más cerca al momento en el que Yulia iba a pasar por la puerta. Y luego volvería a salir.
 
La mitad de Lena estaba determinada a decir algo, a hablar y acabar este ridículo juego al que parecían estar jugando. Por el amor de Dios, no era posible que Yulia pensara que esto le parecía bien, ¿no? Pero claro, ella y Yulia habían llegado a definir su relación como amistad. ¿Cómo se suponía que iba eso a detener a la morena?
 
La otra mitad de Lena se preguntaba si no podría sólo volar y esconderse.
 
Y así fue como Lena se encontró sentada en el sofá, abrazando a Mr. Ruffles como si se sujetara por su vida, y mirando el reloj pasar hasta las cuatro y media. Sabía que sería en cualquier minuto. ¿Qué iba a hacer, qué iba a decir? Abrazando a Mr. Ruffles con más y más fuerza, se meció un poco. Oh, Dios, esto era como una pura tortura. No estaba segura de poder seguir así, y no estaba segura de poder soportar ver a Yulia hoy. ¿Y si se asustaba por completo cuando... ?
 
“¿Estás bien?”
 
Lena saltó de su pánico interior para encontrar a Yulia mirándola inquisidoramente. De alguna manera, en su aguda alarma por que la morena llegara a casa, había conseguido perderse a la morena llegando de hecho a casa.
 
“Sí... por supuesto, ¿por qué?” Tartamudeó Lena, desesperada por lograr algo de control sobre sí misma.
 
“Eh... porque Mr. Ruffles no puede respirar y tú pareces muy preocupada.” Apuntó Yulia.
 
“Oh.” Lena bajó el elefante junto a ella. “Lo siento, sólo estaba pensando.”
 
“Algo profundo.” Asintió Yulia. “¿Quieres compartirlos?”
 
“La verdad es que no,” Lena suspiró. “De todos modos eran algo estúpidos.”
 
La morena inclinó la cabeza y llevó a su amiga a un abrazo. “Nunca estúpidos, Lena. Nunca estúpidos. Estoy aquí si quieres hablar, ¿de acuerdo?” Con un beso en la cima de la cabeza de la pelirroja, y una gentil caricia por su mejilla, Yulia fue hacia su habitación.
 
‘¡JODER!’ Gritó la mente de Lena.
 
Se cruzó por la sala y la cocina durante media hora, subiendo y bajando cosas. No hizo absolutamente nada productivo hasta que sus nervios vibraron con tanta fuerza que temblaba. Bajando por el pasillo, llamó suavemente a la puerta de Yulia.
 
“Adelante” Oyó la réplica.
 
Lena abrió la puerta, pero no entró. Se apoyó en el marco de la puerta y observó a la morena revolver entre su ropa.
 
“¿Has escogido algo?” Preguntó.
 
“Nop. Estoy pensando en vaqueros y una camiseta bonita.” Yulia sonrío de manera adorable. “Es café, así que casual.”
 
“La azul es bonita” Dijo Lena en voz baja. “La de las rayas moradas.”
 
“Mmm, demasiado conservadora.”
 
“La azul con encaje” Lena señaló sus clavículas, donde sabía que estaba el encaje.
 
“Demasiado fresca esperanzada.”
 
“¿La verde con eso del chaleco?”
 
“¡Buena elección!” Cogiendo la camiseta, Yulia miró a Lena de manera inquisidora. “¿Por qué te sabes toda mi ropa?”
 
Lena rió resoplando. “De vez en cuando te la lavo.” Incapaz de ver a Yulia seguir preparándose salió al pasillo, metiéndose las manos en los bolsillos y cerrando con fuerza los ojos contra el dolor que torpedeaba su cuerpo. Nunca había sabido que se podía tener dolor físico real por el malestar emocional, pero lo estaba aprendiendo.
 
Poniendo la cena en la mesa, esperó a que Yulia saliera. La morena había optado por algo bastante casual, pero tenía el pelo retocado y su maquillaje estaba cuidadosamente disimulado. Estaba increíble. Dejó sin aliento a Lena y, aún peor, hizo que sintiera un dolor agudo en el estómago. Estaba muy tentada de aprovecharlo, hacer que estaba peor de lo que estaba. Sabía que si Yulia pensaba que no estaba bien se quedaría, lo cancelaría. Pero... no podía hacerlo así. Si Lena no podía hablar, algo en su interior la detuvo de sabotear la cita de Yulia de otro modo. Algún tipo de conciencia. Maldición, tenía que encontrar esa parte de ella y estamparla algún día.
 
“¿Te quedas a cenar antes de irte?” Preguntó a su amiga.
 
Yulia sacudió la cabeza mientras se ajustaba el cuello de la camiseta. “Cogeré algo fuera. Además, acabo de lavarme los dientes.”
 
El tigre interior de Lena rugió. ¿Qué? ¿Lavarse los dientes? ¿Estaba planeando algo más que tomar café? ¿Por qué ibas a lavarte los dientes? Maldición, no puedes besarla. Es una primera cita. No besas en la primera cita... si tienes doce años.
 
“Vale.” Lena no tenía ni idea de cómo se mantenía tan tranquila por fuera. O ya que estaba, cómo estaba manteniendo algún tipo de conversación racional. Hurra por la Lena piloto automático. “No llegaré tarde.” Yulia aspiró con fuerza. “Deséame suerte.”
 
Se movió hacia la puerta y Lena sonrió, de plástico o estática, puedes elegir. “Buena suerte” Dijo. Vio la puerta cerrarse. “En fastidiarla.”
 
¿Ahora qué demonios se suponía que iba a hacer?
 
Sus hijos debieron de notar su humor, porque Alex estuvo irritable toda la tarde e incluso Katya estuvo moderadamente difícil. Fue más áspera de lo que quería y envió a la cama a Katya pronto. Luego se volvió a meter en la cama con ella y le dio un achuchón antes de que se durmiera, pero aún así.
 
Estaba cansada, exhausta de una noche sin dormir mucho y un día estando por completo al límite. Para cuando llegaron las diez Lena tenía tantas crisis emocionales en el sofá que ya no podía separa unas de otras, o sacarles algún sentido. Todo lo que sabía era que quería que Yulia llegara a casa. Ya.
 
La puerta se abrió. Durante una fracción de segundo Lena olvidó por qué había salido en primer lugar y la felicidad se extendió por ella como un relámpago. Luego descendió la realidad.
 
“Hola” Dijo alzándose desde el sofá.
 
”Hola” Dijo Yulia con una sonrisa ladeada.
 
“¿Cómo ha ido?” ¿Por qué preguntaba eso? ¿Le iba el masoquismo? Eso debía de ser.
 
“Bien.”
 
Vale, eso era neutral.
 
“Me alegro.” Vaya, Lena estaba aprendiendo a no mentir de pena.
 
“Sí. Pero estoy hecha polvo, un largo día. Me voy a la cama. ¿Hablamos mañana?”
 
“Claro.” Lena habló en un susurro bajo. Si Yulia había pensado que era un intercambio extraño, no lo mostró y se fue a su cuarto.
 
“Joder” Dijo Lena en voz baja. “Joder, joder, joder.” A la habitación vacía. ¿Ahora qué demonios iba a hacer?”
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Re: Lo mejor para mi // Por: Eidan&Sille (Original de Clom)

Mensaje por HaziTha el Miér Mayo 27, 2015 5:47 pm

Capítulo 48: Saliéndome de mis casillas si no estás cerca.
 
Lena estaba empezando a pensar que podría ser una buena carpintera. Se estaba familiarizando tanto con la madera, después de estar frente a las varias puertas de Yulia durante demasiado tiempo. Por supuesto, técnicamente esta era su propia puerta en su propia casa, pero aún así Yulia estaba tras ella.
 
No había querido estar fuera de la habitación de Yulia. Su forma entumecida había necesitado un esfuerzo, pero había intentado irse a la cama. Tumbarse de espaldas, mirar al techo y preguntarse qué demonios iba a hacer consigo. Había estado condenadamente cerca de correr detrás de Yulia y cogerla, hacer que ambas encarar lo que fuera que estuviera pasando entre ellas. Entonces su teléfono había vibrado en la mesa de café y lo había cogido por instinto. Un mensaje. La palabra ‘Vlad’ resplandeció ante ella desde la pantalla de atrás y todo su cuerpo se había acalambrado.
 
¿Podía hacer algo para mejorar esto? ¿Cuándo se había vuelto su vida tan jodidamente complicada? ¿Cómo podía siquiera pensar en empezar una relación cuando tenía tantas distracciones en su vida? ¡Esto era una locura!
 
Y aún así, Lena no podía pasar la puerta de Yulia. Estaba clavada en la parte de fuera, con la respiración inestable y la mano alzada a medias, lista para bajar el pomo y entrar. Su interior estaba atormentado. Su exterior estaba atormentado. Estaba en un torbellino, maldición. ¿Y ahora qué?
 
Fue como un rayo en su cerebro, un rápido calambre que la quemó y la dejó aturdida y dolorida. En piloto automático, por fin en control de su Lena más profunda, la que deseaba en secreto ir sin pensar, abrió la puerta del cuarto de Yulia y pasó. Cerrándola con un suave ‘clic’ tras ella, dejó que sus ojos se ajustaran a la sutil luz de luna que se filtraba por las cortinas.
 
“Lena” Oyó el suave susurro de Yulia desde la cama, aunque le llegó como si recorriera el camino a través de agua. “¿Va todo bien?”
 
Podía ver el contorno de Yulia alzándose sobre los codos. Tomando un aliento rápido Lena se movió hacia el borde de la cama y se arrodilló en él.
 
“¿Lena? ¿Qué pasa?” Ahora la voz de Yulia tenía un pico, uno que era urgente. Pero las vibraciones bajas de su voz bajaron por todo el cuerpo de Lena y cualquier pánico en ella se perdió en la simple melodía de su voz.
 
Lena gimió suavemente y se inclinó, plantando firmemente sus labios sobre los de Yulia y sintiendo su suavidad contra los suyos propios. El mundo se desenfocó, ahora todo estaba apuntado a la preciosa chica bajo ella. El beso fue gentil, pero implacable. Sus labios se movieron una y otra vez, apenas sin separarse, pero tocándose lo suficiente como para crear fuegos en todas partes. Lena subió las manos para enredarlas en los mechones negros y se separó un poco.
 
Yulia jadeaba respiraciones cortas y superficiales enfrente de ella. Sus ojos tenían un atisbo de pregunta, pero Lena podía ver que estaban oscuros de la excitación. Ardiente y ferviente excitación que era puramente por Lena. Fue suficiente para animar a la pelirroja, y cualquier pensamiento de quizá para se fue por la ventana. Se movió hasta estar subida a horcajadas sobre las rodillas de Yulia, y luego llevó esos deliciosos labios de diosa de nuevo a los suyos.
 
Esta vez el beso fue urgente y lleno de pasión. Fue calculado para inflamar y excitar, y lo hizo. Lena pasó ligeramente la lengua sobre primero un labio superior, y luego uno inferior, rogando la entrada. Gimiendo audiblemente cuando se la permitieron, se deslizó dentro, encontrando su gemela y enredándose con gentileza. Poniendo cada posible toque erótico que tuviera en el beso, Lena bajó una mano hacia la espalda baja de Yulia, subiendo a la morena para que estuvieran pecho a pecho. Las manos de Yulia se aferraron a la espalda de Lena, manteniéndose arriba y profundizando imperceptiblemente el beso.
 
Se besaron una y otra vez, y la habitación se calentó por grados. El cuerpo de Lena estaba en llamas, y si los gemidos y quejidos que venían de la boca de Yulia eran algo por lo que guiarse, también lo estaba el de la morena. Separando sus labios de esos de los que había estado disfrutando, Lena movió la lengua por el borde de la mandíbula de Yulia, disfrutando de la áspera toma de aire que causaron sus acciones. Movió la boca a la oreja de Yulia, gimiendo y susurrando con urgencia,
 
“Oh, Dios, quiero tocarte.”
 
Como si su cuerpo estuviera escuchando sus palabras, las manos de Lena se movieron al botón de arriba de la camisa de Yulia, desabotonando con furia y haciendo que un pequeño disco azul volara por la habitación.
 
“Lena...” El grito sin aliento fue cortado por la boca de Lena volviendo a chocar contra la de Yulia. Era primitivo, y era bueno. Necesitaba tocar y ser tocada. No quedaba nada en Lena, salvo la pura desesperación de amar a Yulia con cada centímetro de su cuerpo, y ser amada en retorno. Sentir ese amor serle devuelto y saber que estaba ahí.
 
Deslizando la camisa de Yulia por el hombre de la morena, Lena pasó las manos por los hombros preciosamente curvados y por los brazos ligeramente torneados. Volvió a subir las manos para copar el hermoso rostro de Yulia y para mirar profundamente a esos ojos tan azules.
 
“Oh, Dios” Susurró, y luego volvió a besarla.
 
La pequeña parte de Lena que temía desesperadamente que Yulia pusiera fin a los movimientos se quedó satisfecha cuando, con un gemido, Yulia le devolvió el beso, hambrienta y ardiente. Rodaron, y Lena perdió su posición de dominio. No le importó. Las manos de Yulia estaban en todas partes, tirando de su camiseta interior y shorts, su boca se movía por orejas, mejillas, labios, cuello y vuelta a empezar.
 
Nunca habían tenido sexo silencioso. No habían tenido más que sexo increíblemente vocal. Había algo en hablar durante el sexo con Yulia que era increíblemente erótico y casi automático. Esta vez fueron más incoherentes, como si ambas estuvieran tan atrapadas como para ser capaces de articular frases. A pesar de ello, cada vez que Yulia gemía el nombre de Lena, o dejaba escapar un ‘joder’, llegaba directo a lo profundo de Lena. Cuando la morena gimió un ‘Dios, Lena; por favor, por favor” casi la envió sobre la cima.
 
Eso la animó, hizo que rodaran para que Yulia estuviera limpiamente aprisionada bajo la forma algo más grande, con Lena arrodillada sobre ella. Bajo la boca, encontrando piel, lamiendo y mordiendo por el bronceado torso. Quería devorarla, marcarla, hacer a Yulia del todo de Lena. Maldición, ella era de Lena. Podía sentir la forma en que Yulia se arqueaba bajo ella, moviendo las caderas para encontrar a la de Lena, y en el fondo de su mente Lena se alegraba. Nadie más podía hacer que Yulia se sintiera así. Y nadie más hacía que Lena se sintiera así.
 
Pasando ligeramente la lengua un tenso pezón Lena dejó que su mano se moviera hacia el otro. Recreándose en los jadeos que obtuvo en respuesta, Lena se movió hacia abajo, lamiendo por el tenso e increíblemente sexy abdomen bajo ella y sintiendo que su propio centro empezaba a inundarse de humedad. Yulia sólo llevaba la ropa interior y, a pesar de la delgada cubierta de algodón, Lena podía decir que estaba excitada desde ahí.
 
No hubo provocación, ni tiempo para tomárselo con calma. Lena deseaba demasiado marcarse en la piel de Yulia. Oír los gritos y sentir la manera en que respondía su propio cuerpo. Se sentía viva haciendo esto. Se sentía enamorada.
 
Bajando la ropa interior de Yulia en un fluido movimiento volvió a subir la mano, gimiendo cuando sintió humedad rozar la punta de sus dedos.
 
“Joder, Lena” Unas caderas se sacudieron bajo sus dedos, que empezaron a explorar con cuidado.
 
“Dios, estás tan húmeda...” Gimió Lena. Separó pliegues sedosos, encontrado a Yulia más preparada de lo que podría haber imaginado. La morena se estremecía bajo ella, temblando por la necesidad y el ansia. Lena podía oírlo en su voz, en la manera con que se movía, y todo lo que quería hacer era entregarse.
 
Tensándose sobre Yulia en una mano extendida, Lena miró mientras empujaba lentamente dos dedos dentro de su amante. Observó, jadeando, cómo las caderas de Yulia se arqueaban contra el contacto y pudo sentir unas suaves paredes contrayéndose sobre sus dedos. Era la sensación más intensa de su vida. Empujando con algo de desesperación, luchó por tomar el control. Suspendida sobre Yulia, intentó mantener un ritmo; el incesante golpeteo que llevaría a la morena hacia arriba, que la volvería loca. Dejó que su boca amoratara la piel del abdomen de su amante, marcando y mordiendo.
 
Bajó por el cuerpo de Yulia, lista para saborear, para tocar. Podía oír los jadeos, los gemidos, y sintió que su propio cuerpo respondía con una inundación. Las venas de Lena bombeaban, y podía sentir su amor por Yulia yendo por ellas. Gimiendo, bajó la cabeza, dejando que su lengua se asomara para tomar ese primer sabor. Las caderas de Yulia se sacudieron en respuesta, arqueándose para encontrar a Lena y haciendo eco de sus movimientos con un grito ahogado. Lena sonrió una vez y luego empezó a dar placer.
 
 
Sabía que Yulia estaba cerca, podía sentirlo. Había una tensión en su cuerpo tirante, como si fuera un resorte enroscado y a punto de volar. Lena dobló sus esfuerzos, queriendo hacer que ocurriera, queriendo verlo ocurrir. Sintió que las suaves paredes empezaban a ceñirse en torno a sus dedos y que los movimientos de contorneo se hacían menos resueltos, más alocados.
 
“Oh, Dios; oh, Dios; oh, Dios; oh, Dios... ¡LENA!” Yulia se vino con un grito, haciendo que el pecho de Lena se contrajera y que su garganta le ardiera con dolor y ansia. Y aún así, en el fondo de su mente mientras se separaba jadeando, estaba el pensamiento: ‘Es mi nombre el que dice. El mío.’
 
Lena volvió a subir por el cuerpo de Yulia y cayó encima de ella, apretando todo su cuerpo contra la sudorosa forma bajo ella. Enterró la cabeza en el cuello de la morena, besando suavemente y escuchando la cadencia de la respiración de su amante mientras se clamaba lentamente. Cuando ambas estuvieron quietas, se atrevió a subir la cabeza y miró desde arriba a los asombrosos orbes azulados.
 
Para su sorpresa, Yulia las empujó hacia arriba hasta que estuvo sentada. Las rodillas de Lena cayeron a cada lado y estaba de nuevo a horcajadas sobre el regazo Yulia, sólo que esta vez ambas estaban completamente desnudas y cubiertas por una fina capa de sudor.
 
Tragando, subió la mano para quitar un mechón de la frente de Yulia. Mirando fijamente el precioso rostro que tanto amaba, encontró que su respiración se volvía a acelerar. Podía sentir su propia humedad, y se estremeció ligeramente.
 
Yulia no se movió, miró a Lena con intensidad. Lena sostuvo la mirada, a pesar de su creciente incomodidad. No podía leer el mensaje en los ojos de Yulia y eso empezaba a asustarla. Eso, y que estaba tan excitada que pensaba que iba a explotar. Y aún así, podría vivir con eso mientras Yulia no se separase. Ni ella podía romper la mirada, hechizada por la mujer que amaba. Tan hipnotizada que no sintió que el brazo de Yulia se movía, ni supo que lo había hecho hasta que sintió dos largos dedos deslizarse por su humedad y luego deslizarse dentro de ella.
 
Sus ojos se abrieron ante la súbita invasión, la increíble sensación; su cabeza cayó hacia atrás y gimió. Cerró los ojos y se movió, instintivamente, primero levantado las caderas y luego bajándolas lentamente hacia la cama. Estaba a horcajadas sobre Yulia, y mientras la morena empezaba a empujar, Lena empezó a montar. Sintió vagamente que el otra brazo de Yulia daba la vuelta para sujetarla, y luego se perdió, cuando un hábil pulgar subió para frotar contra su duro clítoris.
 
Se perdió por completo, dando todo lo que tenía Yulia con gritos incoherentes y movimientos cada vez más frenéticos. Aferrándose a los hombros de Yulia dejó marcas de media luna en ellos, pero no le importó. Ahora entregaba todo lo que era y todo lo que sería. Acercándose más y más a la cima repitió el nombre de Yulia, y finalmente, con un grito ronco, cayó sobre la cima, cayendo contra Yulia y estremeciéndose mientras ambas volvían a caer contra las desarreglada sábanas.
 
Enredadas juntas, Lena esperó lo inevitable. Las preguntas y la charla. El que finalmente aclararan qué necesitaban hacer. Pero no llegó nada. Sus respiraciones volvieron a estabilizarse y Lena dejó que sus dedos pasaran ociosamente por la piel de Yulia. Sonrió contra un hombro cuando los dedos de Yulia se enlazaron con los suyos. Hizo algunas cosquillas y luego tomó un corto y áspero aliento cuando sintió que la piel se ponía de gallina bajo sus dedos. ¿Otra vez?
 
Oh, Dios, ¿era posible? La deseaba otra vez, pero...
 
Yulia tomó la decisión por ella, dándose la vuelta y llevando a Lena a un beso abrasador que envió de inmediato el cuerpo de Lena a un torbellino.
 
Cada vez que Lena pensaba que había acabado volvía a empezar, ambas encontraban algo en la otra y se pegaban con necesidad y deseo. Movió su cuerpo y descubrió nuevas formas de volver loca a Yulia. Probó cosas nuevas y quedó exultante cuando funcionaron. Dejó que sus labios, su lengua, sus dedos, aprendieran nuevos caminos y dejaran su marca en su territorio. Su Yulia.
 
Y cuando finalmente cayeron, completamente exhaustas en las primeras horas de la mañana, Lena no se soltó. Se envolvió alrededor de su amante y se aferró por su vida mientras el sueño se las llevaba.
 
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Re: Lo mejor para mi // Por: Eidan&Sille (Original de Clom)

Mensaje por HaziTha el Miér Mayo 27, 2015 5:49 pm

Capítulo 49: Lo que quiera la esmeralda, la esmeralda lo tendrá.
 
Lena parpadeó dos veces a la luz del sol y luego se adaptó a lo que intentaban decirle sus oídos. Alex estaba llorando. Frunció el ceño. No estaba en su habitación, estaba en la de Yulia, en la cama de Yulia, desnuda.
 
El llanto de Alex subió más de tono, lo que era bastante inusual. Normalmente porque o Lena o Yulia se habían levantado para verle para cuando se ponía a chillar de verdad. Debía de tener hambre.
 
Girando la cabeza, Lena salió de la cama y caminó hacia su cuarto. Alex lloraba de hambre en su cama y Katya estaba de pie junto a su cuna con aspecto decididamente preocupado. Le acariciaba con urgencia una de sus pequeñas manos y mecía su cuna con cuidado. Dado que todo lo que el niño quería era su alimento de la mañana, Alex no estaba de humor para que eso lo calmara; pero maldición, era adorable de ver.
 
Revolviendo el pelo de Katya mientras se agachaba para coger a su hijo, Lena dirigió a su hija una sonrisa por sus cuidados y subió a Alex para intentar calmarle un poco. Poniéndose en la silla de una esquina, dejó que tomara su desayuno.
 
Katya había desaparecido para tomar cereales, y Mr. Ruffles parecía desolado cuando le arrastró por la pata trasera para ayudar con la adquisición de tan buen producto alimenticio. Lena echó hacia atrás la cabeza con debilidad y cerró los ojos.
 
Estaba cansada. No le sorprendía, porque casi no había dormido. Debía de haber estado exhausta, porque no recordaba que Yulia se hubiera levantado o hubiera dejado su cuerpo con un sentimiento de vacío; como se sentía ahora. Era como si la ausencia de la morena sólo remarcara cuánto tenía que aclarar Lena lo que estaba pasando, y pronto.
 
¿Se arrepentía de la noche anterior? Ni por un segundo. Nunca podría arrepentirse de estar con Yulia. ¿Se arrepentía de haberlo hecho sin hablar primero? No se arrepentía como tal. Habían sido palabras por sí solas. A veces pensaba que no tenía otra manera de entregarse a Yulia. Todo el resto de su vida parecía estar cortado en pequeños trocitos y secuestrado por otras personas.
 
Ella era Lena, el árbol lleno de bellotas. Y sólo había unas cuantas bellotas para Yulia la ardilla. Vale, esa era la peor analogía del mundo. ¿De dónde demonios había salido? Los ojos de Lena cayeron a la estantería y el cuento de la Sra. Ardilla y se dio cuenta de que estaba un poco demasiado cansada para que su cerebro funcionara bien.
 
Dejó que Alex acabara de comer y luego le sacó el aire. Sacándole al comedor buscó a Yulia. Nada. La puerta del baño estaba abierta y estaba claro que no estaba ahí. La cocina y el comedor estaban vacíos y la única persona en el salón era Katya, viendo dibujos animados con cereales y un elefante.
 
Alex se balanceó perezosamente en su mecedora del suelo. Lena no tenía ni idea de qué otra manera llamarlo, una extraña contracción que le permitía estar tumbado en su cesta mientras a la vez se mecía de adelante hacia atrás con cualquier brisa que pasara. Parecía muy contento ahí, casi dormido y haciendo burbujas. Por un segundo, Lena le envidió más que nada.
 
Buscó una distracción. La casa estaba limpia, la colada hecha, todo en orden. Limpió el bol de cereales de Katya al segundo de que la chica hubiera acabado, y lo hizo con más vigor del estrictamente necesario. Cada segundo que pasaba del reloj era otro gramo de pánico añadido a la marea que ahora amenazaba con inundar a Lena.
 
¿Dónde demonios estaba Yulia? Lena estaba preocupada por ella. Y también estaba preocupada por qué iba a decir cuando la viera. Era ridículo, estar sumida en pánico sobre que Yulia no volviera a casa pronto y estarlo porque lo hiciera. ¡Lena no podía ganar!
 
Casi se cayó cuando la puerta se abrió. No estaba cerrada, podría haber sido cualquiera, pero Lena sabía quién era.
 
Yulia apareció, cubierta de sudor y completamente sin aliento. Estaba roja y sudorosa, e incluso ahora hizo que el corazón de Lena diera un vuelco ante la simple vista de ella. Por no mencionar lo que hacía en zonas más bajas la vista de Yulia.
 
La morena lanzó una mirada a Lena, quien estaba de pie entre la cocina y el salón con aspecto preocupado. Y también se sentía así. Sabía que tenían que hablar, pero Yulia estaba apoyada en las rodillas y claramente acababa de correr varios kilómetros, así que probablemente este no era el mejor momento para iniciar una conversación profunda e íntima.
 
Yulia debió de estar de acuerdo en silencio, porque desapareció por el pasillo sin decir nada. Lena la observó irse. Momentos después el sonido de la ducha en marcha llevó a la pelirroja de nuevo a la vida y se dio cuenta de que estaba temblando. Porque ya estaba. Tenían que hablar, simplemente tenían que hacerlo. Después de la noche anterior no podían dejar las cosas como estaban. Oh, Dios; la noche anterior, sólo el pensamiento hacía que le enflaquecieran las rodillas.
 
Lo que habían dicho, lo que habían hecho. No era posible que Yulia pudiera desear a alguien más, ¿verdad? Lena sabía que había tenido una cita, pero vaya, no puedes ir en una cita y luego pasar una noche como esa sin darte cuenta de que todo había sido un error. Sólo necesitaban algo de tiempo y espacio para aclarar esto, ¿no? ¿No? Tiempo y espacio, ésa era la clave. Lena aspiró profanadamente. Seguía de pie en el salón, mirando el pasillo, cuando Yulia salió del baño. Llevaba una toalla y tenía el pelo deliciosamente mojado y sexy. La boca de Lena se secó.
 
Pero Yulia no parecía sentir lo mismo. Envió una mirada acusadora a Lena que habló muy alto, y luego desapareció en su habitación. El único problema es que las palabras parecían estar en un lenguaje que Lena no entendía. Así que ahí estaba, clavada en la moqueta de su salón, con la boca seca y completamente confusa sobre qué estaba ocurriendo. Una pequeña alarma en su cerebro se encendió rápidamente. Algo no iba bien. Yulia no estaba bien. Yulia estaba... enfadada. ¿Enfadada? ¿Furiosa? ¡****!
 
Lena hizo que se movieran sus débiles piernas e hizo un alto enfrente de la puerta de Yulia. Con el aliento saliendo de ella en furiosos jadeos llamó una vez, y luego la abrió de todos modos.
 
Yulia se estaba poniendo los calcetines, se había vestido rápido. Se estaba preparando para salir por la puerta sin decir una palabra, Lena lo sabía.
 
“Yul...”
 
“Ahora no, Lena.” La respuesta fue concisa. Al grano. Tan al grano que entró como un cuchillo y dolió.
 
“Yul, vamos, tenemos que hablar.” El corazón de Lena tamborileaba en su pecho.
 
“Creo que hablaste todo lo que necesitabas anoche.”
 
El entrecejo de Lena se arrugó con confusión. No habían hablado anoche, ¿no era eso la mitad de la cuestión? “Por favor.”
 
Era todo lo que pudo pensar en decir. Miró a Yulia, que ahora devolvía la mirada. El agudo dolor en esos ojos azules la impactó hasta la médula. ¿Qué había hecho?
 
Y entonces Yulia explotó ante ella. “¿Qué quieres de mí? ¿Quieres joderme el corazón? ¿La cabeza? Bien, Lena, ya lo has hecho. ¿Estás ya satisfecha?”
 
“¡No, Yul, no!” ¿Cómo se le había ido esto de las manos tan pronto? ¿Qué había sido del tiempo y el espacio?
 
“Bueno, pues lo has hecho. ¿Crees que no sé a qué vino lo de anoche? Te dije...” Yulia estaba llorando. Rompía el corazón, y Lena dio un paso hacia delante, alzando la mano. Sólo que esta vez Yulia no quería su simpatía ni confort. La morena se giró y la fulminó con la mirada. “Te dije que no iba a esperar. No podía esperar. Necesitaba estar viva, Lena, y... y las cosas acababan de empezar a ir bien. Tuve una cita... una cita... ”
 
Se sentó en la cama, pareciendo repentinamente derrotada. Lena la miró fijamente. Ella había causado esto, había hecho esto, y su cerebro bullía. No tenía ni idea de cómo arreglarlo, cómo solucionar esto. “Lo sé... ”
 
“Me gustaba un poco. Es decir, no como tú, no como si fuera lo mejor del mundo, pero era bueno y... podía ser feliz. Pero tú tenías que llegar y mandarlo a la ****. ¡Recordarme que nunca puedo tener lo que quiero, lo que me hará feliz!”
 
“¡Yul, no!”
 
“Sí, me cago en la leche, sí. ¿Qué, vas a confesar de pronto que todo esto ha sido una mentira? ¿Qué han cambiado las tornas y que ahora podemos estar juntas, y que todos tus problemas han desaparecido? No seas idiota, Lena. No puedes estar conmigo. No quieres estar conmigo. Si quisieras, podrías y lo hubieras hecho hace mucho tiempo. No esperé que lo hicieras. No esperé para nada. Sólo estaba ahí porque te quiero, y podemos estar ahí para la otra. Pero sabía cómo iban las cosas. Sólo hasta anoche pensé que me respetabas de verdad.”
 
“Lo hago.” Susurró Lena con los ojos nublándose por las lágrimas.
 
“Claro. Por eso cuando por fin tengo una oportunidad para hacer que mi vida funcione tú vas y confundes todo. Vamos, dime que ahora todo es distinto. Dime que no vas a intentar tomarte tu tiempo. “Descubrir dónde estamos”.” Yulia puntuó su frase haciendo comillas en el aire.
 
El gesto se perdió en Lena, que ahora apenas podía ver. Tenía el aliento atascado en el pecho. Así no era como se suponía que debían ir las cosas. Su boca se abrió, y luego se cerró. Intentó decir algo, pero no podía. ¿Por qué no podía? ¿Por qué no lo hacía? Esto era una locura...
 
“Sí. Eso mismo pensaba yo.” Dijo Yulia con amargura.
 
Lena seguía pegada al suelo de la habitación cuando la puerta principal se cerró de golpe con un sonido que sonaba amargamente a final.
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Re: Lo mejor para mi // Por: Eidan&Sille (Original de Clom)

Mensaje por HaziTha el Miér Mayo 27, 2015 5:50 pm

Capítulo 50: ¿Que es el amor sino un imprevisto, qué es un cerrojo sino un tornillo pretencioso?
 
Oh, Dios, ¿qué había hecho? Lena se hundió en el suelo del pasillo y se puso las manos en la cara. Fue la primera vez que sintió las lágrimas que ahora caían con una frecuencia alarmante. Había quedado tan entumecida por lo que Yulia había dicho, tan cegada y aturdida, que literalmente no sabía que estaba llorando. Y ahora no podía tenerse en pie.
 
Temblando, se abrazó las rodillas contra el pecho y sollozó. Olvidó todo, sus hijos en el salón, su vida esperando fuera, y dejó que la tristeza tomara el control. No fue hasta que oyó a Alex llorar, listo para otra comida, que dejó que su cabeza se alzara. Los rastros de lágrimas que habían cruzado su rostro dejaron una marca roja y seca. El temblor en sus manos y piernas era fuerte; lo bastante fuerte como para hacer que necesitara apoyarse en la pared cuando se levantó.
 
Entumecida y helada, caminó hacia el comedor y dio de comer a Alex. Katya capturó su mirada. La mirada de sorpresa en su pequeño rostro fue instantánea, y apareció con tanta rapidez que pilló a ambas por sorpresa. Lena intentó una temblorosa sonrisa, pero no lo consiguió. Ni siquiera podía mejorar por su hija, que era demasiado pequeña para entenderlo. La pequeña se acercó.
 
Se inclinó contra Lena y observó a Alex mientras comía, con una mano delicadamente apoyada en la rodilla de su madre, y la otra haciendo pequeños círculos en su espalda. Lena se mordió el labio y retuvo nuevas lágrimas. Lágrimas por el hecho de que su hija ahora la estaba consolando, lo que le pareció horrible. Se guardó todo y recobró la compostura.
 
Le duró lo suficiente para que Alex se acostara para dormir y para que Katya estuviera establecida en la mesa del comedor coloreando. Parecía bastante contenta, pero Lena sabía que seguía preocupada. Se movió en silencio hacia su propio dormitorio y se sentó en la cama, dejando la puerta un poco abierta tras ella. Haciéndose un ovillo en la cama y abrazando a Mr. Ruffles, que de alguna forma había llegado a parar en sus brazos, giró la cara hacia la almohada y lloró.
 
Fue una conciencia lenta, el hecho de que el dolor emocional pudiera cambiar con tanta facilidad en dolor físico. Lena nunca se había sentido así: tan vacía, tan destrozada, tan incapaz de hacer nada más que derrumbarse. Le dolía muchísimo, con tanta fuerza, que pensó que iba a ahogarse por la presión en su pecho. No quedaba nada para salvarla.
 
Hasta que sonó el timbre de la puerta. No se preocupó de levantarse a atenderla. Alex seguía durmiendo la siesta y ella no quería ver a nadie, no podía encarar el prospecto de abrir la puerta. Oyó que se abría y no se movió. Sólo tres personas tenían llave: Yulia, Vladimir y sus padres. Ahora mismo sólo podía rezar para que fueran uno de los primeros. Preferiblemente la primera. Oh, Dios... El corazón de Lena se aceleró hasta que estuvo golpeteando en su pecho como un tren en movimiento.
 
Oyó una voz profunda en el salón. Era Vladimir. El corazón de Lena se frenó un poco, pero la flaqueza que invadió su cuerpo al saber que no era su Yulia ayudó a que las lágrimas volvieran a fluir. Sólo había pura derrota en Lena, no le quedaba energía para nada. En realidad ni siquiera lloraba, las lágrimas sólo salían por su propio pie; su tristeza se tragaba la energía para sollozar desde su alma.
 
Hubo un ruido, Vladimir se movía por el pasillo. Lena no levantó la cabeza, pero estaba tumbada de lado y de cara a la puerta, así que supo cuándo entró. Oyó su suspiro casi susurrado;
 
“Oh, Lena.”
 
Y las lágrimas cayeron con algo más de fuerza. El lado de la cama se hundió y los fuertes brazos de Vladimir la incorporaron, llevando a Lena a un fuerte pero suave abrazo. Ella se colgó de la camisa azul y empezó a empaparla.
 
“Se ha ido.” Sollozó Lena, era todo lo que podía sacar mientras el dolor se volvía a extender por su cuerpo. “Se ha ido.”
 
Vlad la meció de adelante hacia atrás hasta que el nuevo torrente de lágrimas hubo acabado. Separándose, Lena sorbió por la nariz y le sonrió con debilidad.
 
“Volverá, Lena.” La consoló él. “Estoy seguro de que sólo ha sido una pelea tonta, y no pasará nada.” Dado que ella no le había contado nada sobre qué pasaba, era bastante mono de su parte que intentara tanto hacer que se sintiera mejor.
 
Lena sacudió la cabeza. “No, no va a volver.” El frío volvió a invadirla. “Vlad, son tan estúpida...”
 
Él le levantó la barbilla con un nudillo y la miró. “Todos la cagamos, Lena, no significa que no podamos arreglarlo. Vosotras os amáis, lo solucionaréis.”
 
Lena le miró en puro shock. ¿Acababa de decir lo que creía que había dicho? ¿Acababa de... ? ¿¿Lo sabía??
 
“¿Lo sabes?” Soltó.
 
“¿Eh?” El hombre parecía confuso.
 
“¿Lo mío con Yulia?”
 
“Bueno, sí, por supuesto.”
 
“Pero..” Lena sacudió la cabeza, intentando hacer que se levantar algo de niebla de la sorpresa. “¿Cómo? Nunca se lo dijimos a nadie. Nunca...”
 
Vlad rió. “Lena, sé qué aspecto tienes cuando estás enamorada.”
 
Lena se sonrojó. “Vlad, yo...”
 
“Está bien. De verdad, estoy realmente contento por ti, has encontrado a alguien que quieres de verdad y eso es increíble.” Volvió a llevarla a un fiero abrazo. “Todo lo que quiero es que seas feliz.”
 
Y con eso ella volvió a romper a llorar. “La he perdido, Vlad; he sido estúpida y la he perdido.”
 
Él la tranquilizó, frotándole la espalda y murmurando con suavidad hasta que la siguiente oleada de lágrimas hubo terminado. Lena imaginó que ahora mismo debería de estar deshidratada.
 
“Puedes arreglarlo, Lena, sé que puedes.” Vladimir sonrió y secó una lágrima de la mejilla de su ex-mujer. “Sólo tienes que calmarte y luego solucionarlo. Si merece la pena lo arreglarás.”
 
”¿Y si no puedo?” Lloró Lena.
 
“Bueno, entonces al menos yo puedo ayudarte. He estado ahí.” Sonrió. Lena le puso una mano en el brazo y apretó, con aspecto dolorido. “Oye, no pasa nada. Créeme cuando te digo que mejora. Además, sé de una buena autoridad que dice que es muy fácil quererte, así que creo que lo solucionarás antes de llegar a eso.”
 
“Oh, ¿Y de quién es esa autoridad?” Preguntó Lena con la primera sonrisa del día.
 
“La mía, por supuesto.”
 
No pudo evitar reír ante eso. Apoyando la cabeza en el hombro de Vladimir, Lena suspiró. De alguna manera el hombre había pasado de marido, a fracasado, a mejor amigo sin que realmente le prestara atención a la transición. Podría no haber hecho un trabajo demasiado bueno en los dos primeros, pero lo estaba haciendo bastante bien en el tercero.
 
“Vamos, vamos a tomar un café y batidos.” Dijo Vladimir.
 
“Oh, no podemos, debo de estar horrible.”
 
“Bueno, lávate la cara y cámbiate y no lo estarás.” Volvió a sonreír. “Tienes diez minutos, y no aceptaré un no por respuesta.” Lena abrió la boca para hablar, pero volvió a cerrarla cuando él dijo. “¡No aceptaré un no!” Y luego le vio desaparecer por la puerta.
 
El café fue sorprendentemente soportable, dado que Lena se sentía como si la estuvieran corroyendo desde dentro. Vladimir estuvo callado pero entretenido, comprensivo pero reconfortante. Estuvo bien. No llenó el vacío que resonaba en su interior, pero fue agradable.
 
Hasta que llegaron a casa. Lena metió las llaves y supo, sólo supo, que Yulia había estado ahí. Fue una esencia, un presentimiento. Yulia había estado en la casa. Sintió ese súbito calor que permeaba su piel. Dejando a Vladimir con los niños, estuvo en la habitación de Yulia en un suspiro, abriendo la puerta y rogando que siguiera allí... sólo rezando. Pero en lugar de eso, resultó ser la peor de las dos opciones. Había estado, pero se había ido. Y todas sus pertenencias también habían desaparecido.
 
Vladimir, como resultó, hizo una taza de té pasable, pero eso no ayudó. Nada podía ayudar. Yulia se había ido y ahora Lena no podía hacer nada. Había recogido y se había marchado, sin decir una palabra. ¿Qué palabras podrían resolver esto? Era demasiado tarde y se había acabado. Lena se sentó en el sofá, otra vez entumecida.
 
“Tengo que salir de aquí.” Susurró. Esta casa estaba llena de Yulia. Llena de recuerdos de ella. Imágenes de la morena hecha un ovillo en el sofá, o riendo en la cocina, jugando en el suelo con Katya, no dejaban de aparecer. Imágenes de ella en la cama, arqueándose sobre las sábanas al movimiento de las caderas y el cuerpo de Lena. Dios, tenía que salir de ahí ahora.
 
“Lena, no estoy seguro de que debas ir a ninguna parte...” Empezó Vladimir con cautela. “No creo que debas conducir así.”
 
“¿Puedes llevarme a casa de mis padres?” Preguntó ella. No podía seguir ahí, necesitaba esconderse. “No puedo estar aquí.”
 
Vlad suspiró. La conocía bastante bien como para saber que se iba a ir de todas formas. Asintió, y ella tragó. No podía irse con la suficiente rapidez.
 
El viaje a casa de sus padres fue silencioso. Katya era lo suficientemente inteligente para haber notado que algo iba muy mal y sólo miraba a su madre con cuidado desde el asiento trasero. Alex, completamente inconsciente de todo, hacía suaves frambuesas en su sueño. Vladimir conducía con lenta determinación, inseguro de su habilidad de decir algo que pudiera cambiar las cosas. ¿Y Lena? Lena estaba hecha una bola de tristeza que sentía que nunca iba a abandonar, nunca iba a dejar atrás. Había perdido a Yulia, y ahora ella también estaba perdida.
 
La única ruptura del silencio sepulcral fue el pequeño movimiento de Katya echándose hacia delante y poniendo con cuidado a Mr. Ruffles en los brazos de su madre en un acto de consuelo solidario. Lena la sonrió con ojos acuosos y apretó al elefante contra el pecho. Le dio un beso agradecido en la trompa y luego lo devolvió. Mr. Ruffles ahora no era de ayuda, nada lo era.
 
Aparcaron en le arcén y Lena se movió de manera robótica, sacando a Alex del coche y poniéndole en su cesta con gentileza. Apenas notó que Vlad sacaba a Katya y les llevaba a la puerta principal. No registraba nada en su periferia, nada traspasaba la niebla. Nunca se había sentido así. Nunca. Bienvenida a la ruptura del corazón.
 
Lena agradeció que fuera Sergey el que abriese la puerta. Tendría que explicarse ante su madre tarde o temprano, pero incluso apreciaba una tregua de dos minutos. El rostro de su padre cambió desde la mirada de curiosidad, a la sorpresa, hasta la preocupación en un movimiento fluido. Les hizo entrar a la casa y tuvo un intercambio rápido con Vlad. Lena no se quedó a escuchar. Metió a Katya en la casa y dejó a Alex en el salón. Pudo oír a su madre moviéndose en el piso de arriba.
 
La mano de Vladimir en su hombro hizo que su cabeza se elevara.
 
“Me voy a ir. Te llamaré, ¿vale?”
 
Asintió sin decir nada. Él la llevó a un abrazo y la besó en la sien. “Todo irá bien, Lena, ya lo verás. Lo arreglarás, ¿vale? Hace falta más que esto para hacer que algo acabe. Siempre estaré aquí si me necesitas.” Presionando otro beso contra su frente la soltó y luego desapareció.
 
Inessa apareció en el borde de la visión de Lena.
 
“Lena; oh, Dios, mío, ¿qué pasa?” La voz áspera de su madre la encontró, llena de preocupación.
 
No podía hablar de ello, no podía explicárselo a su madre. Ahora no, no en su estado actual. Sintió que las manos de su padre encontraban su hombro y supo que debió de decirle algo o hacer un gesto, porque su madre hizo un ruido de protesta y luego alzó las manos. “Haré algo de té helado.” Y luego Inessa también desapareció.
 
“Papá.” Susurró.
 
“Vamos, Lena; vamos fuera.” Y la llevó fuera, a sentarse en el banco del porche. Se sentó con ella, con un brazo alrededor de su hombro y esperó, balanceando las piernas en el polvo y dejando que el ambiente se estabilizara.
 
“Soy una idiota.” Dijo ella por fin, enterrando la cara en las manos. “Soy una **** estúpida.”
 
“Oye, oye.” Sergey pasó una mano por su espalda. “Eres una de las personas más listas que conozco.”
 
“¿Entonces cómo he hecho que mi vida se haga tan complicada?”
 
“No creo que tú hagas que la vida sea así, Lena, creo que la vida es siempre así.” Rió ante su propia sabiduría.
 
“No me ayudas, papá.” Dijo ella con rencor.
 
“¿Quieres contarme que ha pasado?” Esperó, sabiendo que estaba presionando.
 
“Yo... Sólo he fastidiado las cosas de verdad. Tomé el tiempo mal y... ¿por qué no puedo hacer que algo vaya bien por una vez?” Suspiró. “Dejé las cosas demasiado tiempo y perdí...” Se cortó, sin estar segura de cómo continuar.
 
“Nada está perdido hasta que nosotros lo dejamos ir.” Respondió Sergey después de un minuto.
 
“Es demasiado tarde. O demasiado pronto. O... no lo sé.”
 
Permanecieron sentados en silencio durante un buen rato. Apareció té helado, y por una vez la madre de Lena pareció entender que su presencia podría no ser de ayuda, porque simplemente sonrió, besó a Lena en la cima de la cabeza y se fue a cuidar a sus nietos.
 
“¿Puedo hacerte una pregunta?” Se atrevió Sergey después de un rato.
 
Lena asintió.
 
“¿Por qué dejaste a Vladimir?”
 
La pregunta la sorprendió un poco. No había sido del todo lo que esperaba. Se tomó algo de tiempo para considerar la respuesta. “No era feliz.” Admitió finalmente. “No era lo correcto para mí.”
 
“Eso pensaba” Asintió su padre. “Quiero que seas feliz.”
 
“Y yo quiero serlo.” Susurró. Parecía que nunca iba a volver a sentirse cálida, menos aún feliz.
 
“¿Entonces por qué no has ido tras ello?” Preguntó él “¿Por qué no estás ahí fuera luchando por ella, si ella es lo que te hace feliz?”
 
Lenase tomó un tiempo para levantar la cabeza en un lento arco. “¿Sabe ya todo el mundo lo que está pasando en mi vida?” Exclamó con un grito. “¡Jesús!”
 
Sergey sonrió.
 
“¿Lo sabe mamá?”
 
“No lo creo. La verdad es que no va por esos derroteros.”
 
Lena suspiró, un largo sonido de alivio. “Gracias a Dios.” Luego paró. “Espera, ¿cómo lo sabes tú?”
 
“Sólo una suposición.” Volvió a sonreír. “Y tú acabas de confirmarla.”
 
Lena gimió y dejó que su cabeza volviera a caer en sus manos. “De todas formas no importa. No estamos juntas. Nunca lo estaremos.”
 
“¿La quieres?”
 
“Con todo mi corazón.” Contestó Lena en un susurro.
 
“¡Entonces ve a luchar! ¿Qué estás haciendo aquí?”
 
“¡Papá, no es tan fácil!” Sacudió la cabeza, y volvieron a formarse lágrimas.
 
“¿Por qué no?”
 
Sí. ¿Por qué no?
 
Fue como un rayo en la noche. Vladimir lo sabía, su padre lo sabía. Y de todas formas ¿a quién le importaba? ¿Qué mas daba en realidad? Quería a Yulia, amaba a Yulia y quería gritarlo al mundo. De pie en la cima de un acantilado y gritándolo al mundo.
 
“Quizá sólo tienes que decírselo a ella.” Dijo él. “Y asegurarte de que se lo cree.”
 
Lena se puso en pie, su cuerpo antes débil saltó a la acción por sí mismo. “Papá...”
 
“Cuidaremos a los niños y puedes coger mi coche.” Sonrió el hombre. Llevándola a sus brazos la abrazó con fuerza. “Ve a por tu mujer.”
 
Devolviéndole el abrazo sonrió. Qué maldita buena idea.
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